• Diario Digital | Viernes, 22 de Febrero de 2019
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¿Se viene el fin de la vida política del Fmln?

¿Se viene el fin de la vida política del Fmln?

De los Acuerdos de Paz a la esperanza del cambio

El 16 de enero de 1992 se firmó la paz en Chapultepec, México. El partido de gobierno Arena liderado por el expresidente Félix Cristiani y el líder histórico de la guerrilla Schafik Hándal (ya fallecido), junto a sus equipos de negociación, lograron llegar a un acuerdo histórico que detuvo los 12 años de guerra civil que sufrió El Salvador. Se habla de 75,000 muertos y una cantidad indeterminada de desaparecidos, sin mencionar los graves daños a la economía y la infraestructura del país. La paz fue el objetivo principal de los acuerdos, pero hubieron muchos más componentes que fueron plasmados en el papel y que debían implementarse paulatinamente para fortalecer la naciente e insipiente democracia de la nación. Entre los grandes objetivos, figuraban la readecuación de la Fuerza Armada modificando sus principios doctrinarios, la creación de la PNC como cuerpo policial civil, reformas estructurales en los sistemas judicial y electoral, y la formación del Fmln (la guerrilla negociante) como instituto político para poder participar activamente en la vida democrática.

Los 17 años posteriores a la firma de los Acuerdos de Paz fueron administrados por el partido de derecha Arena (4 presidencias seguidas). Sus malas administraciones estuvieron marcadas por una desconexión con las necesidades de la gente.  Dedicados principalmente a privatizar parte grande del Estado, proteger las grandes inversiones de sus financistas por medio de la introducción del dólar, aprovecharse de la musculatura del Estado para favorecer empresas vinculadas a sus negocios personales y fortalecer cuerpos de seguridad privada usando como estrategia la inacción de la seguridad pública y el aumento de la violencia en todo el territorio. Los Acuerdos de Paz fueron pisoteados por los gobernantes areneros y la anhelada paz se transformó en una convulsión violenta que degeneró en el terrible fenómeno de las pandillas y el crecimiento de la pobreza extrema. El éxodo salvadoreño a los Estados Unidos tomó gran auge. El Fmln ya convertido en partido político recriminó fuertemente al partido de gobierno por tales males, pero siendo oposición fue poco lo que pudo hacer y vio con sus propios ojos desbordarse el tema de seguridad y el desmejoramiento de la economía familiar, producto de un sistema neoliberal agresivo abanderado con la premisa del “sálvese quien pueda”.

El descontento de la población comenzó a acumularse poco a poco, pero las cartas elegidas por el Fmln como propuesta para gobernar desde el ejecutivo no lograron motivar al gran electorado. Fue hasta el 2007, con la aparición de un aspirante foráneo, que un periodista de renombre se hizo notorio por su denuncia contra la corrupción a los gobiernos de Arena. La balanza electoral por fin sonrió al partido rojo creado con los Acuerdos de Paz. En marzo del 2009 y en primera vuelta, Mauricio Funes se declaró el primer presidente de izquierda de la mano del partido Fmln.

Los 2 gobiernos del Fmln

Como fue en la celebración de los Acuerdos de Paz en el 1992, el parque contiguo a la Catedral metropolitana se volvió a llenar de gente alegre por el triunfo del Fmln en el 2009. Pero tristemente la esperanza y la ilusión del verdadero cambio, al igual que en el pasado, duro muy poco, un suspiro.  El gobierno de Funes ocupó los meses de transición para entablar relaciones políticas que perdurarían durante todo su mandato con el expresidente saliente Tony Saca (Arena); esta acción impensada marcaría de manera crucial toda su gestión.

El método secreto y fuera de ley para la utilización de la partida secreta con el fin de saquear al Estado (con algunas variantes como el uso de testaferros), el mantenimiento del dólar como moneda de curso legal a pesar de las graves consecuencias que trae a nuestro país no tener una política económica (principalmente en el rubro de la deuda externa que crece y crece), la continuidad de una política social asistencialista que no corrige los graves problemas estructurales ni los cura pero trae alivio inmediato (urgente) a la población necesitada de agua, luz, gas, útiles (con el contrapeso  de una enorme inversión en gasto social de consumo, no de inversión) y una mala política en seguridad  pública que de nuevo potenció a las empresas de seguridad privada mientras la delincuencia y las pandillas abusaban de la población (es evidente que solo cambiaron de manos los grandes contratos a empresas de seguridad, en el caso de Funes fue COSASE la empresa afortunada); fueron todas parte de un oscura estrategia de continuidad del gobierno populista de Funes que procuró imitar al anterior en casi todo.

