• Diario Digital | domingo, 12 de julio de 2020
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El cristianismo no es el problema, los fanáticos ignorantes sí

El cristianismo no es el problema, los fanáticos ignorantes sí

La necesidad de concebir una visión de una deidad es vital para darles fuerza al hombre y a la mujer. Los postulados judeo-cristianos han sido atacados constantemente por grupos que juzgan sus creencias por las acciones de individuos oscuros, quienes se autodenominan representantes de Dios en la tierra.

La filosofía cristiana contiene poderosos pilares para llevar una vida equilibrada en un mundo cada día más hostil.  Se vive en medio del dios falso del consumismo y la tenencia de objetos los cuales terminan arrancando el alma y la inteligencia de la ciudadanía.

La cristiandad, desde un principio, se basó en el amor al prójimo. Jesús, en todas sus enseñanzas, mostró el camino para llevar una vida basada en la humildad pero también la fuerza contra las injusticias de su tiempo bajo la presión social de las instituciones como las impuestas al pueblo por el Imperio Romano y sus aliados políticos en las sectores sacerdotales del Sanedrín formado por Fariseos y Saduceos.

El cristianismo no debe  crear corderos, debe formar personas con una fuerza en la esencia de la solidaridad con las otras personas. El problema se da en la interpretación dada en los últimos dos mil años por los poderes que monopolizaron sus enseñanzas en pos del poder político-social. La religión se convirtió en una forma de mostrar un mundo normal en medio de las crisis donde el final, la vida eterna, era la recompensa a los sufrimientos.

Hasta hace pocos años, era prohibido o eran mal vistas las personas que leían la Biblia, ya que la posibilidad de leer los evangelios se transformó en un peligro para algunos grupos que convirtieron su información en poder de control.

La creencias cristianas son un arma de conocimientos y de sabiduría para aquellos que pueden analizarlas e interpretarlas con libre albedrío. Su lectura racional y con una postura de libre pensador fomenta poder darle más fuerza a su visión liberadora en nuestra sociedad; y si no es convincente   este libro, al menos el crítico posee los argumentos para atacarla sin quedar como un simplista que solo a ojeado a Nietzsche o Marx. Hasta para estar en contra de una postura hay que conocer la lectura contraria, pues no hay nada peor que un argumento sin profundidad cuando se toca el tema religioso.

La primera crítica se basa en ir directo a los fanáticos. Ellos son los culpables de haber provocado una deformación en las posturas judeo-cristianas. Sus acciones de señalar todo como pecado y juzgar al prójimo va en contra los mismos pilares de la cristiandad pura. Un buen cristiano moderno debe verse como un representante objetivo e intelectual en nuestra sociedad, no un repetidor de lo dictado por individuos que no son iluminados, sino simples humanos representantes de iglesias y mercaderes de la fe que solo hace de religión un negocio. Estos falsos cristianos cubren todas las acciones más oscuras desde estafar a sus seguidores hasta el abuso sexual de menores.  Hacen de una iglesia un almacén de baratijas baratas y para promover la ignorancia ya que en estos tiempos cualquier sujeto se puede llamar religioso o guía espiritual.

Para no caer en el fanatismo, un cristiano debe escudriñar  las escrituras  y no ser solo un lector, sino un hacedor de las enseñanzas, las cuales hablan, entre otras cosas ,del amor al prójimo, no la violencia  ni la venganza y de ser consecuente con los que no conocen la palabra de Dios. Se supone que el hombre aprende a ser libre y no debe cerrar su corazón ante el dolor ajeno. Un fanático tiene religión, es decir dogmas (letras muertas),leyes que esclavizan al hombre; un cristiano que vive el evangelio predicado por Jesús practica la palabra de Dios, respeta a sus semejantes, se aparta de los vicios y la usura,  no induce ni corrompe a su prójimo, no miente  para sacar provecho. Estas son sus metas en la búsqueda de ser un cristiano social comprometido con su comunidad. De esta forma, afirma un rol vital en las realidades actuales y no solo predica los conocimientos adquiridos es sus estudios.

En nuestra sociedad actual, las personas poseen el derecho amparado en el artículo   18 de la Declaración Universal de Derechos Humanos donde se afirma al principio que “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión…”

Por eso, a la hora de culpar al cristianismo de acciones dañinas a la sociedad realizadas por personas en su nombre hay que pensarlo bien, ya que un grupo no representa la filosofía espiritual enseñada en los pensamientos de Jesús, sino interés particulares sin nada de visión cristiana social.