• Diario Digital | lunes, 21 de septiembre de 2020
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Una buena escolta de conspiraciones para comenzar un día más en el planeta Covid-19

Una buena escolta de conspiraciones para comenzar un día más en el planeta Covid-19

Cada vez que conversamos  en mi reducido grupo de amigos sobre el tema del síndrome del complot, termino siendo atacado por algunos indignados, quienes me argumentan que las conspiraciones existen. Por supuesto que sí existen. El día antes de un golpe de Estado hubo un complot. Se conspira para apoderase  de una empresa comprando poco a poco las acciones o por medio de la usura y  también para colocar una bomba en un avión. Estas conspiraciones han dado siempre.

Algunas fracasan sin que nadie se dé cuenta, otras tienen éxitos, no obstante en general lo que las caracteriza es que siempre son limitadas en cuanto a finalidades y área de eficacia. En cambio, cuando citamos el síndrome del complot nos referimos a la idea de una conspiración universal, casi a nivel cósmico. Desde este enfoque nace la idea que todos los acontecimientos de la historia son obra de un poder oculto y único.

Comienzo a sospechar que posiblemente de tanto escuchar en las redes sociales e internet de hechos relacionados  a este síndrome del complot, puedo  estar  dando muestras de paranoias conspirativas  y ver reptilianos hasta debajo de la cama. Para buscar tranquilizarme realizo una rápida búsqueda  en la red.  Los conspiradores son hordas  y a veces llegan a un primoroso nivel de humor, obviamente involuntario pues ser el objeto de risa no es la idea que buscan tras sus conspiraciones fantásticas.

Es en este entorno donde las teorías más descabelladas de las casi sectas de antivacunas, terraplanistas y seguidores de ovnis se suman fanáticos religiosos e ideológicos. Toda una ensalada mal sazonada de ideas absurdas sin base científica.  Las redes sociales han sido tomadas por estos grupos bien organizados en estructuras de “opinólogos” – por no decir trolles-   que buscan crear desinformación y fomentar culpables y los primeros son los judíos. Así como durante la peste negra en la Edad Media se les culpaba de esa plaga, ahora aquellos que creen en la conspiración de unas élites acusan a los judíos de estar atrás de la pandemia. Hay que mencionar que  el régimen islamista  de Irán se ha encargado de acusar a Israel de estar atrás de un complot con el COVID-19. El régimen  iraní, admirado por la izquierda más tóxica como la chavista,  retoma estas mentiras y han comenzado a buscar posicionar esas ideas sin base solo con la intensión de crear el sentimiento antijudío nuevamente. En busca de quitarle la responsabilidad a la dictadura comunista china con el tema  del COVID- 19 aliada de la tiranía islámica de Irán.

Nathan Sharansky indicó recientemente: "Están culpando a los judíos [por el coronavirus], acusándonos de tratar de destruir la economía para ganar dinero". Dijo  que la nueva y ponzoñosa propaganda antisemita que culpa a los judíos por el brote del virus se originó en Irán, Turquía y otros países los cuales  no son amigables hacia los judíos y menos a Israel. En Irán los medios manejados por el régimen islamista  culpan a los "sionistas" por la pandemia  y sugieren a la gente  que no usen una eventual vacuna contra el Covid-19  si es creada  por científicos israelíes.  

Esta sería la pieza exacta para que los fanáticos de los complots y las sectas de las conspiraciones tengan un eje de argumento para propagar sus ideas fantasiosas. En especial los antivacunas quienes son los que están atrás de todo un hilo de ideas  como que el coronavirus no existe o es parte de un mentira para encerrar a la gente en lo que se impone un nuevo orden mundial dirigido por los judíos y otras elites en nexos con los farmacéuticas y Bill Gates. El magnate estaría detrás de la creación del virus o de querer implantar un microchip para identificar quien lo tuvo. ¿La razón?  De esta forma todos estaríamos vigilados y los que no se vacunaran se convertirían en terroristas biológicos. Dichas falsedades fueron desmentidas por el medio digital  AFP Factual en un reportaje de análisis de “fake news”: No hay evidencias de que Bill Gates procure implantar microchips para identificar quién padeció Covid-19

