• Diario Digital | Martes, 26 de Septiembre de 2017
  • Actualizado 08:30

ARENA y la Bestia

ARENA y la Bestia

La psicología ya estableció que los altos ejecutivos, cirujanos, troles y políticos son sicópatas. Ahora además podemos agregarle a nuestros diputados un nuevo desorden: la pareidolia. 

Este fenómeno explicaría porque por medio de imágenes fotos o audiovisuales algunos diputados areneros están percibiendo erróneamente mensajes inmorales en películas. Y esto puede agravarse al extenderse a videos clips, canciones, series de televisión animadas, ropa infantil, juguetes etcétera.

No es exagerado decir que dentro de los requisitos para ser funcionario público terminemos incluyendo el test de Rorschach y puestos a ser muy ciudadanos una certificación médica que no están locos. Desde luego los fanatismos de todo tipo son un desorden de la personalidad, por eso, un fanático nunca debiese de tener poder sobre otros.

Ahora resulta que diputados areneros pretenden prohibir la exhibición de la película la Bella y la Bestia por que contiene una secuencia donde dos dibujos animados masculinos se besan.

Hagamos entonces un recorrido por otros filmes que igualmente —decían— tenían contenido no apto para menores y nuestros adalides de la moral salvadoreña llegaron un día tarde y con un dólar menos:

Bambi en 1942 ya era toda una insinuación porno. El beso de la mofeta hembra al macho hace que este se ponga erecto y rosado por la sangre. 

En Toy Story 3, a media película el oso Lotso cuando quita la boca a la Señora Cara de Papa, su esposo Cara de Papa dice que el único que puede usar la boca de ella es él. Las connotaciones sexuales en el parlamento son evidentes.

Hércules. La primera aparición de Negan en esta película es cuando el minotauro trataba de violarla. Hércules le propina una paliza que le deja con un chichón en forma de pene en su cabeza.

Ratatouille. Colette y Remy sosteniendo una conversación sobre las «dotes» culinarias de él, explica con un gesto que es por un «pequeño» secreto que guarda en ese momento Colette mira hacia su pene sacando al mismo tiempo su espray de pimienta.

Cars. Hay una secuencia donde dos jóvenes adolescentes se plantan al ganador de la carrera enseñándoles sus faros (senos) delanteros frente a todos. Y no solo, en un viaje cuando rayo McQueen pasa por un motel ve que se anuncian camareras convertibles o ¿transexuales?

Inside out, la mudanza es a San Francisco, meca de la cultura gay y mientras discuten las cinco emociones que Riley y Joy disfrutaron ese día hay una donde vieron un hombre que antes parecía un oso.

Aladdin el rey de los ladrones, no solo por título podría sonar inmoral, sino que además hay un momento en la tercera parte que Aladdin y Jazmín van a casarse y antes sucede un terremoto. El genio enojado dice que la tierra no debía «moverse» sino hasta la luna de miel.

En el Emperador y sus locuras durante una noche en que Kuzco debe dormir en el bosque la tienda de campaña que coloca solo le cubre el pene que sirve también de sostén central del toldo.

Frozen. En la conversación entre Anna y Cristoff sobre cosas personales que sostienen en una escena, ella le pregunta sobre el tamaño de su pie, él, se sorprende. Entonces Anna desvía el tema con un «el tamaño no importa»

En el cielo de El Rey León, cuando Simba ya creció durante unos momentos desde sus patas sale un polvo que al subir al cielo aparece reflejada la palabra «sex».

La pequeña Sirenita, en la publicidad donde aparece el castillo se ha dibujado un pene. Igual ya en la película en la secuencia donde un viejo cura va a casar a la malvada bruja con el príncipe, el sacerdote sufre una erección.

Y existen más en distintos filmes o series: diálogos, gestos, títulos, secuencias completas sobre temas que pueden ser no aptos para niños en películas infantiles.

¿Las prohibimos todas? O ¿nos dejamos de paranoias?

Corolario:

Nuestros diputados son expertos en hacer el ridículo: hicieron diputada a la virgen María; prohibieron la prostitución con cuatro años de cárcel y, alguien les ha metido en la cabeza que leyendo la Biblia en las escuelas se terminarán nuestros problemas bio-socio-culturales.

Ahora, los diputados del partido de las libertades, desean prohibir una película por considerarla que afecta la moral pública. Eso es el primer paso para criminalizar la libertad de expresión y que puede ser usada más adelante contra ellos o contra todos. Quizá los diputados que parieron esta brillante burrada no aspiren a tanto, pero es la puerta que se abre cuando se comienzan a prohibir películas. 

La intención es clara. Estos diputados moralistas desean votos no fortalecer valores y tienen medidos a los salvadoreños: discurso duro voto seguro y diezmo pagado pulpito asegurado.

Enfrascados en obtener cada quien la salvación de su curul los diputados areneros parecen correr en una escalera Potemkin: huyen con un discurso en desbandada, desvariando, inventando ideologías según el ingenio de cada diputado.