• Diario Digital | miércoles, 20 de noviembre de 2019
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Las noches del Joker

Las noches del Joker

1.

No recuerdo todavía como llegué aquí. Miro por la ventana y una paloma se estrella en el vidrio. Casi me da un ataque de nervios pero me controlo. Veo como va encogiendo sus patitas y salgo al patio común para verla más de cerca. La cojo con mis manos y siento como el calor se va de su cuerpo. Otro paciente pasa junto a mí y me dice que la tire a la basura pues apestará pronto. Tomo una lata apretada de Coca Cola y con ella hago un hueco en el suelo árido. La entierro. Un animal no merece ser tirado a la basura como les pasa a muchas personas en vida. Pienso en mi nombre y todavía no lo recuerdo bien.

10 de octubre de 2019.

2.    

El apartamento apestaba a mierda. Seguramente tenía días de estar abandonado. El teniente tocó una perilla  para abrir la puerta de una habitación, saltó de la impresión y me enseñó la mano llena de caca. Nos dimos cuenta que todas las manijas de las puertas habían sido cubiertas de excremento. Mi estómago siempre fue débil y comencé a vomitar.

Al entrar a la habitación, nos encontramos con los típicos recortes que habíamos hallado en diez lugares allanados desde el 5 de octubre. Todos los sitios con diversas trampas como era el piso lleno de vísceras de pescados, maletines con bolsas de orines  puesto como trampas sobre los marcos de las puertas, ratas muertas en las partes superiores de los roperos y otro cazabobos   .   Nada peligroso,  pero el hedor y las sensaciones táctiles al tocar esas sobras provocaron un impacto mayor en aquellos policías jóvenes que nunca habían experimentado la marginalidad de algunos ciudadanos y la locura que puede llevar vivir en ella.

Volviendo a la descripción de la habitación, después de haber explicado sobre las trampas, pudimos darnos cuenta que eran parecidas a las demás  pero algo distinto lo sacaba de lo común. Siempre la frase “todos somos payasos”, que apareció en esa película, escrito sobre el piso debajo de la cama y manchas de sangre sobre una mesa eran calcadas imágenes de los otros escenarios. Solo que esta tenía una diferencia. En el techo, estaba el monitor de un computador donde se podía leer un archivo de texto con mensajes de odio. En ese momento, me di cuenta que lo sucedido el 5 de octubre no había terminado todavía.

3.

11 de septiembre de 2019.

No puedo pensar más allá de mis propias imágenes que giran en mi cabeza. Cuando salgo de trance y hago una retrospectiva me doy cuenta que todo falló. Eso lo habíamos dejado claro en nuestros grupos de Whatsapp y Facebook con el grupo que habíamos fundado desde que nos dimos cuenta que estábamos solos en la lucha contra el tedio y lo aceptado. Sabíamos bien que nosotros éramos las víctimas y no los victimarios. Fuimos la basura abandonada del sistema. Cuantas veces no le dije a mi psicóloga del CEFA que no me sentía normal viviendo en una sociedad tan hueca.

Ella solo me observaba con su mirada transparente y yo le hablaba sin parar. Inspirado ya que alguien me escuchaba, pero en mi interior sabía que esta mujer solo estaba  ahí por una obligación y que yo no le importaba en lo más mínimo. Me hablaba amablemente siempre poniéndose las manos en las rodillas como si yo fuera a acosarla sexualmente. De seguro es una de esas feministas que estaban de moda en esos años. Mujeres queriendo ser víctimas siempre, como si la locura diferenciara la discriminación entre mujeres y hombres.

Regresaba a mi departamento, encendía el televisor y la computadora y comenzaba a revisar de arriba abajo el muro de inicio de mi Facebook. Fue cuando escuché esa risa, una risa que yo ya la había escuchado en la burla de mis compañeros de trabajo, de mi colegio y de mi barrio cuando yo me arrastraba tratando de encajar entre la gente. Miradas sobre mí y sobre lo que yo podía haber realizado me torturaban por dentro. – No podrás lograrlo, Vicente- me gritaban, pero yo oraba.