Los antivacunas y otros seguidores de las conspiraciones son un peligro real para la salud pública y más en este tiempo del COVID-19 pues están generando rumores que llevarían a personas a no querer vacunarse contra este virus si se llega a dar una eventual vacuna.  Estos  grupos antivacunas  han tomado fuerza en estos tiempos de pandemia del COVID-19 aprovechando el pánico social. Han   invertido millones de dólares en propaganda como el caso del  documental llamado "Plandemia", protagonizado por la refutada investigadora Judy Mikovits. El video, que ya  está siendo eliminado por YouTube y Facebook por infringir sus normas de contenido, contiene una serie de afirmaciones falsas o embaucadoras relacionadas con el surgimiento y el tratamiento del COVID-19.

Los antivacunas inundan internet con falsedades  que exageran los  efectos secundarios de las vacunas.  Falsean datos para minimizar la efectividad de la inmunización e implantan la desconfianza y el miedo  en nombre de lo natural frente a lo químico, trazando  teorías conspirativas sobre las farmacéuticas y otros avances científicos. Y repito son un verdadero problema contra la salud mundial en tiempos del Covid-19.

Se tiene que tener claro que el peor virus para la humanidad es la ignorancia, el fanatismo, el racismo y el odio. En este tiempo estas características humanas van de la mano y aquellos que nos gobernamos por la búsqueda de la verdad en un mundo de mentiras, debemos aliarnos para combatir este tipo de realidades falsas que ayudan más a la proliferación de masas ignorantes. Masas que piensan que la tierra es plana, que los judíos son los culpables de todo lo malo de la humanidad, que las vacunas  causan la muerte  y que los extraterrestres y reptilianos  son los nuevos ángeles y demonios de una conspiración sin límites.  

Entonces ahora tenemos racistas, neonazis, extremistas de izquierda, antivacunas y otros grupos de fanáticos formando un revoltijo de ideas seudocientíficas y patrañas alimentadas por ignorantes  Youtubers y blogueros sin conocimientos científicos ni de ciencias sociales, quienes  sirven  de fuente de falsos conocimiento a otros ilusos  creyentes en cualquier patraña que aparece compartida en alguna página de Facebook. La fresa en pastel para un 2020 llenó de malas noticias para todos es ahora las conspiraciones.

La psicología de la conspiración nace porque las explicaciones más evidentes de muchos hechos preocupantes no nos satisfacen o queremos que no lo hagan por nuestra propia visión ideológica de la realidad. El COVID-19  surgió  por comer animales salvajes como otras enfermedades, pero eso no satisface la curiosidad de esta nueva horda de conspiranoicos que han surgido después del inicio de esta pandemia.

La interpretación recelosa nos absuelve de alguna forma de nuestras responsabilidades ya que nos hace pensar que se oculta un secreto detrás de lo que nos preocupa, y que la ocultación de este secreto es una conspiración contra nosotros.  Una consecuencia paradójica es que atrás de cada falsa conspiración, puede ocultarse siempre la conspiración de alguien que tiene todo el interés en presentar una mentira como verdad a esta nueva masa de ignorantes.

¿Qué transforma  a alguien en conspiranoico?  Esta visión  se logra con los años y conduce a quien la posee a ver la vida a través de un vidrio deformado lo cual le hace pensar que siempre hay una mano secreta tras lo que ocurre en su entorno. Todo inicia con la creencia en una teoría de la conspiración cualquiera, como que los Illuminati fueron el cerebro en la sombra de la Revolución Francesa o que el libro antisemita  Los protocolos de los sabios de Sion es la prueba del complot judío mundial. Esto lleva al individuo  a terminar con una visión de la historia que lo hace pensar que todo son siniestras confabulaciones que llegan hasta nuestros tiempos. De ahí comienza el camino de una persona en la distorsión de la realidad histórica. No podemos dejar afuera el papel de los medios de comunicación y especial de History Channel. Esta cadena ha sido la mayor exponente de teorías de conspiraciones y  de pseudocientíficos como los “especialistas” de ovnis; y creadores de programas de consumo fantasioso para ser dirigido al  mercado de sujetos creyentes en complots.

