• Diario Digital | domingo, 23 de febrero de 2020
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Donald Trump: Presidente o Monarca

Donald Trump: Presidente o Monarca

Al igual que durante su campaña, la cual se caracterizó por su matonería peyorativa contra contendientes de partido y adversarios políticos, las primeras acciones de Donald Trump como presidente electo mantienen su estilo y auguran momentos difíciles para los Americanos, Latinoamericanos y el mundo entero.  Usualmente, los presidentes electos en Estados Unidos usan el umbral hacia la toma de posesión para limar asperezas partidarias e intentar unificar al país en torno a un nuevo mandatario.  Si bien las primeras nominaciones del posible gabinete de Trump no se salen de la clase política que atacó durante su campaña, lo radical de los individuos propuestos ha empezado a generar pavor y enojo entre la población que ya protesta institucional, organizada y espontáneamente en las principales ciudades del país. 

Aunque Estados Unidos ya tuvo la experiencia de elegir a un presidente que se comportó como un rey, no deja de asustar el que dos siglos después su sistema republicano se vea amenazado de nuevo por el poder de un solo individuo. Andrew Jackson, un militar y abogado terrateniente que fue electo presidente en 1828 por una mayoría blanca, bajo la percepción de provenir de fuera de las elites de poder de aquel entonces, fue quien además de haber desterrado al menos seis naciones de Nativo Americanos hacia el oeste del ahora territorio estadounidense, instauró un sistema de conveniencia (Spoil System) bajo el cual se premia con empleos a adeptos, amigos y familiares.  Jackson hizo caso omiso de una decisión de la Corte Suprema de EEUU que declaró inconstitucional la expulsión y confiscación de tierras de los Indios Americanos y relegó a segundo plano a varios de sus ministros, funcionando con un “gabinete de cocina”  o ministros incondicionales.  Al igual que Trump, Jackson era mecha corta.  Lo único que en vez de enviar mensajes tuits a comediantes críticos como lo hace Trump, Jackson los retaba a un duelo con arma de fuego.

Donald Trump está dando señales de ser un presidente respetuoso del status quo y el sistema político electoral que lo lleva al poder, proponiendo ministros desde dentro de la misma clase política y ejecutivos de la Bolsa de Valores de Wall Street. Sin embargo, sus manifiestas intenciones en continuar morando en la Torre Trump y no en la Casa Blanca como todos los demás presidentes, sus amenazas a corporaciones Estadounidense que tienen sus oficinas centrales en el extranjero, su comunicación con Taiwan y Rusia, hacen pensar que el presidente tiene intenciones de gobernar al estilo rey.  Aunque puede que Donald Trump personalmente desconozca en sí el ejercicio de la presidencia, mantiene en vilo a su país, y al mundo entero con su discurso nacionalista y a menudo antiglobalización. Sus recientes amenazas a China, su posición respecto de la OTAN y ONU y sus últimos nombramientos de una billonaria para la Administración de Pequeños Negocios y al Gobernador de Iowa, amigo del mandatario Chino, para embajador en dicho país, son un zigzag que causa más incertidumbre que temor.

Independientemente que el sistema de frenos y contrapesos que rige la república estadounidense permite a Donald Trump gobernar como un presidente o monarca, Latinoamérica, y especialmente los países centroamericanos del triángulo norte, El Salvador Honduras y Guatemala, se mantienen muy atentos al cacareado muro, corolario del discurso de campaña que lo llevó a la presidencia. Aunque el nombramiento del General  John Kelly no es oficial, la sola consideración manda un mensaje al triángulo norte, por su conocimiento y posición respecto del origen de la migración de centroamericanos para Estados Unidos. Por su experiencia en el Comando Sur, que operó desde Panamá por mucho tiempo, el Gen. Kelly conoce muy bien los países centroamericanos y el Caribe.  Si bien Trump no va erigir un muro físico, sus políticas económicas y migratorias, puede tener consecuencias nefastas para México, El Salvador, Honduras y Guatemala, dependientes de remesas e inversiones del Tío Sam.