• Diario Digital | miércoles, 10 de agosto de 2022
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¿Existe diferencia entre Estado y una banda de ladrones?

¿Existe diferencia entre Estado y una banda de ladrones?

Desde siglos atrás San Agustín de Hipona se hizo esta pregunta. Y desde luego la respuesta era que el primero busca la justicia los segundos no. 

Por eso, si algo valioso posee un político es su honorabilidad. De allí que cuando su moral es dudosa y eso pasa cuando se percibe que nos gobierna una banda de encobartados, puede decirse que ha comenzado a esculpirse el epitafio de la elite política. 

David Reyes o Lorena Peña no son únicos o primeros, menos serán los últimos en favorecer a familiares u ONG afines con bienes o recursos legislativos. Los abusos de poder han sido y siguen siendo en una sociedad anti democrática y poco transparente como la nuestra la norma del juego.

La gente de a pie nota que indistintamente de la ideología que muestren, cuando alguien llega a un puesto público inmediatamente se le abre un paraíso estatal de posibilidades que hacen que unos se sientan impotentes ante ese poder (indignados) y otros reconozcan ser meros pendejos en el juego de sus dirigentes políticos.

No solo es culpa de los diputados Reyes y Peña. La junta directiva de la Asamblea Legislativa es un centro de poder que sirve además de lo que formalmente se cree para otras cosas: decidir quién viaja y sobre los viáticos que deberá gastar, plazas para familia, amantes, correligionarios, gasolina, vehículos y suplencias.

Todo dentro de la lógica corrupta en un pequeño grupo que dispone temporalmente del poder para intercambiar favores a cambio de pequeñas y pasajeras lealtades.

El caso más escandaloso, el del diputado Reyes, acostumbrado a la buena prensa por su paso en TELETON  o el deporte como superación personal, luego de convocar medios para asediar al SITRAMSS, acusar de mentirosa a la ministra de trabajo ahora que experimenta la otra cara de la moneda, cree suficiente emitir un comunicado donde acepta el error y devuelve los objetos que evidencian no que el poder lo cambió sino cómo era el verdadero clasemediero David Reyes. Silencio.

Desde luego tiene mucho que explicar y, en persona, en conferencia de prensa abierta. ¿Cómo es posible que un diputado que viene de la JRN, que habla de cambio y no de relevo generacional y superación personal resulta que tiene las prácticas del antiguo régimen?

Si no desea dar la cara es porque a lo mejor resulta que él solo fue un artefacto fabricado por TCS que media vez cayó en evidencia de su falsedad de discurso se derrumba llevándose de paso al partido ARENA.

La derecha debe renunciar y más aún las nuevas generaciones deben renunciar al capitalismo de amigotes y parientes, ya que este tiene a la base la corrupción en sus diversas manifestaciones.

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Lo de la presidenta de la Asamblea Legislativa luego del reality de Reyes a estas alturas los televidentes lo entienden como la saga de juego de «truenos». 

¿Ya olvidó el FMLN cuánto criticó que el ENADE de ANEP recibía subsidio por parte de los gobiernos de ARENA? Y se los retiró. Acaso ¿no ven igual criterio discrecional usar el fondo circulante legislativo para donar a ALGES, AMT y  Las Mélidas? 

La discusión no es si merecían o no esa asignación, todas la Ong’s que luchan por los Derechos Humanos debiesen recibir una versión de deuda política, llamada deuda social por parte del Estado. Pero mejor haga una ley especial para ello y no se ponga como Papa en Roma aventar dinero como si fuesen bendiciones a la mesa que más le aplauda.

Evidenciado queda cómo se compran voluntades. El reportaje de El Faro sobre cómo las Dignas desistieron de seguir luchando por los Derechos Humanos legítimos de un sector de las feministas en la Sala de lo Constitucional por silenciar arbitrariamente una campaña publicitaria y de cómo Margarita Velado contuvo la intención y es ahora funcionaria de gobierno nos dice que de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno.

Corolario:

¿Quién organiza la corrupción? Siempre fue así. La corrupción es inherente al sistema ¿Cómo podemos entonces hacer para que el poder no nos corrompa? Más democracia, transparencia y desde luego vigilancia ciudadana. Sabedores de que nos ven, nos avergonzamos de hacer uso indecente de lo que no es nuestro.

¿Necesitamos que nuestros políticos sean héroes o tenemos que acostumbrarnos a la perpetua indignación? ¿No hay más posibilidades? Existe falta de voluntad política de atender lo que frustra a la gente y cómo los diputados lo obvian por atender sus mezquinos intereses.

No necesitamos promesas de políticos que finalmente no cumplen exijamos garantías legales. Quienes aspiren a dirigirnos deben mostrar que no tienen o están relacionados con intereses comerciales que contratan con el Estado, mostrar su declaración de renta y saber cuánto ganan antes de ser electos y desde luego una declaración patrimonial de ellos y sus familiares cercanos en consanguinidad y afinidad para saber qué poseen.

Esto que no está en ninguna ley ahora, hacerlo entonces ley. Sin excusas.  

Recién se publicó la percepción de países corruptos. En la región el más corrupto es Nicaragua y el menos Costa Rica. El Salvador comparte segundo lugar con Panamá. Somos menos corruptos que Guatemala y Honduras donde se han tenido que instalar comisiones internacionales contra la impunidad y crimen organizado.

Pero no olvidemos nuestra cultura de cumbo cangrejero, jalamos para abajo. El Salvador antes que superar a Costa Rica puede ser peor que chapines y catrachos.

Hemos visto como ante cada escándalo que vivimos la sanción que desde la población emana no espera trámite judicial o ético. Esto es reflejo de la apremiante necesidad por romper con las tramas corruptas de las elites que semana tras semana nos despachamos existen.

Si el bipartidismo no entiende que justificar es el principio del fin de su legitimidad y, que solo les ira quedando legalidad no entienden que el pueblo habla en claves y es labor de las elites descifrarlas para evitar el conflicto.