• Diario Digital | jueves, 12 de diciembre de 2019
  • Actualizado 16:40

Emprendedurismo universitario vs trabajo informal

Emprendedurismo universitario vs trabajo informal

La universidad del meme

Han pasado los días y mantenemos la cara de asombro, de plena desilusión. Se conoció por medios informáticos  y redes sociales que una universidad de “alto prestigio” de nuestro país alienta a sus alumnos a vender periódico (uno con bastante sesgo) dentro de sus instalaciones. Lo hacen de manera formal y lo muestran en un comunicado como una herramienta útil del desarrollo, lo llaman “emprendedurismo”. Nada más lamentable que hacer creer a los alumnos de niveles universitarios que el sector de venta informal (del cual se llenan las calles y avenidas de todo el país cuando los mercados no dan abasto) es la solución para los graves problemas que enfrentamos en casi todos los tópicos: Economía, seguridad, salud,  tecnología, medio ambiente, ciencias, arte, etc…

Por lo visto es necesario hacer espacio para enseñarles a los líderes y rectores de esta triste universidad  lo que significa “emprender” o “innovar”. Emprendedurismo: Es básicamente un proceso en que una persona lleva su idea a convertirse en un proyecto concreto, sea con fines de lucro o para beneficio social, tomando en cuenta factores de innovación, desarrollo y empleo. La innovación (que es una palabra primordial en la definición) implica el desarrollo de nuevas tecnologías en los diferentes campos que ayuden a mejorar  las vidas de muchos. Todo se puede llevar a otro nivel  reformulando lo que hay para mejorarlo. 

Quienes son visionarios  saben que las sociedades necesitan constantemente de nuevos servicios o productos innovadores que les ayuden en el día a día. La herramienta universitaria es una de claves importantes de la innovación; ya que mediante los conocimientos profesionales se pueden medir sistemáticamente las necesidades y los problemas que afectan a la población, con el objeto de buscar mejores soluciones con nuevas ideas. Las ciencias y el profesionalismo alcanzado por medio de los estudios superiores deberían estar directamente vinculado con la innovación y el desarrollo de la Nación. Las grandes universidades en todo el mundo son el principal semillero de jóvenes emprendedores que buscan estar siempre a la vanguardia de la tecnología.

Veamos un ejemplo para entender la situación que nos acontece a nosotros más claramente: Es loable que un alumno de bajos recursos que no encuentra trabajo formal y digno venda periódicos por las mañanas, exponiendo su vida a todo tipo de peligros como el tráfico vehicular o las pandillas, para  conseguir recursos necesarios para su alimentación y pagar sus estudios superiores a los que asiste por la tarde-noche, con el fin de mejorar la calidad en todos los aspectos de su vida. Pero me imagino la decepción al llegar a la universidad y darse cuenta que sus profesores le tienen una sorpresa: “Paga nuestra universidad, hazte profesional y  te enseñaremos a salir de la pobreza vendiendo periódico”.

Nada más irónico, ilógico y lamentable si hablamos de estudios profesionales.  Para hacer “memes en las redes” no se necesitan estudios pero supongo que esta universidad pronto sacará una carrera completa para trazarlos con excelencia y buen humor.         

Trabajo informal

La venta informal no es una innovación en Latinoamérica (con especial énfasis en los países pobres) sino un grave problema, un elefante de proporciones dantescas. El trabajo informal centrado en las ventas no tiene nada de nuevo y es solo “una solución inmediata a la falta de empleo” que afecta a El Salvador por décadas. La venta informal no ofrece garantías ni soluciones a largo plazo, las personas no reciben prestaciones sociales como salud o retiro digno, y en la mayoría de veces se trata de vender productos de bajo costo en las calles. De qué hablamos: Vender agua, tomates, aguacates, estuches para teléfono, lentes, peluches y otros miles de productos; debajo del impetuoso sol, sin acceso a baños ni agua potable, en medio de las calles, afuera de los mercados  y ahora también, gracias a nuestros catedráticos, periódicos impresos dentro de las universidades.

