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Fabio Colindres, el sigilo de un monseñor que creyó que la tregua era un milagro

Monseñor decidió guardar silencio al ver que la tregua se derrumbó después de 15 meses de vigencia. En una de sus últimas apariciones con dirigentes de pandillas lo vimos postrado de rodillas lavando los pies de un marero.

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Fabio Colindres, el sigilo de un monseñor que creyó que la tregua era un milagro

El ayudante de monseñor tuvo el cuidado de que todo estuviera en el viejo maletín de siempre: vino de consagrar, hostias, un cáliz con el fondo de oro, patena, misal y los ornamentos color morado, propios de la época de Semana Santa. “Todo está listo”, dijo al obispo Fabio Colindres. Era Jueves Santo de 2013, el momento más álgido de la tregua entre pandilleros. Monseñor hizo una oración de rodillas y partió aquella mañana con su motorista hacia el penal de Mariona a celebrar la misa y el ritual del lavatorio de pies.

Los amigos de Fabio Colindres lo recuerdan en su época de seminarista como un joven piadoso, devoto de Santa Teresita del niño Jesús, además de ser un disciplinado estudiante, pintor paisajista, músico y fornido deportista, proveniente de una familia de clase media de Ilobasco, Cabañas. Estas cualidades le valieron ser uno de los estudiantes favoritos del obispo de San Vicente, monseñor Oscar Barahona, un hombre sencillo y de mucha fe, que trataba de transmitir a sus seminaristas estas virtudes. Bajo su tutela, Colindres se preparaba en el seminario San José de la Montaña para enfrentar un calvario en su vida sacerdotal, pero aún no sabía que este calvario tendría 26 años después el nombre de “tregua entre pandillas”.

El 18 de marzo de 2013, doce “falsos apóstoles” rapados, tatuados, criminales, miembros de la Mara Salvatrucha y Barrio 18, esperaban al obispo bajo un toldo blanco en uno de los patios del penal para ser parte de la liturgia. Estos doce hombres fueron los elegidos para que monseñor les lavara y besara los pies ante doscientos mareros presos que fueron autorizados para estar en el evento religioso.

Desde inicios de la tregua, el obispo castrense, y amigo del general David Munguía Payés, ministro de Seguridad en aquél entonces, había insistido ante la prensa en que había ocurrido un milagro en el corazón de los pandilleros quienes bajo el martirio de monseñor Romero habían transformado sus vidas y habían decidido abandonar el crimen “en el nombre de Dios”. Las acciones delictivas eran planificadas aún desde la prisión y, en un acto insólito, los principales dirigentes de las pandillas anunciaron un periodo de paz que consistió en ordenar a pandilleros en libertad cesar el acoso a los jóvenes estudiantes en los centros escolares, entregar las armas con las que delinquían, disminuir “la renta” (extorsiones) a pequeños y micro empresarios, y dejar de asesinar. Durante 15 meses la sangre se contuvo en las calles de El Salvador y el promedio de homicidios bajó de 14 a 5 diarios, producto de la alianza, y el país pasó de ser una de las naciones más sanguinarias del mundo, al “país de las sonrisas”.

Colindres se preparaba en el seminario San José de la Montaña para enfrentar un calvario en su vida sacerdotal, pero aún no sabía que este calvario tendría 26 años después el nombre de “tregua entre pandillas”

Dos de los pandilleros más reconocidos por su historial delictivo, “Viejo Lin” y “Sirra” -que algunos artículos han hecho parecer rebeldes estrellas de rock, nada más alejado de la brutalidad con que saben operar-, aparecieron sorpresivamente en un culto vespertino de la iglesia bautista Amigos de Israel, a cargo del pastor Toby jr. en junio de 2013, donde fueron entrevistados por el religioso y vistos por la televisión. Ahí hablaron de reconciliación, a tono con el pensar de Colindres. La salida de la cárcel donde estaban recluidos fue autorizada supuestamente por el director nacional de centros penales, para que pudieran rendir testimonio de la supuesta conversión espiritual. (Junior ha mantenido que hizo lo correcto al sentarlos en el púlpito y que a pesar de los problemas que le generó con su padre la entrevista, lo volvería a hacer –expresó-, así como lamentó que el país “no estuviera preparado para hablar de reconciliación”).

