• Diario Digital | miércoles, 21 de agosto de 2019
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Visión “Príncipe” y “Principito” colisionan en gobierno y partido oficial de El Salvador

Visión “Príncipe” y “Principito” colisionan en gobierno y partido oficial de El Salvador

La debacle desatada por los resultados de las elecciones de diputados y alcaldes en El Salvador es grave no por castigar a la dirección del FMLN, sino por enfrentar a su militancia y simpatizantes, erosionando no sólo su identidad ideológico-política sino su futuro.  Si el asunto fuera de reemplazar su dirección o comisión política, se resolviera en una encerrona entre los grupos que han sobrevivido un balance en la gerencia de su poder político, a partir de la negociación de la guerra. La verdadera tragedia es el huracán ideológico que “samanguea” las bases del partido, incluyendo adeptos dentro y fuera del país, que por medio siglo invirtieron sus esperanzas, su vida, su sangre, en el proyecto FMLN. En el ojo del ciclón friccionan los dos conceptos que formaron a la militancia y dirigencia de dicho partido, lealtad ciega e incondicional y pragmatismo, de la cual el gobierno actual es síntesis e icono.

Mientras no se aborden las prioridades del país y el funcionamiento del FMLN, este seguirá la experiencia del PCN y su dirigencia, el destino de la “tandona” del ejército, perdedor en la negociación de la guerra. No hace falta expertos para ver que la obra de los dos últimos gobiernos no ha priorizado las necesidades de la mayoría pobre y clase media de a pie. También es obvio que el FMLN no tiene una promoción de cuadros y democracia interna que le permitan tener candidatos entre los militantes de su partido, por lo que inscribe candidatos de fuera. Los cuadros desarrollados tienen pensamiento crítico propio, aprenden de la población, escuchan otras perspectivas, ponderan y traen ideas al partido, pero esa independencia y valentía ha sido considerada como traición por años. La cantera de cuadros promovibles a dirección y candidaturas es limitada, por eso el partido ha estado destinado a fenecer.

Una experiencia que epitomiza esta problemática es el manejo de la precandidatura presidencial del frente. Se ha manejado en los medios de prensa tradicionales y alternos de El Salvador, que el ungido en el FMLN es Gerson Martínez y los demás deben aceptarlo.  El mensaje que esto lanza a sus militantes y simpatizantes es que las decisiones las hace un grupo reducido de personas. Eso no significa que Gerson Martínez sea un mal candidato o vaya a ser necesariamente un mal presidente, pero sí, niega poder de decisión a su militancia y a las aspiraciones potenciales candidatos como Oscar Ortiz, Hugo Martínez y  Nayib Bukele. Al frente lo hubieran fortalecido unas primarias con la participación de estos cuatro personajes. Dado el momento hipercrítico de la corrupción, la reputación de honradez de Gerson Martínez y la promoción mayoritaria de la dirección del partido, lo más seguro es que él hubiera ganado las elecciones internas.

La desconfianza en la opinión de la militancia viene de la formación misma del partido, cuyo centralismo democrático catequizado funcionó muy bien en la clandestinidad, cuando miembros y simpatizantes no conocían a sus dirigentes. Los militantes del frente se formaron con una ideología de nobleza, lealtad y disciplina personificada en “El Principito” de Saint Exupéry, que el mismo ex-ministro de Obras Públicas le dedicará un monumento en una de sus mayores contribuciones al país. Mientras entre los dirigentes del FMLN sobrevivientes de la guerra -- solo unos cuantos tuvieron un limitado acceso a la biblia de los políticos, el “Príncipe”, de Maquiavelo que promueve pragmatismo transformador.  Es la desconfianza en la diversidad de pensamiento y la no adaptación a una militancia y dirigencia pública en tiempos del periodismo ciudadano la que los ha llevado a someter a las bases a una obediencia ciega.

El rechazo al FMLN que de carambola tiene al ex ministro Gerson Martínez en desventaja, tampoco niega el que este haya sido un honesto servidor público. Gerson ha demostrado ser un excelente gerente en términos de realizar obras propuestas y presupuestadas, pero eso no lo hace visionario. Su visión política es la que concentró sus obras monumentales en un radio de menos de 10 kilómetros cuadrados. El gobierno de Sánchez Cerén ha hecho muchas obras en el agro, a favor de minifundistas y latifundistas, y el MOP su respectiva parte en trabajos de mitigación de catástrofes vecinales. Sin embargo, las obras más visibles a las mayorías son las que cuentan a la hora de votar. Los más de 200 reservorios que el MAG hizo para campesinos pobres en el oriente del país y los miles de pilones de cafeto a cafetaleros, han sido simplemente opacados por los megaproyectos del MOP alrededor de los centros comerciales del área metropolitana capitalina.

Si el presidente Salvador Sánchez Cerén hubiera sido pragmático según “El Príncipe”, hubiera usado más el veto a las políticas que ARENA impuso en la Asamblea Legislativa, en vez de usar su firmeza para castigar a críticos dentro de su gobierno a posteriori. Más que reuniones con partidos, la bancada del FMLN debió haber rechazado los proyectos privatizadores de las pensiones de retiro y los recortes a los subsidios de servicios públicos a las mayorías pobres.  ARENA ha estado respondiendo a los intereses de quienes pagan sus campañas, protegiendo a los cañeros por ejemplo, mientras el MOP y el fondo VIAL reparan las carreteras dañadas por sus camiones con impuestos de la ciudadanía en general.

El descontento entre los salvadoreños en el exterior tampoco es un capricho de estos en las redes sociales.  Al igual que todos los mandatarios anteriores, Sánchez Cerén ha seguido las políticas de ordeño a los hermanos lejanos, cargándoles el costo de la seguridad en las comunicaciones telefónicas con sus familiares. Con la terminación del programa de TPS, el frente ha tenido la oportunidad de reivindicarse con los salvadoreños en Estados Unidos, pero al igual que los partidos de oposición, el partido oficial sólo en apariencia apoya a estos compatriotas que serán deportados. El gobierno de El Salvador mantiene el menaje o exención de impuestos a las pertenencias  de los retornados en $20,000, mientras Perú y Ecuador eximen más de $100,000 en enseres, vehículos, herramientas y otras pertenencias a sus repatriados.  Los salvadoreños en EEUU, en su mayoría trabajadores de servicios, paga $60 por un pasaporte y $35 por un DUI.  Ni la generosidad del “Principito”, ni el pragmatismo del ”Príncipe” llega a los hermanos lejanos, que además de ser víctimas del crimen en El Salvador, pagan con sus impuestos a la telefonía el plan de seguridad del Estado.

Un año es insuficiente para que el gobierno recobre su rumbo con una asamblea adversa y para que la dirección del frente recupere su prestigio y gane la próxima elección presidencial, pero si es suficiente para que un partido rectifique, se revitalice y replantee objetivos estratégicos que lo arraiguen de nuevo al pueblo y continúe su lucha por las mayorías. No necesita plantearse un socialismo que expropie a latifundistas, ni la expulsión de compañías extranjeras, pero si programarse una economía sostenible y sustentable que armonice con el medio ambiente, genere empleos y desarrolle el país, mientras atienda las necesidades de los marginados. También puede promover el fortalecimiento del estado de derecho en función del país y no de intereses partidarios.