Las cifras de personas que cotizan al ISSS y aportan a las AFP (podría andar en 600.000 al mes) son muy bajas, tomando en cuenta la población económicamente activa, y nos dan estridentes gritos sobre el grave problema que hay en todo territorio por la falta de empleo formal y digno. La falta de trabajo regulado empuja a las personas a emigrar a los Estados Unidos o formar parte de los ejércitos de vendedores ambulantes que bien podría superar la cifra del millón.  Con una bolsa de dulces puedes iniciarte en los buses como vendedor informal y obtener de 5 a 7 dólares al día.  

El centro de la ciudad capital San Salvador es un ejemplo perfecto del grave problema que genera la venta informal en nuestro país. Decenas de calles tomadas por vendedores, toneladas de basura que se producen día con día, desorden vial y comunitario, violencia y delincuencia encubierta en “pequeños negocios” que no pagan impuestos y mueven gran cantidad de productos ilegales, piratas y traficados. Es notorio que el actual alcalde de San Salvador Nayib Bukele, ha procurado  mejorar el rostro de la capital limpiando algunas calles y parques; pero aunque el objetivo es correcto y sano el problema persiste debido a la magnitud envolvente del mismo, la necesidad de llevar alimento a casa. Un cálculo exacto es imposible pero los vendedores informales del Centro Histórico se cuentan por miles. Hace pocos días he dado una vuelta por el conocido Hula Hula y otros sectores del centro y lo cierto es que el reordenamiento está lejos de ser algo tangible. La venta informal persiste y da la sensación que se necesitan unos 10 mercados del tamaño de estadios de fútbol para dar cabida a todos los vendedores informales.

Son muchos años y esfuerzo los que se necesitan para darle una solución digna a todos los implicados en el sector informal.

Factores incidentes de riesgo

Los factores que arrinconan a grandes cantidades de personas al sector informal son variados: La falta de oportunidad en casi todas las áreas del arte y el deporte, un salario mínimo  bajo (a pesar del aumento que se tuvo a principios de este año), una industria basada en la maquila, la falta de educación básica, la falta de apoyo del gobierno en materia económico para fortalecer y legalizar las empresas, la violencia pandilleril  y el desinterés generalizado por la innovación.

Los partidos políticos no han podido solventar el problema. Ni la derecha ni la izquierda han logrado sacar a flote el barco económico de nuestro país. Por supuesto ellos si han favorecido sus propias empresas utilizando al dólar y las políticas neoliberales como instrumento económico mientras aprietan,  comprimen y desalientan la economía salvadoreña del de a pie.  Ambos partidos, que han gobernado en los últimos 25 años, utilizaron y utilizan la musculatura del Estado para favorecer sus emprendimientos y darles aires de gigantes, grandes muy grandes negocios.

Mientras tanto las economías de las capas medias y menos favorecidas se deprimen por falta de empleo formal,  remuneración de salarios por debajo de los estándares internacionales, gastos en servicios privados que el Estado debería proveer como salud, educación y seguridad. Los altos costos de los hidrocarburos, las inmensas trabazones,  las políticas económicas  basadas en imponer más impuestos al grueso de la población y los pocos resultados de las llamadas "políticas sociales" llenan el vaso de la desigualdad.

Y para colmo se suma un nuevo factor de riesgo: Las universidades que en su loable labor educadora deberían estar analizando como potabilizan el  agua salada y sanean los ríos contaminados del país, invierten en recursos técnicos y estudios profesionales para mejorar las fuentes de energía renovables y procuran que los alumnos entren de lleno a la robótica, la física cuántica y el desarrollo de tecnologías para surcar el universo y sus confines; enseñan en cambio a sus alumnos (por una módica cuota mensual) a vender periódicos.