• Diario Digital | Miércoles, 23 de Enero de 2019
  • Actualizado 07:25

Autoabastecimiento alimenticio imperativo y posible para El Salvador

Autoabastecimiento alimenticio imperativo y posible para El Salvador

No es necesario expropiar cafetaleros, ni cañeros, ni romper relaciones con Estados Unidos para hacer cambios revolucionarios en el país.  Ni la ex Unión Soviética, ni China, ni los partidos comunistas están interesados en llevar a cabo una revolución que abole la propiedad privada, expulse compañías extranjeras e instaure un socialismo de estado en Centroamérica. Sin pretender actualizar la teoría revolucionaria con este ensayo, podemos decir que el mundo tiene hoy día más claro lo que es posible en términos de cambios estructurales. Lo intenso y extenso de la globalización requiere que los gobiernos nacionales, y más aún los municipales, planifiquen sus economías so pena de ser desguazadas por las transnacionales. Actualmente, las corporaciones multimillonarias más exitosas dependen más de la organización de sus operaciones que de capital y recursos materiales, para producir y vender bienes o servicios. Por ejemplo, Uber, Airbnb y Claro no dependen de materia prima como pasaba con las empresas ferroviarias o como pasa con las productoras y distribuidoras de combustibles ESSO, CITCO y SHELL.  Es la organización de recursos, humanos sobretodo, lo que potencia a estas corporaciones para obtener ganancias de muchos países en el mundo. Así es que si El Salvador se organiza y maneja efectivamente sus recursos, tiene esperanza de desarrollarse.

Si bien El Salvador parece tener una economía de consumo y servicios a merced de remesas y empréstitos internacionales, no es irreal plantearse una política alimentaria sustentable y sostenible que además de resolver la pobreza, reduzca significativamente el endeudamiento, la violencia y el deterioro del medio ambiente. Este país es uno de los más pequeños de América Latina, pero de los más y mejores comunicados entre sí y con el mundo. El Salvador no tiene razón para postrarse y considerarse pobre porque no tiene petróleo, metales, minerales, ni extensión territorial que potencie su agro, pero lo puede organizar mejor -- o por lo menos planificar su agricultura.  Los recursos de desarrollo económico están en el país.  Uber no le está trayendo ningún vehículo al país por ejemplo.  No hay que esperar que venga a invertir millones de dólares.  Uber lo que trae es un sistema de organización del uso de vehículos a sus propietarios y su respectiva remuneración en el país. Sin un control de impacto ni fiscalización por parte de municipalidades y gobierno central, podría afectar a empresas de taxis y buses urbanos, aunque generaría empleo entre los desocupados que tienen su coche.

El Salvador ha tenido un dilema de subsistencia y sostenibilidad que le ha generado conflictos y pobrezas durante toda su historia. Desde antes de su independencia, el país cultivaba más productos de exportación que para consumo interno, a pesar de su alta densidad poblacional. Tanto la producción de cacao y añil durante la colonia, la plantación de algodón durante la guerra civil en Estados Unidos, la cosecha de café en su transformación liberal, hasta el actual cultivo de la caña de azúcar han respondido más a una demanda del mercado internacional que a necesidades propias del pueblo salvadoreño.  A mediados del siglo XX, EL Salvador llegó a ser el octavo país mayor productor de café en el mundo. Aunque eso era motivo de orgullo debido a la laboriosidad de sus ciudadanos, también era una de las causas de la pobreza, desnutrición, desempleo y violencia en el país. El problema es claro, producimos para exportar e importamos para alimentarnos.

Actualmente, El Salvador tiene dos productos de exportación que ocupan la mayor parte de su territorio.  El café que aunque ocupa un lugar significativo en la economía salvadoreña no reporta las divisas que otrora le trajera su cultivo al país. El presidente Sánchez Cerén, incluso, lo ha considerado cultivo de protección ambiental, lo cual es inteligente y realista. El producto que ocupa la mayor cantidad de recursos del país es la caña de azúcar.  Al igual que Maximiliano Hernández Martínez, cuya obra infraestructural de carreteras estuvo al servicio de los cafetaleros, las autopistas y boulevares obra de Gerson Martínez y mayor parte de tierras del país son utilizadas actualmente para el cultivo y transporte de caña de azúcar, impactando así la vida ciudadana.

