• Diario Digital | domingo, 25 de agosto de 2019
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Políticamente correcto: ideología izquierdista que favorece la represión

Políticamente correcto: ideología izquierdista que favorece la represión

“Political correctness”, es el triunfo institucionalizado de una serie de actitudes y pseudoideologías políticas cuyo origen son las mentes de izquierdistas, pretendidamente “progresistas”, que aparecen alrededor de los años 60, relacionados a la ecología, el sexo y la raza.

El propósito de este movimiento es eliminar los últimos obstáculos de ideología capitalista cristiana, promoviendo falsos valores ante la orfandad ideológica y económica tras el fracaso total de las ideologías de izquierda. Esta ideología “Political correctness” es la aplicación de un marxismo al campo de la cultura, en la línea de pensamiento de ideólogos comunistas Gyorgi Luckacs y Antonio Gramsci. Se trata de socavar los fundamentos de la civilización occidental atacando sus estructuras culturales, morales e históricas, en definitiva su sociedad.

Aparece visiblemente con la “teoría crítica”, las elaboraciones teóricas de la “escuela de Frankfurt”, y especialmente con Herbert Marcuse, un icono de Mayo-68, y su obra “Eros y la civilización”. En socialismo en los años 70, con la aparición de obras como “Adiós al proletariado” de André Gorz, o “La Alternativa” de Rudolph Bahro, un econazi primitivista.

Así los intelectuales que han controlado la izquierda, y que la crearon (Marx, Lenin, Troski, Kautsky, Bakunin, Proudhon, Saint-Simon, Engels, Bebel, Bernstein, Chomsky, Sartre, Habermas…), se desprenden del idealizado, irreal y mesiánico concepto de obrero, sin nada que ver con los obreros reales, y crean otro, el de ellos mismos y sus utopías.

La ideología izquierdista siempre había considerado al obrero real como un idiota sospechoso de querer progresar materialmente, poco idealista, es decir poco ideológico. Ya Lenin proclamó que el obrero lo máximo que podía desarrollar era una conciencia sindical.

Con la llegada de la “Nueva Izquierda” (ecología, antirracismo, feminismo, movimiento gay…) el antiobrerismo llega a su cumbre.

Evidentemente no habría contaminación si la numerosa masa obrera y de clase media no tuviera coche, ni casa, ni electrodomésticos, ni consumo. Que sólo tengan capacidad adquisitiva unos pocos privilegiados sería la solución para estos nuevos nazis “Political correctness” Los progresistas prefieren el prototipo de obrero miserable y piojoso de las novelas realistas del siglo XIX. Muy acorde con su proyecto “Political correctness” de un neo-moralismo rígido y un utopismo elitista.

Pero su institucionalización surgió en las universidades americanas con formas de comportamiento, lenguaje y enseñanzas feministas y antirracistas, pro gay y como ellas represora de las libertades individuales. “Los extremos se tocan.”

Esta actitud aprovechó el análisis típicamente marxista que define la cultura como “superestructura al servicio de la clase dominante”, todo ello aplicado a favor de los movimientos sociales que conformaron la “nueva izquierda” de los 60: feminismo, negritud, indigenismo, homosexualidad…

Con la excusa de la “igualdad”, la enseñanza en los EEUU implantó un modelo de "reparto en el protagonismo histórico" según la raza o el sexo.

Este tribalismo étnico-social ya fue propuesto en su momento por grupos juveniles radicales como el SLA (Ejército Simbiótico de Liberación), conocido por el secuestro de Patricia Hearst, la nieta del magnate de la prensa amarilla norteamericana.

Esto es definitivamente una negación de la idea de la existencia de valores universales. El primer efecto que tuvo fue la creación de códigos de censura que persiguen y critican cualquier discurso o término sexual o racial no ya ofensivo sino explícito, desde “bromas”, “exclusión de minorías” a “burlas”.

Esto ha creado un ambiente de represión, moralismo progre y autocontrol irrespirable. Se generó una crítica a valores universales, como la libertad de expresión consagrada en la Constitución. Estas estupideces han aterrizado en El Salvador de la mano del infame gobierno del FMLN con sus “todos” y “todas”.