• Diario Digital | lunes, 08 de agosto de 2022
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Stripper tuvo que huir del país para evitar ser esclava sexual de mareros

Una bailarina erótica tuvo que abandonar el país y a su hijo debido a que ha sido amenazada a muerte por pandilleros que la desean como su exclusivo objeto sexual. Esta es la historia de Griselda.

Bailarina exótica.
Stripper tuvo que huir del país para evitar ser esclava sexual de mareros

Griselda es una joven mujer de cabellera dorada, larga, rizada y perfumada; sus caderas tiene las medidas que tienen las nalgas de mujeres que aparecen en revistas para hombres; algunos dirían que tiene cara de ángel, pero su verdadero encanto está en la mirada. Su belleza, sin embargo, es su maldición.

En el DUI dice que es “estudiante”. Pero ella es en realidad bailarina erótica desde hace algún tiempo. Su oficio le permitió salir de una pobreza bien marcada, heredada de un padre alcohólico y de una madre ama de casa.

Todo iba bien, el dinero alcanzaba para vivir en un buen apartamento, conducir un coche con aire acondicionado, ir con su hijo al cine y después a cenar pizza, hasta que se volvió la obsesión de un pandillero y de su grupo, que la amenazaron con que la querían solo para ellos o que en caso contrario la matarían.

Esta amenaza le cambió la vida, pues tuvo que andar huyendo de barrio en barrio por San Salvador, Santa Ana y San Miguel, pero de alguna manera los tentáculos de las maras siempre la alcanzaron, así que no tuvo más remedio que huir del país y dejar a su “único y verdadero amor”: su hijo.

La joven cuenta que un dirigente de pandillas donde vivía a finales de 2015 la veía salir de su casa hacia el trabajo y que intentó conquistarla. En una ocasión dijo, intercambiaron números telefónicos ya que se conocían desde niños, aunque nunca habían entablado amistad. A partir de entonces el acoso se volvió incesante. Al negarse ella a iniciar una relación con el sujeto, este la amenazó de muerte, y días después se unió a su obsesión un grupo de mareros.

Griselda señala que el acoso fue mayor cuando los compinches de su victimario descubrieron que trabajaba como bailarina en una barra show de San Salvador.

De repente el acoso cesó, ya que el grupo fue detenido por otros delitos. Este suceso permitió a la joven mudarse de colonia para tratar de iniciar una nueva vida, lejos del peligro. Pero el marero y el resto de detenidos recuperaron la libertad, y volvieron las amenazas y los miedos, ya que pronto identificaron su nuevo domicilio.

“He tenido que salir huyendo a otro país, aquí sigo trabajando de lo mismo para poder mandarle dinero a mi hijo, pero lo extraño mucho”, comenta Griselda quien tuvo que dejar la casa que alquilaba, y a su pequeño con su abuela paterna.

“Lloro todas las noches; quizás la gente me juzgue por lo que hago pero yo trabajo de esto por necesidad, no es algo que me guste”, dice la mujer quien lleva cuatro años dedicándose al trabajo nocturno, al que tuvo que llegar luego de la muerte de su pareja.

“Si él (el padre de su hijo) estuviera con vida mi situación sería diferente, pero mi vida tomó un giro de la noche a la mañana con su muerte”, recuerda entre lágrimas.

Mi mami trabaja de bailarina para podernos comprar pizza

Corriendo riesgos Griselda ha regresado a El Salvador para poder compartir momentos con su hijo, aunque lamenta que no ha sido como ella lo esperaba pues no ha podido reunir mucho dinero, además que el viaje le ha costado muy caro.

“El trabajo ahorita no me deja mucho dinero y los gastos que tengo son mayores desde que tengo que ahorrar para viajar y pagar el hospedaje donde me quedo cuando veo a mis hijos”, dice, ya que tiene que verlo a escondidas.

Sin entender qué es lo que está sucediendo, su hijo ha aprendido a mentir a los vecinos para no despertar sospechas de que su madre se encuentra en el país.

“Yo sé de lo que trabaja mi mami, y si ella no trabajara de eso no me pudiera comprar pizza”, dice con ingenuidad el niño de 7 años quien ha visto interrumpido su año escolar debido a los constantes movimientos de residencia.

Por ahora el niño ha regresado a vivir al lugar donde comenzó el calvario de Griselda, ya que dice es el único lugar que tiene para dejarlo.

Para evitar ser localizada por los delincuentes, el niño han inventado una historia para quienes le preguntan por el paradero de su madre. “Yo les he dicho que ella se fue mojada a Estados Unidos y que no sabemos nada”, dice.

El trabajo como bailarina en nuestro país le dejaba ganancias diarias de $100, “aunque mi sueño es tener un trabajo normal de día, las obligaciones como padre y madre no me lo permiten”, alega.

En nuestro país recientemente se realizó una inspección en los centros de diversión nocturna que reveló que las mujeres que se dedican a este tipo de trabajos son violentadas en sus derechos laborales.

“Aunque no nos pagan un salario, ni nos dan prestaciones las ganancias en este trabajo son buenas, en cambio teniendo otro trabajo donde sí respetan las leyes laborales no pudiera cubrir mis gastos”, justifica la joven.

Respecto a su situación de bailarina fugitiva, Griselda ha perdido toda esperanza de que las autoridades puedan rescatarla de las maras, así que solo espera que la muerte llegue pronto a sus acosadores que le jodieron la vida y la de su familia. Solo entonces, dice que volverá a la normalidad.

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