Además de desplazar el cultivo y producción de alimentos básicos, la caña de azúcar impacta el medio ambiente, el subsuelo, la infraestructura del país y la convivencia social de El Salvador.  Hay reportes que en menos de una década, la siembra de la caña reemplaza 10,000 manzanas que se dedicaban al cultivo de cereales que hoy día deben importarse.  A diferencia del maíz, frijol y verduras, la caña de azúcar, según expertos, sustrae muchos minerales y materia orgánica de la tierra que toma muchos años en recuperarse. Adicionalmente, la quema de cañales y combustible que se usa en transporte de la caña de azúcar contamina el medio ambiente. O sea que deteriora la calidad del aire que respiramos, desmineraliza la tierra que nos sustenta y no alimenta la familia que amamos.

Dado que en El Salvador los cañales están muy lejos de los ingenios que procesan la caña de azúcar, cientos o miles de camiones transitan el país y ciudades grandes, incluyendo San Salvador para transportarla. De los 6 ingenios donde se muele el grueso de la caña de azúcar, 4 están ubicados en el occidente, uno en el centro y otro en oriente, mientras la mayor parte de la caña se produce en oriente. Un estudio extenso sobre la producción de la Caña de Azúcar hecho por IBU, durante el periodo que Herman Rosa Chávez fue Ministro de Medio Ambiente, establece que los camiones cañeros recorren un promedio de 70 kilómetros entre los cañales e ingenios. A su paso estos camiones no solo destruyen el pavimento de las carreteras, sino que también congestionan bulevares, avenidas y calles en las ciudades, provocando embotellamiento vehicular y mayor consumo de combustible a transportistas.  Además del costo a sus productores, el estado y la sociedad tienen un gasto adicional en la producción, procesamiento y exportación de la caña de azúcar.

A falta de una política doméstica de autoabastecimiento alimenticio, El Salvador se hunde cada día mas en la dependencia de otros países para proveer a su población de alimentos básicos -- lo cual a menudo le causa crisis fronterizas. Además de impactar a la familia salvadoreña al encarecer los productos de primera necesidad, los camiones que transportan lácteos, frutas, hortalizas y hasta granos básicos que vienen de Nicaragua, Honduras y Guatemala congestionan y destruyen las carreteras del país. La política agroexportadora y alimenticia de los gobiernos militares que generó la guerra civil al limitar el uso de la tierra a empleos temporales en la cosecha del café y reducir la producción de alimentos a nivel doméstico no se ha superado, y los silos de su Instituto Regulador de Abastecimiento que otrora controlara los precios de los granos básicos, sean hoy piezas de museo.  Después de una década de guerra y casi cien mil muertos, hemos ido del café a la caña de azúcar y estamos yendo del mercado al supermarket.   

Reitero, no hay necesidad de perturbar el sueño de los dueños de ingenios, ni de los cooperativistas, que producen caña de azúcar, para adoptar una política de autoabastecimiento alimenticio en El Salvador.  Tampoco la construcción, la agricultura y el transporte serían impactados negativamente con una política de producción de alimentos que reemplace el 60% de la caña de azúcar que se exporta desde el país. Se trata de una reorganización de la actividad agrícola y comercial en el país.  La revolución en la organización de recursos en el mundo que recién se hace manifiesta en Centroamérica, debería por lo menos de agarrar confesados a nuestros gobernantes — ¿los próximos candidatos presidenciales apoyan o no una política económica de autoabastecimiento alimenticio? ¿Quieren seguir con lo mismo? Solo una política responsable e inteligente de autoabastecimiento alimenticio puede traer al país desarrollo humano y crecimiento económico, simultáneamente.