• Diario Digital | Miércoles, 12 de Diciembre de 2018
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Quien gana oriente gana la presidencia

Quien gana oriente gana la presidencia

La sensación de abandono que la zona oriental del país resiente data de los primeros años de la república. El desplazamiento del añil por el café debido al cambio en los mercados internacionales y la falta de previsión política y económica de los dirigentes de la época con San Miguel ocasionaron que el alcoholismo, desempleo y delincuencia se volvieran pan de cada día.

La respuesta política de San Salvador fue reorganizar el departamento en cuatro departamentos para evitar levantamientos regionales y crear localismos que terminarían diluyendo ese anhelo separatista de los miguelenses. Pero aquellas medidas dejaron en abandono económico a la población.

Vendrían las promesas del tren. Los políticos tardaron 30 años en llevar el ferrocarril a la ciudad. Y cuando llegó articulado con el Puerto de Cutuco el desarrollo no se hizo esperar. 20 años le tomará a la ciudad llegar a la época de esplendor: la década de los 50´s del siglo XX.

Luego del añil como columna vertebral de la economía de la zona desde el coloniaje español fue hasta los gobiernos militares que se redefinió la zona (no sin los daños ecológicos, sociales y de salud) como preminente agrícola.

No es de extrañar entonces que esta estructura socio-económica diseñada en la dictadura militar haya logrado que la mayoría de cuadros combatientes de la ex guerrilla y los principales escenarios de guerra civil de 1980-1992 fueran en la zona oriental.

Llegó la Paz. Y ARENA tuvo la oportunidad de impulsar el desarrollo agrícola de la zona y con esto evitar la migración hacia los Estados Unidos de una nueva generación de salvadoreños.

Pero en lugar de pensar una política económica intermedia que promoviera producir cuando menos lo que aquí consumimos (alimentos) decidió colocar los huevos en una sola canasta: importaciones.

Nuestros empresarios y expertos económicos de derecha argumentaron que resultaba más barato importar, incluso las verduras de Guatemala, que iniciar todo un aparato productivo nacional (agro industrial) que permitiera el desarrollo sostenible de nuestros campesinos y a largo plazo de nuestras ciudades.

El gobierno de Francisco Flores siguiendo con la lógica perversa de un sistema capitalista para sus amigos enterró la agricultura nacional mandando al carajo el mismo lema de los agropecuarios areneros: sin agricultura no hay comida.

¿Y a dónde se fueron a comprar los empresarios salvadoreños que abanderaban la salida económica de las importaciones? A China Popular. Tampoco por eso es de extrañar que para 2017 las compras que nuestro país hace en el gigante asiático hayan ascendido a $1,500 millones.

Desde luego comprarle a China era más barato que comenzar hacer nosotros las cosas; se necesitaba tecnología, inversión en educación, libertad de empresa y libertades personales para promover la innovación. Pero todo eso les olía mal (comunismo) a los empresarios y políticos areneros.

Su intención era potenciar con las compras en el extranjero al sector servicios y con ello el consumismo irracional en un pueblo con propensión marginal al consumo se impuso como mecanismo de obtener riqueza rápida para los empresarios.

Esa dinámica económica en una zona pobre, ruda y poco educada como el oriente salvadoreño promovió la migración como única salida de ese estado de cosas. El envío de remesas (San Miguel es el segundo destino de remesas desde EE.UU.) se volvió la norma de subsistencia para nuestras gentes y con ello se bloqueó la idea del esfuerzo y trabajo entre las generaciones venideras (las actuales).

No es de extrañar tampoco que al oriente, otrora granero de la república, tengan que llegar jornaleros de Nicaragua y Honduras hacer trabajos que los habitantes de la zona no desean hacer. Igual que las remesas se gasten en negocios de servicios que llegaron desde San Salvador y que nunca veremos reinvertidos en la creación de todo un proceso agro-industrial que saque de la pobreza, violencia y desanime a emigrar a los jóvenes de la ciudad, del país.

Corolario:

Quienes sostienen que hay que ampliar el Romero en lugar de construir una nueva terminal aérea ignoran que todos los países tienen una ciudad opción a la capital por si esta colapsará en un momento determinado de su historia, El Salvador solo tiene San Salvador. ¿Por qué no pensar fuera de la caja y hacer del oriente el otro polo, uno real, dentro del país?

Si el grupo Poma puede construir un Metrocentro y a su alrededor las empresas de San Salvador pueden redefinir la avenida Roosevelt de la ciudad como un gran parque lineal de servicios y comercio ¿Cuál es el problema que China desee convertir en centro logístico al Puerto de La Unión? ¿Qué se pretenda bajo la misma política del sector servicios de remesas ahora también al turismo nostálgico y así construir y potenciar un aeropuerto? Y  no solo, además el Puerto, un tren, que ayudaría a descentralizar más el poder concentrado en San Salvador y que nos hace sentirnos como otro país a los orientales.

En 30 años ARENA/FMLN enterró –el primero- la agricultura local y al mejor estilo de los políticos del siglo 19 dejó sin opciones luego de una guerra civil al oriente salvadoreño; por eso ahora es incomprensible que cuando la izquierda (tarde) y por fin se decide hacerle frente a la redefinición económico-social de la región la derecha (sin proponer alternativas) se oponga visceralmente.

En 30 años ARENA/FMLN ni el Teatro Nacional de la ciudad, el más antiguo del país, han podido terminar. No debería de extrañarles que en las preferencias electorales de los votantes de los cuatro departamentos aparezca el bipartidismo segundos y terceros.

ARENA debería de entender (gracias al abandono de 20 años) lo mal que esta electoralmente en la zona oriental. En lugar de oponerse a las inversiones chinas (que la gente no ve mal) debería abanderar la construcción de un tren y sumarse a construir con la cooperación china la segunda y nueva ciudad de El Salvador o –cuando menos para no parecer mediocre- decir cuál es su mejor oferta electoral para San Miguel, Usulután, La Unión y Morazán.

Quien gana oriente, gana la presidencia.