Y esa risa de esa nueva película me decía que hasta las redes sociales se burlaban de mí y no yo de ellas. Sabía que éramos los superiores realmente, pues en una sociedad tonta los que realmente tenemos la razón somos el peligro.

Pero algo que me enseñó mi dolor de espalda es que estar sentando frente a un computador no es bueno. Estábamos seguros que era la hora de enfrentar a nuestros victimarios.  No era necesario ver la película pues el Joker representa la furia de nuestra generación y la única solución era darle a esta sociedad un poco de dolor para que desde ahí buscaran solucionar algo. Eso sí, siempre con una sonrisa muy grande en nuestros putos rostros.

4.

3 de octubre de 2019.

Josefina y Julio estaban en un supermercado. Tenían la alacena llena, pero tenían una fiesta para el viernes 4 de octubre. Nada especial, pero todos los amigos más cercanos estarían ahí y su hermano Samuel que había  regresado de la guerra hace unos meses. Josefina no sabía cómo enfrentar la nueva naturaleza de su hermano gemelo. Así que junto a Julio pensaron en una reunión para demostrarle que estaba equivocado sobre sus posturas tan radicales sobre la sociedad.

Pagaban en la caja cuando Julio miró hacia atrás  y un chico joven con dos aretes en la oreja izquierda y despeinada   se le acercó demasiado y lo rozó. - ¿Puedes tener cuidado en donde pones tu mugrosa presencia? No te acerques tanto, pendejo. – El chico lo miró y se cambió de fila. – ¿Puedes creer, Josefina, este pelotudo. Quítate esas mierdas de la oreja, lumpen y no vayas a robar a alguien-, le gritó. Josefina solo lo miró – Hay cosas más importantes que pensar que un sucio marginal-, le dijo.

La puerta se abrió y frente estaba Samuel. Josefina lo abrazó fuerte y Samuel lloró en los brazos de su hermana.

—Te extrañé tanto, Samuel,

—Y yo a ti —murmuró viendo al suelo.

Bebieron y comieron mientras todos conversaban de cosas interesantes de recordar. Sobre los partidos de fútbol de la Liga, el cambio climático, los últimos viajes y como Josefina conoció Notre Dame antes del incendio que consumió dicha catedral. – Subí las fotos a Facebook como parte de mi apoyo a esa terrible tragedia global- explicó Josefina. Samuel la escuchó, se paró en una silla y gritó – Yo también contribuí a esa tragedia con una historia. La escribí al estar viendo en vivo como se quemaba. Fue una inspiración. No como Nerón al ver arder Roma. No puedo explicarlo pero si pude escribirlo:

“No tenía mucha intención de salir de mis sopores nocturnos, pero un pequeño sonido alteró mis sentidos en medio de la oscuridad. Tenía un cierto miedo en mi interior desde hace unos meses. La sensación de ser observado desde los huecos abiertos por termitas en el techo de madera y en ese momento mi piel se puso de gallina y mi corazón latió con fuerza.

Para sentirme menos acobardado tome el celular y puse un video de Erasure que había grabado en ese concierto hace unas semanas atrás. Erasure posee unas bellas melodías que puedo recomendar para llenarse de esperanza. Nietzsche tenía razón al reflexionar que sin música la vida sería un error y tomando su consejo grabé videos del concierto para tratar de evitar seguir errando y que mejor momento para escuchar a Andy Bell que el estar en un situación de miedo.

Muchos pueden decir que el miedo solo está en nuestra mente  y carencias de valores espirituales, aunque yo sabía que en la oscuridad de la noche todo tipo de criaturas deambulan buscando alimentarse del terror. Lo sabían muy bien los habitantes de pueblos antiguos en Europa 0riental y por eso usaban decenas de amuletos para protegerse de estos monstruos.

¿Puedes decirme tú que nunca has tenido esa sensación de frío en la espalda al caminar por una habitación oscura? ¿Qué nunca has observado a tu perro mirar hacia un espacio vacío? Los ruidos fueron aumentando  y me mente recordó un momento del pasado donde tuve otra situación muy parecida en un viaje por un pueblo llamado San Patricio, donde los murmullos me robaron la paz y fue tal el pánico que no pude pegar un ojo durante toda la noche.

