• Diario Digital | Viernes, 16 de Noviembre de 2018
  • Actualizado 22:17

Neoliberalismo depredador y modernista se disputan El Salvador

Neoliberalismo depredador y modernista se disputan El Salvador

La prensa televisiva, radial y escrita ha logrado imponer la apariencia sobre la esencia de lo que se jugará El Salvador en las elecciones del 2019. Parece que el electorado va resolver un problema moral con su voto. En todo Latinoamérica nos han hecho creer que durante las dictaduras militares y los gobiernos neoliberales de los noventas no hubo corrupción alguna, y que esta epidemia es exclusivamente de izquierda, y el problema central de la sociedad. Y que la pobreza, partera de la violencia y el crimen, no parece tener vela en este entierro -- y que, ¿el problema a resolver lo constituye el apetito de los que lamen la cuchara que bate el guiso de la oligarquía? ¿El empobrecimiento de la mayoría y enriquecimiento de una minoría y compañías extranjeras, no es problema? ¿La misoginia en los juzgados que mandan a la cárcel madres, destrozando familias enteras es moral? ¿El destierro como política económica está bien? ¿La parálisis científica en las universidades públicas está bien? ¿La importación de alimentos que podríamos producir localmente, está bien? Y el agua, ¿qué? Todo pareciera que la crisis es resultado de las propinas del erario público que tomaron los que solo han podido seguir jugando el juego de los de siempre.

Si así fueran las cosas, una corte suprema de justicia, un fiscal general, una CICIES o la Interpol, serían los llamados a resolver la crisis que vive El Salvador.  Pero lamentablemente, lo que se elegirá en febrero es presidente y vicepresidente de la república.  En realidad se le están pidiendo peras al olmo, cuando escogemos un candidato con la esperanza de corregir la corrupción.  Quizá un Pepe Mujica, que en su estilo de vida es un estadista modelo para todo el mundo, pero fue presidente de Uruguay, país con un per cápita más del doble que el de El Salvador.  O un Bolsonaro que resucite la dictadura militar de los sesentas y setentas, como hicieron la despechada clase media, iglesia y financieros de Brasil.  El salvadoreño necesita ver más allá del aparente carácter moral de los candidatos y ver qué intereses representan.   No elegirán pastores, ni obispos, ni comunistas. Elegirán inevitablemente un presidente neoliberal depredador o un modernista.

Hurgando un poco en la composición gerencial y padrinaje de las tres candidaturas presidenciales más fuertes, podemos ver que representan intereses internacionales y nacionales que afectan a los salvadoreños dentro y fuera del país. También podemos ver que aunque sus campañas cuestionen el statu quo, todos son parte de la clase política del país, que intentó purgarse con el TSE y CSJ y  solo logró un reacomodo.  La partidocracia sigue bailando desnuda  generando más corrupción aunque cambie de parejas -- ya que la alianza de partidos usualmente genera cuotas de poder. Y esto no pasa solamente entre gobiernos derechistas de viejo cuño.  La orfandad ideológico-política que ocasionó entre la izquierda el deceso del socialismo de estado dirigido por la Unión Soviética, y el empate militar durante la guerra civil en El Salvador, han obligado al FMLN a gobernar en alianza con otros partidos, y caer en un continuismo modernista.

Al igual que en El Salvador, la inevitable política de alianzas en la mayoría de países donde la izquierda ha tenido acceso al ejecutivo y ha gobernado junto a partidos de derecha, no solo la han forzado a promover programas neoliberales emanados de los organismos financieros internacionales, sino que la ha fosilizado orgánica y políticamente, mientras el neoliberalismo, el consumismo y la religión entran en la ciudadanía hasta por los poros.

Una fotografía del minero acaudalado Frank Giustra, Bill Clinton y el billonario Carlos Slim, con Carlos Calleja, actual candidato presidencial de ARENA, en noviembre del 2015, lo dice todo.  Hay intereses internacionales apoyando su campaña -- la minería quiere volver a El Salvador para extraer oro y contaminar sus mantos acuíferos, y la telefonía quiere seguir imponiendo precios y condiciones.  Un calleja presidente traería un neoliberalismo depredador medioambiental y comercial -- que además de contaminar y agotar los escasos recursos fluviales, acapararía el grueso de las remesas familiares.  Tal depredación hundiría al país en conflictos sociales que lejos de parar el destierro, lo agudizarían.

Respecto a Nayib Bukele-Nuevas Ideas-GANA, hay videos de sus movilizaciones y personajes que apadrina su candidatura, que a pesar de tener una masa de seguidores con una esperanza genuina, su dirección o asesoría no deja de ser de ex militantes de ARENA, GANA y Hasta del FMLN.  O sea personajes de una obra neoliberal que ya conocemos. Lo que nos indica que el prometido cambio no podrá salirse de tal predicamento.  Hugo Martínez por su lado, a pesar de ser relativamente joven, está apadrinado por viejos o no tan viejos potros identificados con un neoliberalismo modernizante, como el vicepresidente de la república y exministro de Obras Públicas, cuyo programa económico no sale de la visión agroexportadora y embellecimiento urbano. No estamos ante propuestas anticapitalistas como sugiere ARENA llevando a sus detractores a un marco de guerra fría que debería estar ya congelado.'

