• Diario Digital | Sábado, 15 de Junio de 2019
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Los sacrificios de la familia Álvarez para atender a un niño que sufre constantes convulsiones

Su día inició a las dos de la madrugada en Chalatenango  para poder llegar a las seis al hospital y que el niño tenga la atención necesaria. 

Los sacrificios de la familia Álvarez para atender a un niño que sufre constantes convulsiones

Mientras la mayoría de las personas disfrutaban de un placentero sueño, abuelo y padre se estaban preparando para salir a las dos de la madrugada de Chalatenango, todo por llegar a la hora indicada por los doctores al Hospital de Niños “Benjamín Bloom” para que Julio,  el más pequeño de la familia, recibiera una cita médica para tratar las constantes convulsiones que sufre.

El largo camino que debían recorrer no fue un obstáculo difícil de superar, pues estaban decididos a que el pequeño, de dos años, estuviera con los mejores profesionales del país, algo que en el nosocomio de Chalatenango les habían asegurado.

Partieron a bordo de un pick up que decía: “Se hacen viajes”, el cual les cobró $25. “Eso fue porque éramos amigos y porque el señor que nos trajo también tenía que venir a dar unas vueltas a la capital”, dijo Saúl (nombre cambiado), abuelo del menor de edad.

Al llegar al hospital, se encontraron con una sorpresa, no podían programarles una cita con los especialistas porque no habían llevado al paciente.

“A nosotros no nos dijeron que teníamos que traer al niño, no vino porque mucho sacrificio para él la madrugada y el camino”, contó el padre del menor, Carlos (nombre cambiado).

Según los familiares del menor, los profesionales del Bloom les aseguraron que debían llevar al pequeño  porque están obligados a recibir una charla sobre los cuidados que se deben tener, algo que según Carlos debieron avisar con anticipación.

“Imagínese uno que viene desde bien lejos tiene que hacer doble gasto y a veces la cobija no alcanza”, dijo Carlos El Salvador Times.

Mientras esperaban a que su amigo llegara  nuevamente a la salida del hospital, ellos se mostraban preocupados porque al siguiente día debían de regresar a San Salvador con Julio y no estaban seguros de poder pagar nuevamente transporte.

La enfermedad de Julio

Julio es un niño risueño que siempre corre al lado de su abuelo para ser consentido por él cuando sus padres lo regañan.

Carlos cuenta que a los pocos meses de haber nacido el niño comenzó a sufrir fuertes calenturas, por lo que la preocupación los condujo hasta un centro asistencial ubicado en las cercanías de su hogar.

“Cuando vieron que estaba ardiendo en calentura, nos dijeron que lo bañáramos y que lo tuviéramos por una hora en el agua, que eso le iba a quitar la calentura y así hicimos”, aseguró el padre del niño.

Lo que ellos nunca esperaron fue que al pasar tanto tiempo en el agua le traería más complicaciones. La calentura se le fue para los huesos y comenzó a convulsionar”, especuló Carlos.

Inmediatamente se fueron al hospital de Chalatenango, en donde le suministraron un medicamento que al poco tiempo le trajo reacciones secundarías al niño.

“Le comenzaron a salir ronchas por todo el cuerpo y lo llevamos al hospital, ahí fue cuando nos dijeron que el medicamento era muy fuerte para él y que mejor lo trajéramos al Bloom”, dijo Saúl.

El pasado jueves la familia llegó al nosocomio por segunda vez, pero en esta ocasión llevaron al pequeño Julio para no tener inconvenientes a la hora de programar la cita con los especialista del hospital. Ahora están a la espera de la atención médica que tanto les ha costado recibir.  

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