• Diario Digital | domingo, 23 de enero de 2022
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Deportes - Eurocopa 2016

Cuatro estilos diferentes para llegar a la gloria en Europa

Joachim Löw el insatisfecho, Didier Deschamps el pragmático, Fernando Santos el diplomático y Chris Coleman el trabajador aburrido.

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Cuatro estilos diferentes para llegar a la gloria en Europa

- El alemán Löw, eterno insatisfecho

Al frente de la Mannschaft hace ya casi 10 años, su presencia impecable a veces queda opacada por ciertos tics desagradables (mano a la nariz, dentro de los pantalones o bajo la axila para luego olerla) no manchan su currículum impecable en selección, tras arrancar en el Mundial-2006 como ayudante de campo de Joachim Low. A sus 56 años, y tras 135 partidos como seleccionador nacional, sigue con su apetito de eterno insatisfecho. El chico de la Selva Negra cuenta con 89 victorias, 25 empates y 21 derrotas, para un promedio de 66% de éxito, aunque lo más importante ha sido su título en el Mundial de Brasil-2014. También fue subcampeón europeo en 2008 y semifinalista en 2012.

Pese a que algunos exinternacionales lo han criticado los últimos días por la falta de 'punch' de la Mannschaft y, especialmente, por haberse adaptado demasiado a la táctica defensiva de Italia en cuartos de final poniendo más luchadores en el centro del campo que jugadores con panorama ofensivo, Löw no duda en buscar siempre la perfección en cada partido. Ahora aguarda con entusiasmo el choque de semis contra Francia, para repetir lo que hizo en semis de la Copa del Mundo frente a la Seleçao en el Mineirao. "Me gustan estos partidos de eliminación directa", redobla la apuesta cada vez más.

- El francés Deschamps, puro pragmatismo

Para llegar a semifinales, Francia pasó por las barreras de Rumania, Albania, Suiza, Irlanda e Islandia. Sin prejuicios, ningún rival de gran porte y salvo ante los islandeses en cuartos (5-2), los Bleus saltaron las vallas sin demasiada luz. Pero el entrenador Didier Deschamps, campeón mundial en 1998 como jugador y a cargo de los Bleus desde 2012, usualmente favorecido por los sorteos, aprovecha cada ocasión con gran pragmatismo.

Su gran prueba de adaptación táctica la dio contra Irlanda, cuando Francia parecía sin aire y con un par de cambios hizo reaccionar al equipo. Ahora en semifinales, objetivo alcanzado que le había trazado su Federación, contra el campeón mundial deberá una vez más salir a flote, como lo hizo para sobreponerse a escándalos judiciales (Benzema-Valbuena), lesiones y controles antidopaje que minaron sus planes previo al arranque del torneo. En el Mundial-2014 aprobó con una eliminación en cuartos frente a la Mannschaft. Ahora DD buscará a sus 47 años la revancha en casa, en el estadio del Marsella, donde alguna vez fue ídolo.

- El portugués Santos, casi canciller

Todo por y para Cristiano Ronaldo: así podría simplificarse la inteligencia de Fernando Santos, que a sabiendas de contar con uno de los mejores jugadores del planeta arma su selección alrededor de su crack. Más allá de que el astro del Real Madrid está teniendo un papel gris, Santos no desaprovecha cada ocasión para llenar de elogios a CR7.

Exseleccionador de Grecia, Santos tomó las riendas de la selección de su país en 2014, construyendo un equipo sólido abajo, como lo hacía con los helenos en la Eurocopa-2012, y tratando de explotar la dinamita que tiene arriba con Ronaldo y Nani. "Nos gustaría hacer un juego de espectáculo, pero no siempre así se ganan los torneos", resumió el lisboeta de 61 años, con tono conciliador siempre pero ideas firmes, como buen diplomático, pese a recibir seguido críticas de la prensa por el pobre juego luso en Francia-2016.

- El galés Coleman, el obrero aburrido

Es un peso pluma en relación a sus homólogos en semis: Coleman llegó en 2012 a los Dragones, pese a que había dirigido hasta el momento equipos de segundo rango, como Fulham o Real Sociedad. A sus 46 años, tiene siempre presente a su amigo de la infancia Gary Speed, su predecesor en el cargo que se suicidó. Con un discurso de trabajador empedernido, una táctica 3-5-2 que funciona de forma aceitada en Gales, Coleman sabe el límite de su equipo, pero de eso hace una cualidad.

"Vamos partido a partido y eso es todo lo que hemos hecho. Trabajar y trabajar. Es aburrido pues todos los que me escuchan hablar siempre escuchan lo mismo. No pensamos: 'este partido lo tenemos que ganar o proyectar hacia los próximos tres partidos'. Para algunos países es el caso. No lo ha sido para nosotros", resumió Coleman, frente a su desafío más grande el miércoles en semifinales, las primeras de la historia para Gales en una gran cita, contra el Portugal de Cristiano.

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