• Diario Digital | Viernes, 22 de Febrero de 2019
  • Actualizado 20:44

¿Una granja país?

La situación mundial que se avecina es digna de preocupación, dicho de otra manera, “los signos de los tiempos” son preocupantes. Y merece un análisis profundo sobre los efectos que tendrá en todos los aspectos de la vida de las personas y los pueblos. Mi preocupación y el atrevimiento de escribir estas líneas es por nuestra gente, nuestro pueblo, nuestro país. Y hablo sin distingo de clases sociales.

Es usual decir que “la riqueza es nuestra gente”. Cerca de 2,5 millones viven en el extranjero y 6 millones acá, la mayoría en los umbrales del desamparo. Cientos de profesionales “brillantes” laboran y residen fuera del terruño. Miles han aprendido, oficios y nuevas tecnologías. Trabajan lejos de su patria contribuyendo a la economía y la riqueza de otras naciones. Los que aquí residimos sabemos de la precariedad de los países pobres.

Nuestra clase empresarial está desfasada con la renovación de su parque industrial. Hay pobreza colectiva amarrada a una cultura ancestral que inmoviliza el desarrollo. Unos más, otros menos, hemos aprendido a vivir en la precariedad y usar el estado como un comodín para obtener riqueza con poco esfuerzo y honestidad. Es la cultura del chanchullo, no de probidad y transparencia.

El avance de la tecnología desplazara mucha mano de obra, en tareas que puede ser automatizadas y donde trabaja mucho salvadoreño en el extranjero. Esa mano de obra calificada deberá buscar otra ruta de destino o regresar al país. Para los intelectuales, por el momento hay respiro; pero muchas tareas de ciencias aplicadas caerán en este orbe. Para la industria y el comercio, la innovación, la tecnología y globalización son condiciones dominantes contra las que es difícil luchar. Deprimen sus iniciativas. Hay entonces que buscar alternativas más cercanas, próximas y pertinentes a partir de los signos de los tiempos.

La riqueza de este país desde mi visión, es además de su gente, la tierra y el clima. Nadie muere de calor o frio. Podemos producir en ciclos permanentes. Hay una gran cantidad de tierra ociosa privada y del estado. Muchas cooperativas desperdician las cantidades de tierra a su disposición por mala administración e incapacidad técnica y económica. Latifundios y minifundios no son capaces de producir lo necesario para que la población que aquí vive pueda alimentarse. Si producimos en la tierra y el mar; comemos bien, somos saludables, producimos más y mejor.

No es nuestro fuerte la investigación científica y tecnología. Pero si podemos producir materia prima para procesar y exportar. Necesitamos lideres fuertes que, junto a los hombres débiles social y culturalmente, se armonicen para producir el cambio que beneficie a todos. La no cooperación es la causa de la caída de las civilizaciones y los pueblos.

Necesitamos una visión de país que tenga como fuente para el desarrollo la producción agropecuaria, que nos permitirá tener un valor agregado en la región. Y aquí quiero hacer énfasis que es una apuesta total para todos y en todo. El desarrollo del comercio y la industria, el turismo, la tecnología, la educación, la capacitación, las políticas públicas, las obras de infraestructura, etc.; debe ir en función del desarrollo Agropecuario y beneficiarse de él.  Cada quien desde su entorno.

Una estrategia integral en este sentido beneficiaria a todos pues es un “cluster” que puede enlazar todas las potencias intelectuales, económicas, sociales, culturales y políticas. Ser un país diferente y fuerte.

¿Parece alcanzable, ¿verdad? Pero difícil cuando los intereses de los grupos de poder son divergentes; atomiza el poder y la voluntad.  Necesitamos un acuerdo de nación. Donde todos construyamos un solo propósito. Basta de descalificar sin bases o por nada. Realizar, concretar es lo correcto, lo demás solo son palabras. ¿No creen que ya es hora de que emprendamos algo en serio y dejar de ser egoístas y obcecados?