• Diario Digital | Lunes, 20 de Febrero de 2017
  • Actualizado 12:06

Sucesos - EN PRIMERA PERSONA

Policía: “Se siente bien matar a un pandillero, yo duermo bien cuando lo hago porque sé que he matado a uno de los malos”

Un policía, curtido en enfrentamientos armados, narra su experiencia en el terreno donde en más de una vez le ha tocado matar. Por las noches, de regreso a casa –dice- da gracias a Dios por haber matado ya que si no fuera así, él sería la víctima y sus hijos los huérfanos.

Imagen de referencia, AFP
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Policía: “Se siente bien matar a un pandillero, yo duermo bien cuando lo hago porque sé que he matado a uno de los malos”

Cuando estoy bajo las balas, para serte honesto, no pienso en Dios, ni en mi madrecita, ni en mi mujer, ni en mis dos hijos, solo pienso en matar porque en ese momento sé que si me descuido, el muerto puedo ser yo. Es puro instinto de supervivencia. ¡No’mbre!, se siente bien matar a un pandillero y te digo, no se puede pensar en nada en un tiroteo, solo en matar. Hasta después, pero hasta muchas horas después, uno cae en la cuenta que ha enfrentado a la muerte y ahí sí uno da gracias a Dios por seguir con vida, porque además yo soy de los buenos, y el que se murió estaba del lado de los malos.

Siempre es así, los delincuentes no lo reciben a uno con flores, lo reciben con balas, aunque son bien culeros porque no se quedan al enfrentamiento. Ellos lo que hacen es que disparan y huyen, es raro cuando le hacen huevos. Aunque casi siempre se mueren porque no les queda de otra, es que si disparan se tienen que morir.

La primera vez que me mandaron a un operativo fue cuando nos encomendaron capturar a un pandillero de los más buscados, líder de la MS. El chavo tenía un historial de un montón de muertos pero ya lo habíamos localizado, teníamos a un informante en la zona que nos había dicho dónde vivía, en qué lugar de la casa dormía, cuántas puertas había y por dónde se podía fugar. Así que le caímos de día cuando nos aseguramos que estaba ahí. Nosotros llevábamos ventaja, éramos seis y lo teníamos rodeado. Nuestra misión era arrestarlo, pero al hacer contacto visual el objetivo empezó a disparar y a correr. Respondimos al fuego y en menos de 10 segundos ya estaba muerto. Fue rápido y así debe ser siempre. Ese fue el primero al que le di.

Después me mandaron a otros operativos. Mirá, los operativos son cuando ha habido seguimiento y planificación. Interviene un montón de investigadores y logística, fiscalía, etcétera. Pero también hay unos enfrentamientos que no son planificados, que es cuando alguien nos llama y nos dice que en tal parte hay unos sospechosos armados y que están planificando hechos delictivos. Ahí es de actuar al momento y puede ser de día o de noche, en la zona urbana o en la rural. Uno solo se sube a la patrulla y sale pero ya va acelerado, con la adrenalina al cien por ciento, pensando en que vas a hacer arrestos pero si te reciben con fuego, toca también disparar. En estos casos casi siempre son pandilleros bien armados, o bandas con M16, pistolas y todo tipo de armas. Eso no es juego ni película. O matás o te matan.

Otros enfrentamientos se dan cuando nos han emboscado. Uno anda patrullando y prestando seguridad a la ciudadanía, a los buenos, cuando de repente nos empiezan a volar las balas arriba de la cabeza y también toca responder al ataque en defensa personal. Este tipo de enfrentamientos son diferentes porque no sabés cuántos son, de dónde disparan, ni con qué pueden salir.

¿Si he matado a más de uno? Sí. Y se siente lindo. En el momento, uno no puede parar de matar, dan ganas de seguir pero como decía es por la misma adrenalina, uno quiere acabar con todos los que nos han disparado y más si han herido a algún compañero. Es que ese es el trabajo al que me dedico, a mantener la tranquilidad en las calles, y parte del trabajo también es matar, de eso estoy claro.

Lo normal en mi trabajo es toparse con la muerte a diario.

Después del tiroteo queda una sed que no se calma así no más, uno peina el terreno, identifica armas y cuerpos, y colabora con los compañeros en la recuperación de pruebas. Después viene la fiscalía que nos toma declaraciones y si uno ha matado a un delincuente uno lo niega, y el resto de compañeros también dicen que no están seguros de quién fue el que mató porque la experiencia nos ha enseñado que varios compañeros están presos mientras la fiscalía investiga. Ahí sí nos apoyamos entre todos.

Cuando uno regresa a la base ahí ya empieza a descargar la adrenalina y habla con los compañeros, cada quien cuenta sus anécdotas y hasta entonces uno se acuerda de Dios y de la familia.

Se siente bien bonito ver que a uno no le ha pasado nada, sino que el muerto es un delincuente. Yo siento alegría al ver que ha caído uno de los malos, que el resto estamos ilesos, sin heridas, me siento feliz. Yo siento alegría cuando cae uno de los malos. Esa noche duermo bien.

Cuando me toca ir a la casa yo llego a descansar, a arreglar algo de la casa, a hacer deberes con mis hijos, más con el pequeño que todavía está en la escuela, la grande ya está en la universidad. Voy a la iglesia con mi familia y no hablo de mis muertos con ellos, ni con Dios, Él ya lo sabe.

 

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