• Diario Digital | Sábado, 03 de Diciembre de 2016
  • Actualizado 09:34

Política - COLUMNA DE OPINIÓN

En El Salvador ya no es rentable matar ni robar

En El Salvador ya no es un buen negocio corromper y corromperse. Lo que está tocando a su fin no es la voluntad de delinquir sino la impunidad, tanto para el criminal de baja estofa como para el de cuello blanco.

En El Salvador ya no es rentable matar ni robar

Tal parece que en nuestro país se han desatado de manera simultánea las siete plagas. Padecemos a gran escala desde la rabia homicida, pasando por la más completa incompetencia política y la indigencia ética, hasta llegar a una corrupción desenfrenada que ha plagado al sector público y que tiene evidentes terminales elusivas y evasivas en el sector privado. 

Es verdad que en todas partes puede romperse un plato o dos o cinco, pero es que aquí nos hemos cargado la vajilla entera y hemos seguido el estropicio con la cocina, los muebles, las ventanas y el tejado. Esto es lo menos que puede decirse al mirar de frente el momento actual de nuestra realidad nacional. 
  
No es una casualidad que ahora se nos informe que el presidente Salvador Sánchez Cerén está bajo investigación por presunto enriquecimiento ilícito, y que lo mismo ocurre con el vicepresidente Óscar Ortiz. Pero las investigaciones y procesos civiles y penales por ese y otros delitos anexos también se han abierto contra los expresidentes Alfredo Cristiani, Armando Calderón Sol, Francisco Flores, Antonio Saca y Mauricio Funes, así como a una cada vez más larga lista de diputados y altos funcionarios y exfuncionarios públicos.

Además de que la Fiscalía General de la República ya ha adelantado que tan pronto como en el próximo mes de enero comenzará el esperado ajuste de cuentas legales contra los hasta ahora intocables grandes elusores y evasores del sector privado. Esto es lo mismo que ya ocurrió en Guatemala y que ha comenzado a ocurrir en Honduras. Tampoco eso es casual. Ya hemos dicho que la estabilización política, económica y social de estos tres países se ha convertido en una prioridad para Estados Unidos.

Ya hemos dicho que en estos tres países centroamericanos hemos tocado fondo, y que la situación es semejante a la de quien tiene cáncer en fase de metástasis: no hay más alternativa que la quimioterapia. La quimio nos provocará todo tipo de malestares pero no nos matará. Por el contrario, es la única manera de detener la metástasis y eventualmente erradicar el cáncer. Con todo, en medio del vértigo de noticias tan lamentables aún tenemos derecho a una esperanza que no está necesariamente basada en el optimismo ingenuo.

Me refiero a un hecho totalmente verificable: en El Salvador ya ha dejado de ser rentable matar y robar, ya no es un buen negocio corromper y corromperse. Lo que está tocando a su fin no es la voluntad de delinquir sino la impunidad, tanto para el criminal de baja estofa como para el de cuello blanco: en el cementerio o en la bartolina para todos hay hueco. Y esto ya se está viendo y se verá aún con mucha más claridad en las próximas semanas y meses.

Esta ventana de oportunidad se abrió por fin cuando, así fuera por presiones externas, se comenzó a tocar a los otrora intocables. Este es el factor diferencial en relación a toda nuestra historia anterior. Y este proceso es imparable, no solo porque media la decisión de los señores del norte, sino además porque, en virtud de las nuevas tecnologías de la comunicación y la información, el temible ojo del Gran Hermano ya no solo vigila desde la cima del poder sino también desde la llanura del ciudadano común y corriente. 

 

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