• Diario Digital | Miércoles, 12 de Diciembre de 2018
  • Actualizado 23:12

¿Por qué la gente no le cree a ARENA?

¿Por qué la gente no le cree a ARENA?

La marcha del 16J evidencia que hay un sentimiento popular de inseguridad sobre las verdaderas intenciones que tiene la mayoría legislativa de derecha al impulsar su anteproyecto de ley general de aguas sin el consenso de todas las partes involucradas en el tema que desde 2006 se discute y que en la legislatura pasada había logrado un consenso importante en casi 80 artículos.   

ARENA ha asegurado que la intención no es privatizar el agua. Pero ARENA arrastra una cadena de mentiras de privatizaciones que prometieron ser beneficiosas para la población como el FOSAFI que saneó la banca estatal para venderla a crédito a los allegados de ARENA y 30 años después seguimos pagando los salvadoreños mientras la banca obtiene ingentes ganancias, ayuda a la corrupción y no va a la cárcel, no promueve la inversión sino el consumismo y no paga impuestos; la ley de la dolarización que estableció un bimonetarismo que jamás existió; la ley de AFPs que promovería una competencia inexistente; la distribución de la energía eléctrica que terminó en monopolio; igual vacios, zonas grises y grietas dejadas a propósito en el Código Tributario para permitir la elusión, triangulación fiscal e ingenierías tributarias e imponer un sistema regresivo de impuestos.

Por todo eso hoy, creerle a ARENA, que su anteproyecto del agua es para el bien común es difícil. Uno no es lo que dice sino lo que hace.

¿Por qué? Asegura esa ley que el agua será para todos. Que no se intensificará la privatización de distribución que ya existe o la introducción de la extracción del agua como otra manera de privatizarla. Demostró ARENA en qué otros países del mundo se ha incluido a los privados en la regulación del ente hídrico nacional y cómo ha funcionado como para no desconfiar al dejar un sospechoso balance a favor de la corriente privatizadora en la junta directiva. ¿Por qué deja a esos directivos la potestad de establecer tarifas y si esto no es un riesgo de aumentos desproporcionados contra la población so pretexto de mejoras y ampliación al sistema de distribución? Como ya sucede con la energía eléctrica. ¿Por qué su ley deja solo a criterio técnico el manejo del recurso hídrico cuando el problema de agua demanda una solución biosférica, es decir, de solidaridad colectiva y esa es inevitablemente una decisión de voluntad política? ¿Pagaran impuesto los pozos domiciliares?

La población acostumbrada a la decepción de la palabra dada por los políticos no le cree a ARENA. Y la experiencia demanda no creerles. La repercusión del tema agua ha encendido las alarmas dentro del pueblo y, si podemos identificar una fecha y causa por las que ARENA perderá las elecciones presidenciales en 2019  es por lo sucedido estos días. Los votantes no le darán el poder total a un partido político con un candidato que sigue sin definir claramente que no o cómo avanzará en el proceso de privatización de la riqueza nacional.

El agua es un recurso geo estratégico. ¿En que lista está El Salvador? En la de los países como Canadá, Rusia o Brasil que tienen abundante agua o ¿estamos más cerca del día cero donde tendrán que asignarnos 25 litros de agua para consumo personal porque los chorros se secaron? Como en Ciudad del Cabo. No nos lo dicen. Y eso es sospechoso.

La ley de aguas de ARENA no prohíbe el fracking o fracturación hidráulica para extraer agua muy de moda en Estados Unidos y México. Y, teniendo en cuenta, que ex ministros de ARENA como Manuel Enrique Hinds que hicieron lobby por la minería metálica o Miguel Lacayo que avaló el robo CEL-ENEL y algunos otros que suelen aparecer como «influencers» a calmar a la ignorante plebe azuzada por rojos y mesiánicos cuando esta clase de negocios están a la vista es igualmente malicioso.

Si asociamos agua a energía/alimentos el negocio es redondo para quien logre controlarlo, de allí, que en el anteproyecto de ARENA haya una dirección de agricultura y riego y exima a los industriales de la responsabilidad de responder por los daños a la ecología dejándoselo al Estado y exista un interés de tipo económico creciente de reformar la tenencia constitucional de la tierra.   

El pueblo ya aprendió que el silencio en ARENA es trampa. Lo peor que nos podríamos hacer una vez que la derecha tiene el control legislativo y gracias a ello terminaran eligiendo una CSJ a su favor lo menos indicado por higiene política es darles a quienes ya antes privatizaron bajo la idea de capitalismo de amigotes también el control del ejecutivo ahora. Los votantes –luego de 30 años de bipartidismo torpe- tienden al equilibrio no a los cheques en blanco.

Corolario:

En Bolivia la derecha y las transnacionales hicieron un proyecto de ley de aguas que la privatizaba y no solo, también, asignó un impuesto al agua de lluvia. Semejante ocurrencia «técnica» indignó a los indígenas aimaras que organizaron una revuelta. ¿Quién fue el líder de aquella protesta? Evo Morales y por eso lo hicieron presidente.

Y algún periodista despistado podrá decir de los bolivianos: «ese es un pueblo poco pensante» pero en EE.UU. el llamado cinturón bíblico e industrial, el verdadero estadounidense por miedo y venganza contra esas elites privatizadoras votó por Trump.

No hay que creerle a ARENA, nos encaminamos –según el Pentágono estadounidense y Goldman Sachs- hacia el neoliberalismo global acuífero-agrícola. Al ir escaseando el agua aumentan y encarecen las exportaciones de comida. Tras esa ganancia van quienes desean controlar el agua.