En Latinoamérica, hasta hoy no hay propuesta efectiva de remplazo al sistema capitalista neoliberal. Tanto el desencanto de adeptos de izquierda por no traer el socialismo en una década de gobierno, en un estado controlado por oligarcas desde casi dos siglos, como el susto entre detractores por no haber hecho lo temido, han creado una pérdida de visión y perspectiva sobre el camino y búsqueda de la felicidad para el país, como meta principal.

Todos los partidos tienen como discurso la lucha contra la corrupción.  ARENA centra su campaña en señalar la corrupción del FMLN, sin devolver un solo dólar de lo que sus expresidentes llevaron a sus arcas, mientras usa todo un esquema legislativo y judicial que apoya sus pretensiones de descalificar a sus opositores.  GANA ha crecido con la derrota de la clase política que efectivamente ha propiciado Nayib Bukele durante un año, y le ha legitimado ante el movimiento Nuevas Ideas, que constituyen su base votante.  El FMLN también se ha sumado a acuñar el adagio “devuelvan lo robado” en su campaña contra la corrupción de ARENA aunque su expresidente esté salpicado. Muy poco o nada se le está ofreciendo al pueblo salvadoreño en educación, salud, alimentación, energía, vivienda, seguridad y desarrollo económico. Hasta Bukele, quien intensificó y extendió su apoyo masivo a partir de su discurso en Washington donde reconoció el aporte y valor de los hermanos lejanos, ha soslayado la política de destierro que ha sido sostén económico de El Salvador en las últimas décadas.

Tanto ARENA y FMLN que han tenido el ejecutivo, como GANA que ha tenido hasta el mango de la cacerola legislativa, no han dado señales claras de tener un plan de desarrollo económico humano, que no sea el continuismo del crecimiento económico que va a dar a las arcas de unos cuantos empresarios que se benefician de sus contratos e indulgencia fiscal. Solo una economía planificada, que incluya un desarrollo agroindustrial y energético que genere empleos, devolvería a El Salvador el control de todo su territorio y acabaría con el destierro, el crimen, y el sufrimiento de la familia salvadoreña, que día día ve morir y encarcelar a sus mujeres, jóvenes y demás pobres, mientras la televisión exhibe el drama de políticos procesados por corrupción que no pasa de su fase circense.

El Salvador no se juega simplemente una transición de corruptos a corruptibles, en las próximas elecciones se juega la profundización del destierro, el desmantelamiento del sistema judicial y la perpetuación de la violencia y el crimen en el territorio nacional.  No se puede votar con el hígado dañado por un Funes que no hizo lo que prometió y se aprovechó de su posición para beneficiar a su familia.  Ni se puede dejar de votar porque en todos los partidos hay corruptos, y creer que la abstención va evitar la elección de un nuevo presidente. El Salvador se encuentra ahora frente a la posibilidad de elegir un presidente neoliberal depredador antisocial y dos modernistas.

El dilema no es elegir entre lo moral e inmoral, sino entre un candidato con una agenda depredadora que traería de nuevo la minería al país sin importarle el abastecimiento de agua de la población, y continuar el desmantelamiento de las leyes que rigen los servicios de comunicación en favor de corporaciones internacionales, y otros dos que quieren seguir modernizando la capital del país.  Uno cuya experiencia es manejar sus negocios. ¿Qué hará  Carlos Calleja cuando sea él quien decide los precios, salarios y condiciones de todos los empleados y clientela del país?  Hugo Martínez ya sabemos que viene del partido que estando en el gobierno ha hecho muchas obras en materia de salud, vialidad y agrícola modernizantes, como las ciudades Mujer, los bulevares de tres pisos, los reservorios y resiembra de cacao y café, que de no ser invertebradas le darían fácil 4 años más. Nayib Bukele por su parte ha demostrado no escatimar esfuerzos ni presupuestos para echar a andar iluminaciones, electrificación subterránea y mercados de lujo, aunque las cárcavas hagan sucumbir barrios enteros.  La capital salvadoreña es un museo modernista donde se exhiben las obras de Nayib entre el Parque Zurita y el Cuzcatlan, y las del FMLN al oeste del Boulevard de los Héroes.

No se debe votar visceralmente, porque la rabia ciega. Se debe votar pensando en el futuro del país y en aquellos candidatos que se pueden presionar, sin que se escapen por los túneles y cloacas del sistema judicial, que han fabricado durante los últimos dos siglos.  Debe protegerse el desarrollo del estado de derecho de El Salvador, no tirarlo a las aves de rapiña que vienen por lo mejor de sus recursos.