Después de 5 años de gestión Funes dejó el poder y también un balance negativo en el gobierno; pero como muchas de sus malas acciones aún no salían a luz sino hasta años después de la mano del ex fiscal general Douglas Meléndez, logró, no con poco esfuerzo y en segunda vuelta, que la población le diera un segundo mandato al Fmln de la mano del profesor Sánchez Cerén.

El segundo periodo del Fmln tampoco ha sido tan lúcido como se esperaba y ha enfrentado grandes dificultades sin tener el rumbo correcto para resolverlas. Con mejores aciertos y un poco más maduro que el primero; ha dejado muchos temas importantes que fueron “consignas de guerra” en el tintero, al abandono. La justicia social, la equidad económica, la reducción de la pobreza, el aumento del salario mínimo, el empleo abundante y la disminución de la violencia en general quedaron pendientes de resolver. La población rápido tuvo la percepción que un gobierno puro del Fmln no traería grandes cambios ni tampoco grandes soluciones.   

Pero, aunque no lo crea de Ripley, no fueron los temas de raíz y la falta de su implementación en 10 años para mejorar la calidad de vida de los salvadoreños, el error más grave que electoralmente cometió el Fmln. La metida de pata monumental fue un suceso de coyuntura y sin precedente (que nos habla de la poca evolución de la mente politica en los salvadoreños), que alejó definitivamente el interés de la gente por el partido de izquierda: “La expulsión de sus filas del joven Nayib Bukele”.

Bukele es un político fuera de la caja, con un caudal considerable de simpatía electoral adentro y afuera del territorio nacional, con un excelente manejo en redes sociales y que ya fue alcalde de Nuevo Cuscatlán y de la capital San Salvador.

Solo bastó una manzana, un tribunal de ética medieval, una expulsión express y la formación de un nuevo partido (Nuevas Ideas), para que comenzara a desmoronarse el sueño comunista.    

El Fmln en caída libre

Las elecciones legislativas y municipales en 2018 denominadas 4M por los simpatizantes de Bukele, marcaron el inicio del declive del otrora poderoso partido de izquierda el FMLN. Sin que nadie lo advirtiere perdieron más de diez diputados en la Asamblea Legislativa, la alcaldía de San Salvador y con un resultado electoral bajísimo, literalmente fueron vapuleados por el partido de oposición Arena en todo el territorio nacional. Fue una elección donde los votos nulos tuvieron protagonismo y el Fmln, liderado por Medardo Gonzales desde lo más alto de la cúpula roja, solo logró captar uno de tres o incluso uno de cuatro votos en las urnas, sufriendo la peor derrota electoral desde su fundación (viéndolo de la óptica de reducción de votos con respecto a la anterior elección).

Los escasos resultados electorales son confirmados al día de hoy por la mala posición que ostenta su fórmula presidencial (Hugo y Karina), la cual aspira a obtener un tercer periodo consecutivo en el gobierno. Ubicados en una lejana tercera posición (solo arriba de Vamos), con un promedio de 10 puntos según todas las encuestas muy por debajo del candidato de Arena (Carlos Calleja) y a una montaña de distancia del expulsado Nayib Bukele, (que con una coalición de partidos CD, Gana y Nuevas Ideas mantiene latente la esperanza de ganar en primera vuelta el 3 de febrero de los corrientes), las expectativas de seguir en el ejecutivo para el Fmln parecen esfumarse.

El legado del Fmln que comienza desde su lucha revolucionaria ( primero en las calles y después en las montañas) y su participación (para bien o mal) en la guerra civil de El Salvador utilizando las 5 organizaciones que lo formaron, pasando por su gestión en la negociación de los Acuerdos de Paz y sus logros, su participación política desde la Asamblea Legislativa como partido de oposición,  gobernando muchas alcaldías en todo el territorio nacional y terminando en los 10 años de gobierno del ejecutivo; se podrá analizarse mejor con el paso del tiempo, saber si valió la pena su lucha revolucionaria.

Lo cierto es que hoy en día sus posibilidades de ganar un tercer periodo son computables en cero y aún falta ver cuánto más pueden reducir su participación en el Estado, teniendo en cuenta que “en un virtual gane de Bukele”, Nuevas Ideas incluirá una planilla completa de alcaldes y diputados en las elecciones del 2021. El fantasma de convertirse en un partido satélite como el PDC y el PCN está más latente que nunca.

No puedo personalmente agradecer al Fmln por su trabajo, ni tampoco es correcto menospreciar los avances en democracia y derechos humanos realizados durante su gestión. Un consejo si puedo dar: Pongas sus barbas en remojo y afírmense en la lucha popular como al principio porque los tiempos difíciles, los tiempos de rendir cuentas a la población están a la vuelta de la esquina.