Pero la tregua se volvió insostenible y los mismos dizque conversos decidieron que era mejor seguirse matando, así que los mediadores cayeron en desgracia al elevarse el número de asesinatos hasta 50 en un fin de semana, y la palabra “Tregua” se volvió una mala palabra en el diccionario salvadoreño. De 21 personas involucradas directamente con el proceso, 17 guardan prisión esperando juicio. El último que cayó en manos de las autoridades fue Nelson Rauda, exdirector de Centros Penales, quien se mantuvo prófugo por un mes, y hay tres órdenes de captura sin ejecutar, aunque las autoridades aún no han revelado los nombres de estos tres investigados.

Raúl Mijango es el nombre del personaje más célebre de este proceso, y no hay casi nada que no se haya dicho sobre él; Paolo Lüers, columnista de El Diario de Hoy, exasesor del partido de derecha ARENA y quien hizo las veces de vocero de las pandillas, sigue libre y sirviendo tragos en su restaurante (se califica a sí mismo como “servidor de tragos”); en cuanto a Colindres, se retiró tan pronto como detectó que había irregularidades en el proceso. Él prefirió hacer “voto” de silencio y cuando le consultamos por teléfono por los pormenores de la tregua se limitó a excusarse en tono afable pero cansado, y a decir que por el momento no está interesado en abordar el tema. Se presume que la Fiscalía, por órdenes del anterior fiscal Luis Martínez, incluyó en las investigaciones al purpurado, pero se desconoce el rumbo de dicha investigación.

El olor a pie rancio en Mariona

fabio colindres interior

Colindres, místico, carismático, piadoso y devoto de Santa Teresita del Niño Jesús, acompañaba el proceso con fe cristiana y con la firme esperanza de que Dios hubiera tocado el corazón de aquellos hombres que cumplen largas condenas tras las rejas. Cuando llegó a Mariona en Semana Santa de 2013  ninguno de los custodios lo revisó pues la orden de no hacerlo era firme. Se fue directo hacia uno de los grandes patios del penal donde autoridades y reos habían preparado un altar para la misa. Saludó a sus nuevos amigos. Minutos antes habían ingresado Mijango y Lüers, incluso hubo tiempo para sacarse algunas fotos.

En su homilía habló duro a los líderes de las maras y los reprendió por llevar una vida de violencia. Incluso los retó a dejar de hacer daño a la sociedad y a reparar el dolor que habían causado. Los presentes asentían a cada una de sus palabras y monseñor no pudo estar menos que agradecido.

El sudor le bajaba por la frente. Aquel marzo fue uno de los más calurosos de la última década. El toldo dejaba filtrar los fuertes rayos solares y la muchedumbre congregada sentía que se asfixiaba, pero ahí están acostumbrados a los calores y a los olores rancios que emanan de los cuerpos en encierro.

Los doce reos que personificaban a los apóstoles tomaron asientos en sillas blancas de plástico, y se quitaron tenis y calcetines dejando al desnudo unos pies mojados en sudor. Monseñor se inclinó y tomó un recipiente para verter agua sobre aquellos pies mugrientos, luego los secó con una toalla y los besó en señal de reconciliación y de humildad de la iglesia que le abría las puertas a los descarriados que juraban cambiar la violencia por la paz.

Y esta imagen de Colindres postrado ante un marero es una de las últimas que tenemos de monseñor participando del proceso. Posteriormente se desligó del mismo y optó por el silencio. El obispo Escobar Alas no quiso que se involucrara el nombre de la iglesia salvadoreña en la tregua y dijo que Colindres había participado a título personal. Este así lo confirmó. Y no solo eso, sino que además la Conferencia Episcopal le pidió a monseñor que se apartara de la tregua y, cuando se conformó bajo las órdenes del nuevo presidente Salvador Sánchez Cerén, el Consejo Nacional de Seguridad, ni siquiera lo tomaron en cuenta, pese a que ahí se convocó a dirigentes de distintas nominaciones religiosas.

En abril de 2014, cuando la muerte de la mano de los mareros se paseaba de nuevo por las calles, Colindres defendió el proceso de negociación entre pandillas y dijo que el tiempo le daría la razón, así como se refirió a “la buena fe” con la que actuaron los mediadores.  En junio de 2016, el tiempo no solo le ha negado la razón, sino que ha metido presos a los involucrados. Monseñor no volvió a tocar más el tema.
 

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