• Diario Digital | jueves, 12 de diciembre de 2019
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Gustavito, realidad o mito

Gustavito, realidad o mito

Los hechos

Hace pocos días se conoció de un hecho insólito, increíble y al mejor estilo de “solo pasa en El Salvador”. Según reportaron las autoridades competentes varios delincuentes entraron al Zoológico Nacional en el sigilo de la noche con el único objetivo de atacar impunemente con machetes, pica hielos, piedras y varas de hierro al hipopótamo que allí reside, valga la pena decir,  era el animal de mayor atractivo para los visitantes.   Nadie vio nada, nadie oyó nada y el herbívoro parece que tampoco se defendió ni emitió ruidos durante el ataque. Sus cuidadores al notar que el hipopótamo no salía a comer (días después),  decidieron verificar lo que sucedía y encontraron al animal  herido casi de muerte, víctima de la violencia social.

Gustavito, el nombre que se le puso al hipopótamo en un concurso, no soportó la paliza. Al día siguiente del anuncio  oficial del ataque murió por obvias causas. Fue enterrado en un abrir y cerrar de ojos sin permitir acceso la publico en general. El espacio físico (el reducido charco donde vivía)  y emocional (en el corazón de los salvadoreños) quedo vacío. La sociedad, tanto nacional como internacional, fue conmocionada por tan grave hecho.

De inmediato organizaciones del mundo entero, que luchan contra la violencia hacia los animales, se pronunciaron lamentando los terribles sucesos y solicitando a las autoridades el cierre definitivo del zoológico. Al día de hoy el Zoológico Nacional de El Salvador permanece cerrado sin saber cuándo reabrirá sus puertas al público. 

Olas de indignación

La inmediata indignación de la gente (acostumbrada y a la vez harta de la violencia) caminó en varios sentidos. Todos ellos con profundas raíces en las problemáticas endémicas de nuestro país, que parecen prologarse a través de los años sin importar si está la derecha o la izquierda en el poder. 

La primera reacción de la gente se manejó entorno a una sociedad enferma de violencia. Y no es para menos: la cifra de muertos para el 2016 nos alcanzó para ser ubicado como país más violento de Centroamérica con un  promedio de 18 asesinatos al día. Además el país más violento del mundo en ausencia de guerra. La mayor parte de las muertes fueron ocasionadas por los constantes enfrentamientos entre la PNC y las distintas pandillas que causan zozobra en el país. Hay también en nuestra sociedad un fuerte componente  de violencia contra la mujer, violencia social por intolerancia y violencia relacionada con los bajos niveles de cultura en la población en general. 

Gustativo, el hipopótamo del zoológico, también fue según la versión oficial, víctima de una violencia social sin sentido de la que nadie escapa. Las posibles versiones son variadas y espeluznantes: pandilleros que habían amenazado a las autoridades del zoológico por falta de pago de renta, empleados con resentimiento que decidieron desquitarse con el hipopótamo,  una vendetta política para hacer quedar mal al gobierno y otras más (una diputada de oposición incluso menciono a bolos).

Pero si hablamos de violencia dentro del zoológico el caso de Gustavito no es aislado. Ya hace algún tiempo se reportó, en un caso menos grave, que jóvenes dañaron con una piedra el pico a un ave exótica. De por si el inadecuado mantenimiento que reciben los animales (llamase mala alimentación, jaulas sucias y pequeñas, etc) implica un nivel de violencia . Para colmo la falta de seguridad en el lugar y a los animales es evidente.

Después vino una segunda ola de indignación (a la que un reconocido periodista que vive en el extranjero llama “pendejadas”) tocante al mal estado del parque Zoológico Nacional. Y con toda razón si nuestro zoológico es una vergüenza de gran envergadura.  Durante años ha sufrido el abandono gubernamental que se tradujo en una destrucción paulatina del entorno natural y por supuesto una desatención grave a los animales que cohabitan en el parque. 

Como ya hemos dicho en un documento anterior sobre la visita al parque; y cito: “Después de la tremenda decepción que llevé al visitar el Parque Nacional Zoológico ubicado en San Salvador, el cual, lo menciono con indignación,  está en condiciones lamentables y comparado a su símil de ciudad de Guatemala queda en vergüenza”…(Febrero 2015)

A la fecha hay varios casos documentados de los extraños comportamientos de los animales dentro de sus jaulas por estrés, falta de alimento, falta de compañía y mala atención sanitaria.  Los animales solo desaparecen (mueren) y las pequeñas jaulas van quedando vacías. Las instalaciones están tan descuidadas que hace un tiempo un grupo de estudiantes cayó al rio cuando  atravesaban el puente que lleva al aviario. Por suerte no hubo muertos solo heridos. 

El mal estado del zoológico no es una excepción sino más bien la regla de muchas las instituciones manejadas por el Estado. La falta de fondos, la poca capacidad para administrar los recursos del Estado y el desinterés por el patrimonio nacional provocan  que hermosos balnearios, parques nacionales,  lugares turísticos con gran potencial estén prácticamente abandonados o reciban una mínima atención (y una mínima porción del presupuesto).

La última cresta de indignación,  al día de hoy, gira en torno a la posible mentira sobre la muerte de Gustavito. Mientras las horas pasan crece la incertidumbre y las dudas sobre la verdadera causa de su muerte. El mismo sindicato y algunos empleados del zoológico han denunciado que el hipopótamo tenía 18 días de estar en una situación de salud delicada. Parece que una mala alimentación, cosa que no es extrañar, un estanque con hierros a flor de piel y malos procedimientos médicos  enfermaron el sistema digestivo del  animal, el cual fue agravándose con los días hasta que ocurrió lo inevitable.  

Todo ahora es un gran misterio. El animal fue enterrado rápidamente, las causas del supuesto ataque no están claras y la recurrencia con que mueren los animales dentro del zoológico por la malas condiciones de vida deja mucho en que pensar. La percepción de que todo pudo ser una mentira bien elaborada para ocultar responsabilidades crece día con día.

El mito de justicia

Aún no sabemos que malas nuevas traerá el tema de la muerte de Gustavito en el futuro; de seguro dará mucho de qué hablar. Pueda que nunca sepamos a ciencia cierta lo que realmente sucedió, pero los daños a la sociedad ya están hechos y la imagen a nivel  internacional, que es mala, ahora ha tocado un fondo más espeso, oscuro, diabólico. Un hoyo donde ni los animales del zoológico se libran de una violencia irracional. Para el mundo ahora no solo somos violentos sino también casi incivilizados, de las cavernas.

Las autoridades pertinentes están obligadas a estudiar el caso y  sacar a luz lo que ahora parece opaco. El gobierno debe tomar cartas en el asunto y dar un golpe de timón con respecto a la administración del Zoológico Nacional. No hay mejor momento para dignificar a la sociedad dándole espacios públicos que reúnan todas las condiciones necesarias para que los salvadoreños puedan sentirse orgullosos de sus  centros turísticos. Por último la sociedad en general de meditar sobre los graves temas de la violencia que no abate.  

De no ser así la violencia social, la mala calidad de la administración pública y la recurrente mentira a la que muchos políticos se apegan   para ocultar la realidad nacional que derrumba a los salvadoreños “no tendrá fin ni cura”. En el caso de Gustavito se encuentran mezclados muchos males, muchas preguntas, muchos miedos. Lo peor es que hay miles de miles de casos donde “La Justicia y el bien común”, que tanto pregona la Constitución,  son solo leyendas, fábulas, mitos.