Y ahora mis pensamientos no paran de rodar en mi mente y todos ellos siempre acaban en tu nombre y estoy seguro que debí destruir tus recuerdos de una buena vez. Todas estas ansias nocturnas todavía tienen tu sabor y olor. ¿Dónde quedaron esos momentos rosas y cursis? No sé si estuvo bien decirte toda la verdad y por eso tu fantasma  es quien me sigue en estas noches lúgubres.

Me dijeron que las flores corrían las ánimas del terror, pero yo conozco las rutas que tomas para venir a hundir tus imágenes en mis profundas ideas ¿No te detendrás jamás?  ¡No lo harás! , pues entre esos malditos libros duerme el gato y es en él donde tus restos viven ahora.

Todavía escucho las voces en mi cabeza diciéndome que la sociedad es líquida y que estamos a la deriva en medio de la nada. Zygmunt Bauman no se equivocó y como plumas flotamos sin podernos anclar en ningún lado y en este momento una gigante ola golpea nuestros rostros impávidos.

El ruido cada día se acerca más y más  y  faltan horas para que el sol entre por la ventana de la guardilla y queme a estos demonios que vienen por mí. Estoy seguro que al subir el volumen de la música todo estará bien y que solo es una alucinación más. Los coros celestiales me susurran que nunca me dejarán en paz y que en todos los infiernos hay un puesto para mi alma culpable. Maldito momento que traje a ese gato pardo conmigo, pero lo amaba como te amé a ti.

Los ruidos desaparecen y el señor gato se sube en mi pecho y con sus ojos en llamas no me dice absolutamente nada. Solo silencio. El sol salió. Será un bello día en la ciudad del odio.”

Josefina y Julio se miraron. ¿Qué tiene que ver esa extraña historia con Notre Dame? —Absolutamente nada —dijo Samuel y lanzó una carcajada de 30 segundos. –Solo me pareció cómico en medio de esa tragedia.

5.

27 de septiembre.

He estado tres años en esta isla. Estoy seguro que mi vida se ha enclavado en este basural por esa cantidad de tiempo. Ya lo dejé de contar. A las sobras de comida dejadas por los cangrejos y gaviotas no les siento gusto, el trabajo de mi vida se evaporó en mis sueños, mi círculo de amistades apenas puedo recordarlo, hasta los capítulos de mis programas preferidos de la televisión son solo tristes secuencias borrosas. No obstante todavía recuerdo mi nombre: Jonás.

La soledad absoluta se ha convertido en mi mejor amigo y en otras en mi enemigo. Me dije el otro día que puedo levantarme, pero vuelven a caerse mis sentimientos. Los vi venir y después los veo irse como una horda de bárbaros después de saquear un poblado de mi tierra natal. Me trato de explicar que todas estas situaciones ambiguas pasan de noche. La oscuridad es efectiva para desatar las tormentas emocionales, mas puedo estar muy equivocado de esta aseveración.

Nadie escuchará, en medio de esta isla, mis argumentos personales. Yo era un ser humano. ¡Demonios! Lo era. Unos cuantos pecados; no, pecaditos; no, mentiras blancas, eso no tiene que ser una causa para hundirme en esto espejismo. Hay peores infelices por ahí que merecen la condenación de la soledad, yo no era parte de ese grupo de puercos. Posiblemente, de una variedad más evolucionada de cerdos. Ellos son los verdaderos culpables de mis delitos por amor.

Fue por amor. Ese sentimiento único, amable, dócil, particular, blanco, no puede considerarse una acción que lleve a esta situación de pagar por sacrificar mi vida por haber sacrificado la de otro. Un día en mi aldea un profeta que cruzó por mi camino me aconsejó ser yo mismo. “nunca seas otro” bien recuerdo al viejo mugriento ese, sus palabras. Era un sabio de oriente con barba larga, pelo corto, dientes brillantes y un atuendo extraño, de su boca emergían buenos consejos, y no cobraba.

