• Diario Digital | Viernes, 24 de Mayo de 2019
  • Actualizado 16:55

Entelequia

Quizá en este momento de crisis social en todos los ámbitos de la vida de nuestra civilización,  lo más importante es tratar de apreciar hacia dónde vamos.

Diversos títulos sugestivos muestran un panorama desde oscuro hasta nefasto: Fin de la historia, fin del capitalismo, fin de la humanidad, El Apocalipsis ya está aquí, Cristo Viene, los extraterrestres, etcétera. Todo un panorama que nos induce al temor, al miedo, a la inseguridad de nuestro futuro.

Lo cierto es que hay una crisis expresada en la profundidad de la brecha entre ricos y  pobres , pandemias que afectan la salud provocadas por la ingesta de alimentos ricos en grasas y azúcares, el cambio climático procedente de los residuos industriales  y los hábitos depredadores de la sociedad de consumo; el manejo inadecuado de los avances de la ciencia como la contaminación de los mares por los residuos tóxicos o  nucleares  , la inestabilidad política donde la democracia ha sido subyugada por el mercado y la profunda crisis de los valores que han dado consistencia y permanencia a la civilización occidental.

Todos estos signos- según los estudiosos de la historia- apuntan a la declinación de nuestra civilización tal como la conocemos y que arranca desde la época de la democracia en Grecia y el mediterráneo.

Los científicos más prestigiosos como el sociólogo alemán Wolfgang Streeck en su obra: ¿Cómo terminará el capitalismo? define la era post capitalista como un interregno (fin de un periodo e inicio de otro) inestable e ingobernable, en el que los individuos, abandonados a su suerte, podrán ser golpeados por el desastre en cualquier momento.

Los sociólogos ingleses: Nick Srnicek y Alex Williams en su obra: “Inventando el futuro: Post capitalismo y un mundo sin trabajo”, argumentan el fracaso del liberalismo y la social democracia, demandan una economía pos capitalista en la que “la tecnología nos libere del trabajo y amplíe nuestras libertades”.

Desde esa perspectiva la robotización de muchos procesos industriales– ya en marcha-. Dejará sin empleo a millones de personas, la inteligencia artificial se encargara de muchas tareas comerciales y  hogareñas con la afectación a la familia nuclear tal como la conocemos. Millones de hombres sub empleados y desempleados conformaran un ejército de mano de obra lista para una guerra de sobrevivencia.

Sin ir más lejos y ante esta apabullante mirada de lo que está sucediendo en nuestro entorno: ¿cuáles podrían ser como país, nuestras alternativas ante esta situación?

Creo que tenemos dos fortalezas: el clima y nuestra gente. El clima por su abundancia de vegetación y agua y la gente porque su historia de supervivencia en condiciones difíciles esta acostumbrada a trabajar arduamente.

El clima tropical y nuestra cercanía al mar –adonde conducen todos los ríos- en un espacio pequeño que podemos controlar. Deberíamos de intensificar y tecnificar  la producción agropecuaria, (ganado, peces, vegetación) con la investigación e innovación en los procesos productivos, de tal manera que de acuerdo a las nuevas tendencias de consumo-más sano y natural-, podamos ofrecer nuevos productos que en base a  ofertas novedosas ,integrales y saludables.

Desarrollar nuevas especies de frutas, hortalizas, vegetales, ganado, peces y otros productos  que satisfagan la creciente demanda de consumo e incorporar a los procesos de producción para llevar a los mercados que no tienen estas posibilidades de cultivo clima y cultivo permanente como nosotros. A la vez invertir en formación y calificación del potencial humano que nos permita un valor agregado en la producción y en la calidad de vida.

Esto es un ejercicio de entelequia para llamar la atención a los nuevos líderes  constructores de futuro, para enfrentar un mundo que ya está a las aduanas del presente.