• Diario Digital | Lunes, 20 de Noviembre de 2017
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El Oscar de la vergüenza

El Oscar de la vergüenza

Hace unos días se llevó a cabo la ceremonia de entrega del Oscar, lo que para mi significa, algo así como el “ Súper Tazón del séptimo arte”. Un programa que disfruto mucho desde pequeña y para el cual elaboro mi boleta de predicciones, veo todas…si, así es, todas las películas nominadas y me preparo para una de mis noches preferidas del año. Gracias a mi abuela y mi tío, desde que era una niña, adquirí el gusto por los largometrajes y cuando, religiosamente, veo la transmisión de los premios, me siento un poco cerca de ellos. En esta ocasión, no ha sido la excepción, sin embargo, no puedo negar que he sufrido una gran decepción.  

La octogésima novena edición de los premios de la Academia, pasará a la historia por el fiasco monumental al anunciar que “La La Land” se llevaría el premio de la noche como mejor película, en lugar de la real merecedora, que era “Moonlight”. Inolvidable la cara de confusión de Warren Beatty y las de Ryan Gosling y Emma Stone, que eran un poema. Y que decir, con la otra “metida de pata” cuando en el homenaje a los colegas fallecidos, pusieron la foto de una persona viva con el nombre de otra, que ciertamente había muerto. Pero, lo peor, fue entregar el Oscar a mejor actor a Casey Affleck.

Me molesta que este prestigioso reconocimiento pasara por alto actuaciones tan poderosas como la de Denzel Washington y Andrew Garfield y fuera a parar a las manos de Affleck, un actor mediocre, que para su papel en la película “Manchester by the sea”, no tuvo que audicionar, pues el mejor amigo de su hermano, el productor, le dio el protagónico, sin pensarlo mucho. Si bien es cierto, el rol se prestaba para sus dotes actorales, pues tenía que pasar triste durante toda la cinta y con esa eterna cara de compungido que utiliza en todas sus participaciones, incluyendo comedias, como la de “Ocean’s Eleven”. Lo que verdaderamente me indigna es que este hombre ha enfrentado cargos por hostigamiento y abuso sexual en varias de sus subalternas. Dos de ellas le denunciaron públicamente y le demandaron ante la corte. Él terminó llegando a un acuerdo económico a puerta cerrada, del cual, no se sabe monto, pero los medios especulan que fue por varios millones. Claro, habrá mentes obtusas que digan que las afectadas, dinero querían, como acostumbran decir los que ven el abuso a mujeres y hasta de menores, como algo sin importancia. Sin embargo, las únicas formas de pagar las afrentas o delitos son, vergüenza pública, indemnización, cárcel o todas las anteriores, porque los malvados, no pueden tener paz y el mal que se hace se debe pagar, aunque sean millonarios y famosos.

Entre las perlas que se alega que este “hijo de…Hollywood” entregaba a diario, era referirse a las mujeres en general como “vacas”, reclamarles por no ser sumisas y hasta pedirle a un miembro de su personal, que le enseñase el pene a una de sus acusadoras, además, de usar contra ella lenguaje subido de tono y con implicaciones sexuales, como preguntarle porque no se dejaba preñar.  Incluso, trató de obligarlas a tener sexo con él, llegando a meterse en la cama de una, cuando ésta estaba dormida. Por supuesto, que al no conseguir su objetivo, reaccionó violenta y cobardemente, además, trató de dañarles económicamente al no pagarles sus salarios.  Hasta este momento, el hermanito menor de Ben Affleck, evita hablar del tema y como suele suceder, con dinero es fácil comprar colaboradores para tratar de que todo quede “debajo de la alfombra”. 

Tristemente, no es la primera vez que la Academia pasa por alto acciones de depredadores y abusadores, sólo basta recordar casos como el de Roman Polanski quien cometió estupro y aún así tiene su estatuilla por la mejor dirección en la película "The Pianist", muy a pesar de muchos y  en especial de la justicia de los Estados Unidos, que le sigue reclamando, después de 40 años, lo cual, dicho sea de paso, considero admirable y digno de imitar por otros países, en donde delitos contra menores, nunca deberían prescribir.

Si, ya sé que habrá aquellos que esgriman argumentos a favor del arte y puedan decir que lo que premian es su talento.  ¡Por favor! Si parte de la esencia del arte es el humanismo mismo y junto a éste, no puede faltar la ética. 

Casey pagó para que sus acciones quedarán en la oscuridad y no tener que enfrentar un juicio, él no ha reconocido sus errores, lo que significa una mala señal. 

Es hora que la Academia aprenda de sus fallos, que si bien, los reconocimientos deben de entregarse a aquellos que realicen grandes actuaciones y aportes a la industria, pero que ello sea de manera integral, pues el mensaje que hoy mandan a las mujeres que son parte de esa industria, es que se les puede abusar, maltratar y si denuncian, pierden sus trabajos, sin que el perpetrador sufra ningún castigo, al contrario, se le galardona con algún trofeo dorado. ¿Cuál será el próximo premiado que veremos? ¿ Bill Cosby? Quien espera juicio por haber drogado, violado y abusado más de 50 mujeres, décadas atrás. 

Así también, las organizaciones, fundaciones y activistas que suponen luchar por los derechos de las mujeres y, no hablo solo de lo que hagan en la Unión Americana con el caso Affleck, sino, en países como El Salvador, donde se nota que lo que más abunda son comercios y fundaciones, muchas de estas últimas, pareciera, son fachada para conseguir donativos y pagarse sus salarios o bien son usadas como trampolín para buscar algún “puestecito” con privilegios, pero que a la hora de denunciar, defender o exigir, prefieren la comodidad de su despacho disfrutando de buen café comprado con algún fondo no reembolsable. 

Estas organizaciones deberían actuar, más y mejor. No sólo eso, debieran rendir cuentas del impacto de su gestión en los grupos que suponen ayudar, en este caso, las mujeres abusadas. Más aún, si reciben fondos públicos. El Salvador debe dejar de ser un país de pandereta con instituciones de broma en temas tan serios. 

En cuanto a la famosa Academia de Artes y Ciencias, radicada en el lujoso barrio de Beverly Hills, California, Estados Unidos, no resta más que expresarles, como dicen por esos lares… Shame on you! Shame on you!