• Diario Digital | miércoles, 21 de agosto de 2019
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¿Votarán los salvadoreños por un rico?

¿Votarán los salvadoreños por un rico?

Un hombre no es más que otro sino hace más que otro. Luego no será este un artículo sobre lucha de clases. Se tratará de lo que FORBES e índices de desigualdad dicen sobre nosotros: en El Salvador 160 personas juntas reúnen 21,000 millones y contando de dólares mientras en el otro extremo hay 2, 300,000 pobres. Huelga escribir ambas cifras aumentaron desde 2009, es decir, durante los gobiernos FMLN: antes los más ricos eran 150 y los pobres 2, 000,000. 

Así que quién solo diga la mitad de las cosas estará mintiéndonos con el único principio de llevar agua a su molino. Es cierto la desigualdad bajó pero cifra de pobres creció y paradójicamente ahora hay más ricos. Esto sucede debido a la corrupción política y al sistema económico de expoliación que han legalizado y con ello legitimado los empresarios. 

Revisemos la historia: una paz armada garantizada por un régimen militar ha sido denominada por los conservadores como los mejores años.

La oligarquía terrateniente usaba a los militares para que administraran el país y ellos ocupaban un discreto segundo plano. Jamás se les ocurriría en aquellos tiempos competir por la presidencia.

Pero miopía política, miedo a la democracia y excesos contra la libertad llevaron al viejo orden a desaparecer. La oligarquía se vio por la guerra civil obligada a pasar a primer plano para organizar la firma de los Acuerdos de Paz de 1992 y hacer lo que se habían negado por décadas: reformar la nación. 

Y les gusto el protagonismo. En 1989 Revivieron el zombi de que manejar el gobierno debe hacerse como si fuese una empresa. Al amparo académico de los chicagos boys y con la imposición del consenso de Washington pudieron implementar unas medidas económicas que ofrecían «el rebalse» previa –eso si- privatización amañada y agrietadas leyes fiscales.  

Animados con las ideas de Friedman en lo económico la derecha hizo una equivocada lectura del electorado salvadoreño: asumieron que ganar elecciones significó vencer la guerra y que obtener el ejecutivo consecutivamente era un cheque en blanco. 

Pasamos de la oferta de plata y oro a recibir hierro y oxido. En el 2000 mientras EDH decía-mentía que Héctor Silva Arguello empataba con Luis Cardenal Debayle la realidad final fue 2 a 1 a favor del candidato de la izquierda ¿por qué? Porque no es lo mismo la voluntad de todos con la voluntad general.

http://archivo.elsalvador.com/noticias/EDICIONESANTERIORES/noviembre17/NACIONAL/nacio22.html

http://archivo.elsalvador.com/noticias/EDICIONESANTERIORES/marzo13/NACIONAL/nacio43.html

Y llegó 2003. Ciegos ante la derrota de Luis Cardenal la burguesía financiera-industrial asumieron la primera línea de la batalla política; la derecha enrumbaría definitivamente al país y la sola presencia de hombres ricos en el COENA sería suficiente argumento ad baculum.

Aquella elección bajo «hombres capaces» dejo como resultado al FMLN como la primera fuerza política nacional desde el fin de la guerra civil. 

El irónicamente llamado COENA SA de CV renunció en pleno y Paco Flores se convirtió en el primer presidente de la republica en no ser presidente honorario del partido. ¿Por qué? Porque la fuerza no hace el derecho.

http://www.elsalvadortimes.com/articulo/politicos/derecha-popular-coena-oligarca/20161023193805010213.html

2009 enterró el zombi surgido en 1989 al demostrar que los empresarios no necesariamente no son corruptos y menos buenos políticos. 

II

Ahora basados en que hay un grupo de políticos de clase media, ex guerrilleros y en muchos casos con posiciones económicas que antaño no tenían y que igual se creen con poderes distintos al ciudadano común y se han saltado leyes vuelven a pretender –los empresarios- dirigir el país reclamando ejercer la presidencia instalando la idea de que nadie mejor que sabe crear empleo: ellos, con el derecho para administrar el gobierno.

Así han surgido Javier Siman y Carlos Calleja, de la lista FORBES que los identifica como miembros de las familias más ricas de El Salvador que se arriesgan por el simple hecho de ser quienes son a otra vez desde la lógica de confundir gobierno con una empresa a hacer un remake de la historia de 1989. 

¿Notaran quiénes sostengan esas ideas (que administrar el GOES debería ser como una empresa) que es igual a pensar que porque soy dueño de mi casa lo soy de mi país? cuando es evidente la gran diferencia que hay entre una y otro.

Corolario:

Una de las características de la corrupción de Odebrecht en Perú, por citar un país, era que no existía diferencia entre funcionarios y directivos de las empresas. ¿Acaso en El Salvador 20 años no llevó a confundir lo privado con lo público y facilitó no solo la corrupción sino ese sistema de puertas giratorias usado por ANEP/ASI/ARENA mientras gobernaron? 

Los organismos internacionales sostienen que es el nuestro un país pobre con muchos pobres y, que los pobres, existen más que por el corrupto socialismo del siglo 20 y 21 juntos porque no hay una justa distribución de la riqueza (elusión/evasión/offshore); ausencia  de salarios decentes, meritocracia y oportunidades para el emprendedor sin que lo jodan no solo las extorsiones de las pandillas sino además grandes empresarios y un combate efectivo de la exclusión para devolver desde lo más afortunados, como en Europa, la deuda social desde organizaciones privadas –no de gobierno- de ayuda a los más pobres.

Nadie tiene la culpa de haber nacido en cuna de oro. Pero es falaz que sea culpa de los pobres serlo. Y menos la pobreza salvadoreña. Propagar esa perversa idea es dice Noam Chomsky usar la estrategia de reforzar la auto-culpabilidad: evitar rebelarse contra el sistema económico ya que toda la desgracia personal es debido a falta de inteligencia de capacidades y esfuerzos del salvadoreño (caso salario mínimo) cuando gobierna la derecha, pero será culpa de la izquierda, cuando la derecha es oposición.

Por eso es bien difícil, como no lo fue en 1989  o 1994 que un rico sea electo ahora presidente. Hay mucho significado vacio en ser empresario y político como para dejarlos que nos digan –siendo presidentes- qué hacer y qué no sin sospechar que para ello volverán la ley instrumento de injusticia como: Trump, Temer o Macri.