• Diario Digital | Miércoles, 22 de Noviembre de 2017
  • Actualizado 10:43

Sucesos - SU HERMANA VIVÍA DE LAS REMESAS QUE LE ENVIABA

Hermana de atropellada por carro de Capres: “Ese desgraciado que hizo esto las va a pagar”

Tenía pensando venir en julio para celebrar el cumpleaños de su hermana; en cambio, debió usar ese boleto para venir de emergencia al país a su funeral.

Poco a poco llegaron algunos familiares a la funeraria, la noche de este 18 de mayo una misa bendijo el cuerpo de Leonor.
Poco a poco llegaron algunos familiares a la funeraria, la noche de este 18 de mayo una misa bendijo el cuerpo de Leonor.
Hermana de atropellada por carro de Capres: “Ese desgraciado que hizo esto las va a pagar”

Silvia Barrera estaba a punto de almorzar cuando una llamada la interrumpió. Era su prima. Era una llamada de larga distancia, desde El Salvador. Le dijo que tenía una noticia, una terrible noticia. Silvia tuvo un mal presentimiento y de inmediato preguntó si tenía que ver con su hermana.

“Sí”, le contestaron al otro lado de la línea. Silvia sintió una punzada en el estómago y se preparó para lo peor.

Ella ha vivido en Estados Unidos desde hace 27 años y nunca perdió comunicación con su familia y mucho menos con su hermana. Ese mismo día, una hora y media antes de esa llamada, había visto en su celular la noticia que un carro propiedad de Casa Presidencial había atropellado a una mujer en el carril del Sitramss.

“¡Ve!, otro que atropellaron”, pensó. Nunca imaginó que hora media después le confirmarían que era su hermana. “Salió en las noticias y salió la foto y salió su nombre”, le dijeron. Era ella.

Silvia salió de inmediato de su trabajo y cambió los boletos de avión que había comprado días atrás para viajar a El Salvador en julio por el cumpleaños de su hermana. Le había prometido que la llevaría a Antigua Guatemala, pero ahora tendría que viajar para enterrarla.

Horas después, en el avión, le dieron un periódico y justamente ahí pudo ver la noticia, los detalles, las fotos.

Era su hermana. A la que veía año con año desde que se fue, la misma que se encargó de criarla, porque su madre trabajaba todo el día para alimentar a los cuatro hijos; la misma a la que mes a mes le mandaba su remesa para que pagara su casa y su manutención.

"Era lo único que tenía"

Su hermana se llamaba Leonor Ramírez González y era 13 años mayor que ella. Ambas se fueron a Estados Unidos mientras la guerra civil golpeaba duramente al país.

Sin embargo, Leonor volvió unos años atrás cuando su madre enferma, agravó. Desde que se vino, Silvia siempre estuvo pendiente de ambas y les mandaba las remesas.

Cuando Leonor se quedó sola, siempre siguió ayudándole económicamente y pendiente de ella. Se hablaban todos los días y eran confidentes. Ninguna de las dos pudo procrear hijos, por lo que solo se tenían una a la otra. “Era lo único que tenía”, dijo entre su sufrimiento.

"El desgraciado que hizo esto lo va a pagar"

El reloj marca las 10 de la mañana del jueves y, en la funeraria se celebra una misa. En la capilla de enfrente solo hay una persona y un ataúd.

Silvia está arrecostada sobre el féretro abierto de su hermana. Llora inconsolable. Un hombre la acompañaba. Está ahí, con todo su dolor acumulado, aferrada a algo que ya se fue.

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En esa sala vacía, Silvia habla con El Salvador Times de su pérdida, su dolor y de cómo este país –y su Gobierno, dice ella- la tienen con la decepción y la frustración más profunda.

“A mí, ya no me importa nada, esto era lo único que a mí me hacia la conexión con El Salvador. Yo venía todos los años a ver a esta mujer y me la han quitado, eso no es justo. Ese desgraciado que hizo esto me las va a pagar”, dijo entre sollozos.

Y es que no solo se siente decepcionada de que el Gobierno ni siquiera se le haya acercado a ofrecerle sus condolencias o a ofrecerle pagar por el velorio, sino que le hayan arrebatado a lo que más amaba. Un país que durante la guerra la expulsó ahora además le quita a su hermana.

“Yo crecí y nací en la guerra civil, para que ahora el Gobierno me venga a hacer esto y hablo en general. Es un dolor de país. Es una decepción horrible de mi país la que me llevo”, lamentó.

Ahora, no solo le duele perder a su hermana, sino el dolor de un país que no le ha dado nada. “Yo, ya no regreso a este pinche país, me duele porque aquí quedan mis raíces”, agregó.

En medio de su dolor, se siente afortunada, porque gracias a que es ciudadana estadounidense y a que tiene un empleo que le ha permitido crecer económicamente, no ha venido sin un cinco a enterrar a su hermana.

“Me ha costado más de $3,800 y yo me pregunto: si yo fuera una empleada aquí, como cualquier otro, cómo hubiera pagado esto”, cuestionó.

Recuerda que son los hermanos lejanos los que con sus remesas sacan a flote la economía de este país. “Cuántas familias están recibiendo de nosotros, que se fueron de aquí por la misma puta situación y ahorita me la matan y están comiendo de mí, de todo lo que yo mando, porque ella nunca ha agarrado nada de aquí, de este pinche Gobierno, nunca”, reprochó.

Asegura que esta situación es generalizada, lo que le ha sucedido a su criterio es la reconfirmación de la calamidad  de este país. “Cómo que creen que uno es un animal; cómo pueden tratar así al pueblo del que están comiendo”, dijo indignada.

Pero eso no la dejará de brazos cruzados. Va a pelear y a luchar porque en el caso de su hermana se haga justicia y se siente un precedente en el país.

“A mí, no me importa la política. Me vale madre si es ARENA o el FMLN, por lo que hicieron yo pataleo igual”, sentenció.

Silvia estará dos semanas tratando de resolver los últimos trámites en el país; además de dejar encaminado el caso en contra del motorista que la atropelló.

Después subirá al avión y se irá. Tomará lo único que le queda de uno de sus amores más queridos: las cenizas de su hermana.

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