• Diario Digital | martes, 20 de agosto de 2019
  • Actualizado 22:52

Servicios - ENTREGA ESPECIAL. PARTE 1

José y María, el agricultor y la anciana que sobrevivieron al terrible veneno de una serpiente

PRIMERA PARTE. Estos salvadoreños cuentan sus experiencias, durante y luego, de haber sido mordidos por dos tipos de serpientes; ambos aseguran que el dolor producido por ese tipo de mordida es insoportable.

María Alfaro permaneció varios días hospitalizada en el Rosales donde se recuperó de la mordida de un tamagás. Foto Mauricio Pineda.
María Alfaro permaneció varios días hospitalizada en el Rosales donde se recuperó de la mordida de un tamagás. Foto Mauricio Pineda.
José y María, el agricultor y la anciana que sobrevivieron al terrible veneno de una serpiente

Cuando José y María se conocieron por primera vez fue en una ambulancia en momentos que eran trasladados, desde el hospital Nacional de San Vicente, hacia la capital directo a la Unidad de Emergencias del hospital Rosales.

Ambos, sin saberlo, tenían algo en común, fueron mordidos por serpientes venenosas; los dos urgían de tratamiento antes que las toxinas comenzaran a generar complicaciones de salud.

Era de noche, un 8 de julio, cuando una llamada de emergencia al médico de turno del Rosales, desde el hospital vicentino del que fueron referidos, advirtió sobre la condición de los dos pacientes.

Ella fue mordida en su tobillo por un tamagás; él en una de sus piernas por una cascabel; en ambos casos, las culebras apenas lograron clavar uno de dos colmillos por donde expulsaron el veneno.

Ella de poco más de 70 años y residente en el departamento La Paz; él, de 37, habitante de San Vicente, los dos tuvieron que enfrentar cara a cara a los reptiles tras haber sido mordidos.

“Estaba abonando la milpa cuando de presto sentí que me metió la mordida, sentí el chuzazo como si se tratase de una espina de ixcanal”, relata José Rodríguez.

La incomodidad de la mordida lo obligó a bajarse el pantalón, vio que sangre salía de una de sus piernas, su ropa estaba manchada, provenía de un agujero del tamaño de un pinchazo de aguja de jeringa.

El animal comenzó a sonar su característico cascabel, se irguió; el agricultor se asustó, pero su agilidad le permitió desenvainar su corvo para cortarle la cabeza.

“Andaba mi corvo, cuando me aventó la mordida le corté la cabeza al animalito, por allá la arrojé”, explicó Rodríguez quien sin pensarlo dos veces tomó su maletín para acomodar el cuerpo de la culebra y presentarlo a los médicos como prueba del ataque, medía casi un metro de largo.

El hombre montó su caballo y logró llegar hasta su casa; para ese momento el dolor era demasiado intenso, a tal grado que no pudo caminar, buscó ayuda con unos policías que casualmente pasaban por una carretera local y lo llevaron a un centro hospitalario.

Con chancleta en mano, María atarantó al tamagás

Ese mismo día, María Alfaro, de más de 70 años, caminaba junto con a tres personas más por una calle polvosa del cantón San Antonio La Laguneta, municipio de San Juan Nonualco, La Paz, cuando de repente un tamagás  mordió uno de sus tobillos.

“No nos fijamos lo que había abajo. Hasta cuando sentí la mordida y vi aquel animalito que había quedado prendido ahí (tobillo)”, cuenta la anciana.

Para evitar un nuevo ataque, la mujer tuvo que reaccionar.

“Lo que hice fue sumirla con el pie, me quite la chancleta que andaba y con esa la machacamos. Yo le dije, vos te vas a morir. Estaba bonito, así (hace señas con las manos para indicar el tamaño)”, dijo.

El animal tenía 50 centímetros, es decir, lograba erguirse hasta la altura de las rodillas.

“La tenía atarantada, ya ni piedras hallaba, con las que habían la maté”, comentó la mujer.

El resto de personas que la acompañaban ni siquiera se animaron a golpear a la culebra.

Luego del ataque, el animal se arrastró hasta una carretera donde un bus la aplastó; aun así, en esas condiciones doña María fue por ella, la depositó en un recipiente y la guardó, quería mostrarla a los doctores.

Para ese momento el dolor no le permitió seguir caminando, la obligó a sentarse; eran pasadas las 2:00 de la tarde.  

Y nuevamente, como ocurrió con José, la mujer fue a parar al hospital de San Vicente desde donde fueron referidos al Rosales.

Ya en el centro de atención capitalino, ambos recibieron el tratamiento indicado para este tipo de casos, según explicó Alfonsina Chicas, médico internista y toxicóloga del hospital Rosales.

“Ella sintió la mordedura, luego el dolor, y empezó  ver cuán rápido se hinchó su tobillo. La vieron que llegó al hospital, era una situación difícil y como no tenían suero y vieron que estaba hinchada la enviaron al Rosales”, explicó la doctora.

Agregó que “a las 22 horas (10 de la noche) me llaman y me mencionan que está aquí (San Vicente). En el caso del señor fue mordido por una cascabel que tenía siete cascabelitos, son escamas que se modifican en cada una de las mudas que hace el animal de acuerdo a la alimentación y temperatura. El animal que mordió al señor tenía como tres años”.

La especialista confirmó que, pese a la gravedad de estos ataques, ambos pacientes se encuentran en condición estable y en recuperación gracias a la pronta colocación del suero antiofídico y otros tratamientos.

La hinchazón en ambos casos bajó y pronto serán dados con alta médica; eso sí, tanto el agricultor como la anciana deben guardar reposo por varios días para evitar nuevas afectaciones en la zona donde ocurrió la mordida.

Comentarios