El conspiranoico es un maniaco  y aprende los datos más detallados de cada  teoría fantasiosa a la que se entrega.  No va a cambiar de opinión respecto a sus creencias y perpetuamente encuentra pruebas de que sus hipótesis tienen bases reales. En casos muy radicales, su obsesión le puede  dejar de lado familia y su trabajo. Se puede convertir en un paranoico convencido de que es perseguido por agencias de inteligencia y hasta extraterrestres.  Esto le sucedió a Nesta Webster (1876-1960), historiadora antisemita británica responsable   de la popularización de los imaginarios complots judeomasónicos y de los Illuminati. Estaba tan obsesionada que cuando llamaban a la puerta de su casa solo la abría con  un revólver en su mano y llegó a apoyar a Hitler como el único que podía salvar al mundo de la conspiración judía internacional.

Está claro que las conspiraciones  venden y son populares. Para  Michael Barkun, profesor emérito de Ciencias Políticas de la Universidad de Siracusa en EE. UU., su atractivo se cimienta en tres puntos: explican lo que un análisis convencional no revela; dan sentido a una sociedad confusa, dividiéndolo en fuerzas de la luz y de la oscuridad la realidad; y se exponen como un conocimiento secreto que solo un selecto grupo de iluminados lo saben y que es ignorado por todo los demás quienes son los borregos ignorantes. Se convierten en una secta exclusiva de conocimiento, un caso son los terraplanistas.

La importancia del sistema de conocimientos  personales a la hora de aceptar o rechazar la existencia de conspiraciones  ocultas es vital. Tener bien cimentadas conocimientos de historia y fuentes creíbles para enfrentar estas teorías sin fundamento ni científico y menos histórico. La ventaja de los que defienden estas posturas  es que no creen en ninguna institución u organización. Eso les faculta el poder de negar, por ejemplo, la llegada del hombre a la luna, ya que la NASA es cómplice  de la conspiración junto a la CIA y el gobierno de EEUU como parte de un complot para ganar la competencia espacial contra la URSS.  De esta teoría de la conspiración se alimentan también   los terraplanista quienes afirman que la tierra es plana tratando de tirar todos los avances científicos con argumentos como que las fotos de la tierra son creadas por ordenadores entre otros cómicos argumentos. 

Los conspiranoicos prefieren contradecir las versiones oficiales a defender las suyas, lo que indica que, para ellos, los detalles de sus hipótesis resultan menos importantes que encontrar errores o incongruencias en las explicaciones convencionales.

Los ficticios cuentos de complots ocultos son tremendamente complicados y urgen de una sucesión de ardiles tan enmarañados, una inteligencia astuta tan aterradora y un pacto de silencio entre  conspiradores que de por sí resultan increíbles de asimilar. Cuanto más enredado sea el complot, más posible es que sea ficticio.

Hay que aplicar el  sentido común y  tener conocimientos suficientes de la historia. Esta siempre nos ilustra  en dos cosas: las casualidades existen –algo que no acepta un conspiranoico que se precie de serlo –, y la mayoría de las verdaderas confabulaciones secretas han terminado fracasando. Maquiavelo decía que confabularse conlleva numerosas dificultades y riesgos, a lo que Karl Popper amplía: “Las conspiraciones rara vez triunfan, y si lo hacen, el resultado es distinto al buscado”.

Son demasiados complots y conspiraciones para la actualidad que vivimos. Se deben pasar por muchas de estas para salir cuerdo de todas las fantasías que promueven y hay que tener la mente fresca de conocimientos para no pisar la trampa de esta ensalada de falsas realidades. Y hay que dejar de preguntarse por qué tantos leen a Dan Brown. Puede que sea obra de los reptilianos.