• Diario Digital | sábado, 24 de agosto de 2019
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Los proletarios

En la terminología jurídico romana, el término “proletarii “eran los ciudadanos que no tenían en el censo ningún asiento frente a sus nombres, salvo su descendencia: los proles. La definición del término me llevo hasta el historiador Inglés Arnold. J. Toynbee y el uso amplio de este término.

“la palabra proletariado  se usa para significar cualquier elemento o grupo social que en alguna manera este” en” pero no sea “de” una sociedad determinada, en una edad determinada de la historia. En otras palabras,  un proletariado es un elemento o grupo  “en” una comunidad  que no tiene “interés”  en ella, fuera “de” su existencia física. Prosigue: “Decir que los proletarios no contribuyen con nada, salvo su descendencia a la comunidad, es un eufemismo  con el que se dice que la comunidad  no les da remuneración alguna  por cualesquiera de otras contribuciones  que puedan traer al bien público (sea voluntariamente o por compulsión).Este es el sentido amplio de la palabra proletariado y no el sentido especializado  de población trabajadora urbana  que utiliza la técnica económica  occidental moderna llamada “industrialismo”  y es empleada bajo el régimen económico occidental moderno llamado “capitalismo” 

El uso restringido de la palabra que es corriente hoy y puesto en circulación por Marx como uno de los términos técnicos  que acuño para trasmitir los resultados de estudios de su historia”.(Estudio de la historia volumen1, pág. 64, 1935)”

Viniendo al presente y a nuestro entorno social, estos segmentos poblacionales, que han venido acompañando los procesos históricos del país, se convirtieron en receptores de las estrategias políticas y electorales de los partidos y fuerzas gobernantes desde  la colonia, la república, la democracia  y la guerra. En el periodo de los gobiernos militares fueron más obvias las primeras “entregas” en forma de dádivas de tierras e insumos para una vivienda digna y para el fomento de la  agricultura. Posteriormente con el nacimiento de la “democracia”, la táctica no se olvidó, se volvió un poco más refinada. La proclama del 79 con todo su plan de reivindicaciones y de contrainsurgencia favoreció a los grupos más “excluidos” y en pleno conflicto armado era parte del ideario revolucionario y táctica de contrainsurgencia. En los tiempos actuales la persuasión o “compra” de voluntades, sigue siendo la misma con  variadas y refinadas formas de acuerdo a los  avances de la economía y la técnica política.

Desafortunadamente ese modelo de persuasión para lograr apoyo y poder, se usa en forma siniestra en la vida política del país, que  ha creado personas dependientes, haraganas, faltos de creatividad y esfuerzo. Esperan que todo les llegue por “añadidura”. No tienen un criterio e identidad que fortalezca su carácter independiente  en ese sentido. Da pena ver como organizaciones e instituciones ponen a disposición de barrios y colonias proyectos de todo tipo para elevar su calidad de vida y la mayoría decaen por la poca participación activa de los destinatarios. Miles dependen de las remesas, otros prefieren arriesgarse y buscar la satisfacción de sus deseos delinquiendo: estafando, extorsionando, asesinando. O cualquier forma de obtener lo que desean sin mayor esfuerzo.

 ¿No seremos culpables nosotros mismos de este mal social que tanto nos abate y estigmatiza?

Por doquier existen grupos sociales y países que han enfrentado situaciones duras y adversas y  han salido adelante con el esfuerzo conjunto de todos los segmentos sociales. Nada de dadivas que fomenten la molicie, el despilfarro o a los gañanes arribistas e hipócritas. 

Realmente es urgente y necesario una limpieza mental y moral de la esferas del poder para que actúen de otra manera y dejen de corromper a un grupo de ignorantes y aprovechados en sus esfuerzos por llegar al poder.