• Diario Digital | martes, 10 de diciembre de 2019
  • Actualizado 16:46

Al maestro con cariño

Al maestro con cariño

Gratos recuerdos de mi niñez, infancia y adolescencia vienen al  recordar a mis maestros en las aulas públicas y privadas. Un gran respeto y admiración. Me pregunto ¿Qué recuerdos tendrán los chicos de hoy? ¿Son sus maestros un modelo a seguir para integrase sanamente a una sociedad de este tiempo?

Recuerdo especialmente a un maestro de secundaria que a pesar de sus limitaciones económicas por atender una familia de cuatro hijos, siempre fue un ejemplo de inteligencia, pulcritud, honestidad y actitudes comprensivas y humildes hacia nosotros y nuestras familias. Al igual que Angelita Panta, mi maestra de primer grado, estricta y meticulosa pero con un gran carisma que se revelaba en sus  delicadas actitudes. Son imágenes imborrables y agradecidas que el tiempo no ha podido borrar.

Los tiempos han cambiado, la situación del país y del mundo es crítica, un  permanente caos social,  espiritual y económico abate a la gran mayoría de familias.

Ante esa realidad nuestros muchachos deben estar preparados para enfrentar e insertarse adecuadamente a una sociedad discordante con abundante y cambiante información  técnico- científico, mano de obra especializada para los requerimientos de la producción de bienes y servicios; y para impulsar el arte y la cultura.

La formación  de la personalidad de  los niños se adquiere por imitación. Quieren imitar a los triunfadores, a los que obtiene los bienes que le hacen agradable el buen vivir. Toman el modelo que la sociedad promete en todos los niveles. Este modelo es un desarrollo curricular que no está totalmente en la propuesta que los Ministerios de educación ofrecen. Esto es la vida misma reflejada en lo que la sociedad actual demanda y ofrece, lo oculto. Si en  este modelo vemos que el triunfador es el “vivo”, el sinvergüenza, el corrupto, el mafioso y dejamos que este modelo se adhiera  a nuestros jóvenes, hemos fallado.

Esta realidad se presenta ante un  sistema educativo deficiente: la mayoría de  profesores de  escuelas públicas y privadas  están desactualizados, en gran proporción  mayores de edad  con  dificultades de actualización. Los más jóvenes tienen problemas en su formación gramatical, oral, didáctica; muchos adolecen del espíritu moral y carismático que pregonara Camilo Campos en  “Normas supremas”

El desenfado parece venir de sus condiciones laborales, su  bajo salario especialmente en el sector privado y en las condiciones de la estructura escolar deficiente y saturada de alumnos. Mejorar el sistema requiere de recursos que parecen no estar disponibles; para llevarlo a la práctica se requiere aumentar considerablemente el presupuesto asignado al MINED.

Ante esta compleja trama del sistema la actitud cómoda es: dejar hacer, dejar pasar; hacerse creer que el problema no es nuestro que,  es externo, de la sociedad, el mundo, el Estado, los padres de familia o el director del centro educativo.

Me parece que buscamos la respuesta fuera de nuestro ser, cuando necesitamos urgentemente  al maestro con vocación, al modelo revolucionario, al líder del cambio social, necesario para enfrentar un mundo que avanza vertiginosamente.

Habrá que  capacitar y actualizar a los docentes  para que sean modelos de vida, que mejoren su gramática y oratoria, su vestuario; que se  comporten como los modelos que nuestros niños y jóvenes requieren, que  no  escondan sus debilidades o vicios en los aleros de las organizaciones magisteriales o políticas. Monitorear y evaluar permanentemente a funcionarios, empleados y profesores, de tal manera que los que no cumplen con los requerimientos necesarios den espacio a los cientos que esperan una oportunidad.

Se requiere de un maestro consciente del compromiso como orientador de las futuras generaciones, comprometido socialmente  y con respeto hacia el ser humano,  la democracia, la convivencia armónica  y hacia los sectores sociales más desprotegidos.