Fui yo. A mi manera, amé a varias mujeres. Hice que sus ojos llorarán de felicidad cuando me iba de cacería, y hasta salvé a una de unos  locos que con argumentos extraños se autodenominaban “cazadores de bestias” una idea loca, pues para nosotros, en mi pueblo,  el amor era para algunos, los que somos iguales, los que vivimos  ahí, tenemos la misma visión.

Yo ya había visto antes en la televisión esta situación. Se parece a los que vuelven de la muerte cuando narran su experiencia de la luz que los llaman. Habité esta isla en mi otra vida, estoy seguro de eso, pues acá están sepultados mis esperanzas y otros pequeños sueños. El cielo me aplasta sobre la arena roja cada día que pasa en esta condena por amor a mí. Uno debe amarse primero a uno, pues cómo podrá amar a otra, sin saber que ese sentimiento está primero en nuestro yo interno. No es un tema de egoísmo, es de solidaridad emocional.

¿Nadie me escucha? ¿Nadie ve mi gran intención de cambiar la visión de mundo? No soy culpable de mis actos. Soy una víctima del amor propio que nos posee en base a la filosofía del tener.

Los puercos no nadamos, pero si volamos. Volveré a mi pueblo con solemnidad. Yo, solo, haré respetar las leyes de los hombres, pues soy un iluminado. No necesito alas, pues un cerdo, como estos resentidos me han llamado, no conocen el poder de la lengua cuando se hereda el veneno de generaciones.

Abriré mis alas y cruzaré el océano en nombre de mi justicia, de mis convicciones, de mi forma de ver la realidad, y los otros pueden apartarse, pues soy un orgulloso cerdo que al caer los aplastaré con mi lengua o con mi peso. Oscurece. Me arrastraré debajo de una piedra antes de ir a cobrar en sangre lo que me deben.

6

11 de octubre de 2019.

No recuerdo todavía como llegue aquí. Miro por la ventana y una paloma se estrella en el vidrio. Veo como cae al suelo. Levanto la miraba y veo la parte de la ciudad arder. Columnas de humo suben a las alturas. Comienzo a recordar que el teniente me hablaba de perillas con mierda y que estábamos en un asqueroso apartamento.

En eso un terrible dolor de cabeza me golpeó y terminé en esta habitación con vista a la purga que hemos iniciado. No tiene nada que ver con lo que ustedes están pensando y realmente nosotros no somos malos. Éramos las víctimas. Esta sociedad se caía a pedazos por las mentiras de la gente bonita, de los imbéciles que nos mencionó Umberto Eco que estaban infectando las redes sociales. Esos que no se podían salvar ya, pues no se trata de sobrevivir sino de comenzar un nuevo mañana. Seguro que nos recordarán como los malos de la película, pero que más da. Al final El Padrino era un psicópata  mafioso y para muchos es un héroe y el “Joker” solo una película para inadaptados y subnormales.

Me recuesto en el suelo y enciendo un cigarro. Entran Samuel, Vicente y Jonás. No caben en sí de la tristeza por ser parte de esto. Sus máscaras de payasos cubres sus rostros. Me río para mis adentro pues la careta de plástico de Vicente es de Obama pintada como un payaso ¿Quiero ver sus caras de guerra?- les ordeno.

Ellos gritan y después queda un silencio que se va desapareciendo con los alaridos que vienen del infierno de la ciudad.

—Hemos comenzado algo grande —grita Vicente.

—Algo que no se detiene, pero me duele haber tenido que detener las tonterías de mi hermana —llora Samuel.

Se va a detener, pues no somos suficientes. No podemos iluminar  tanta oscuridad.

No han entendido nada. Nosotros no somos los iluminados. Solo somos los monstruos que nos revelamos y seremos los mártires también.

Podemos escuchar las pisadas de los comandos que viene subiendo. Solo cargamos nuestras armas con los últimos tiros para esperarlos y sonriamos, compañeros, y lancemos una gran carcajada para que vean   que nos arrancamos los  dientes.

Vengan acá los esperamos con los brazos abiertos: “El infierno está vacío y todos los demonios están aquí”…