• Diario Digital | Domingo, 21 de Octubre de 2018
  • Actualizado 16:59

Salvadoreños: De la Distopia a una Utopía de Nación

Salvadoreños: De la Distopia a una Utopía de Nación

Hace unos seis meses El Salvador pasaba por una distopia generada por la corrupción y desprestigio de su clase política.  Después de haber sido gobernado por partidos autodenominados de izquierda y derecha, parte de su electorado concluyó que estas son máquinas electorales saqueando al país en beneficio de sus directorios.  La mayoría de la población salvadoreña había caído en una depresión y negativismo respecto de cualquier entidad o planteamiento político.  Casi todas las pláticas entre salvadoreños eran cerradas con un “todos son corruptos”.  Lo peor del caso es que asumían su desgracia como una deficiencia nacional parte de su ADN, al concluir los salvadoreños expresaban  “aquí no se puede progresar”.  Ese sentimiento de estar a la deriva parece estar teniendo un interludio utópico, debido a los últimos sucesos políticos que de alguna manera han generado esperanza.

Además de las elecciones internas de los partidos, la inscripción masiva de casi 200,000 votantes en un partido nuevo muestra un resurgimiento del interés político en la ciudadanía.  Aunque los precandidatos de los partidos no han presentado aún sus propuestas programáticas, mucha gente está entusiasmada por las próximas elecciones presidenciales.

En momentos en que Nicaragua se ha volcado a las calles a enfrentarse a la represión policiaca en protesta a su gobierno, en El Salvador se  emprende una iniciativa cívica pacífica de creación de un nuevo partido.  Aunque la clase política representada en las instituciones estatales aún se guardan la última palabra para aceptar en sus términos al partido Nuevas Ideas, la voluntad ciudadana expresada en el empadronamiento de esos históricos tres días, debe considerarse por el TSE con apego a la ley y atención a la realidad.

Los medios de comunicación tradicionales como la Prensa Gráfica, El Diario de Hoy, EL Mundo y los principales canales de televisión y radiodifusoras, en pánico, se negaron a cubrir el magno evento cívico de ciudadanos que se empadronaron en Nuevas Ideas. Esos salvadoreños empadronados están afirmando su fe en que es el estado de derecho y no otra guerra lo que puede desarrollar al país. La prensa confirmó su propia irrelevancia, porque estos 200,000 ciudadanos prescindieron de los medios tradicionales para anunciarse e informar los resultados de su cita patriótica.  Le demostraron al país y al mundo entero que estamos en otra época. Tal negligencia periodística de los medios de comunicación tradicionales no es ningún caprichito frugal y pasajero.  Es un clavo más al ataúd de la prensa tradicional que agoniza en su rol de quinto poder. Se estima que  más de 150 empleados de los medios de comunicación salvadoreños han sido despedidos en el último año.

El movimiento Nuevas Ideas ha demostrado en su corta vida que los partidos políticos pueden prescindir de la cobertura periodística y tener éxito. Las redes sociales no sólo sustituyen a la prensa escrita, televisiva y radial, en el aspecto informativo, sino que son instrumentales en la organización, coordinación y movilización de masas. Al igual que las empresas modernas que utilizan plataformas como Facebook, Messenger y WhatsApp para mercadeo, promoción y venta de sus productos, las entidades políticas modernas las usan para implementar su activismo político y movilizar adeptos.  Además de ser las redes sociales más ágiles en la producción y diseminación de información, no tienen límites territoriales y operan permanentemente.

El entusiasmo político que resurge en el seno del pueblo debe su dinamismo tanto al uso de las redes sociales, como a las decisiones y decadencia de la clase política salvadoreña que ha desafiado a la población.  Tanto la selección de un magnate con un perfil monárquico por parte de ARENA, como su propuesta legislativa de latifundio en el país y sus alianzas con el PCN y PDC, anuncian una recomposición de la derecha.  Por otro lado, el FMLN no parece tener brújula que le oriente y fortalezca frente a una derecha electoral sólida.  Este es  el campo fértil para el protagonismo simbiótico del movimiento Nuevas Ideas y el exalcalde Nayib Bukele, que a pesar de no ser un miembro del partido en proceso de inscripción, cuenta con el imprescindible apoyo de dicho movimiento.

Tanto un ARENA que se prepara para profundizar el neoliberalismo y privatizar o saquear lo que queda del estado salvadoreño, como un FMLN que se niega a rectificar su inconsecuencia con los pobres e incongruencia con sus postulados históricos, son un incentivo para el movimiento Nuevas Ideas, cuya membresía no tiene más viñeta que su oposición al statu quo y desprecio por la actual clase política.  El potencial de Nuevas Ideas ha venido a dinamizar a toda la clase política salvadoreña.  Desde los partidos grandes que se inoculan recomponiéndose y descomponiéndose, hasta los partidos pequeños que abren sus puertas a la candidatura de Bukele y a los recién empadronados en Nuevas Ideas, han sido afectados por el protagonismo ciudadano que espera cambiar el curso de fracaso del país, en las elecciones presidenciales del 2019.

La distopia se transforma ahora en un interés con múltiples posibilidades entre el pueblo y las distintas fuerzas.  El FMLN ha duplicado sus posibilidades y por lo menos uno de sus precandidatos está abierto a alianzas en una posible segunda vuelta.  Entre los  partidos pequeños, el PCN y PDC están en proceso de alianza con ARENA.  Otros como la CD, FPS y PSD esperan la posibilidad de alianzas con el nuevo partido.  La expectativa mayor está entre los candidatos del FMLN, porque los resultados de sus elecciones internas, serán una radiografía del partido oficial, que parece estar sufriendo una implosión a partir de las elecciones del pasado 4 de marzo. Los debates aunque muy poco controversiales le están dando un respiro al partido oficial y generan expectativas entre su militancia joven, histórica, crítica y catequizada.

Tanto Hugo Martínez como Gerson Martínez -quien era el supuesto candidato de la “cúpula”- hoy toman distancia de la dirección en su apelación al voto de sus correligionarios.  Los esfuerzos tímidos del FMLN por reincorporar a sus ex militantes históricos y simpatizantes críticos dejan entrever que su liderazgo aun no está seguro si quiere quedarse pequeño como el PCN, DC y PSD, gestionando cuotas de poder, o reconstituirse en la alternativa del pueblo y retomar su agenda histórica para enfrentar a ARENA.  En su última evaluación pública, el secretario general del frente redistribuyó la responsabilidad de la derrota electoral entre diputados, funcionarios y el ejecutivo. Medardo González aceptó a regañadientes que su partido había hecho un mal gobierno, cuando en una entrevista Nacho le inquirió al respecto.  También aceptó que expulsar a Nayib Bukele fue un error, refiriéndose a la relación de este con el FMLN como un cónyuge dolido, dijo que “es historia que termino mal”, descartando por hoy una posible alianza.

El  país ha pasado del desinterés y cinismo provocado por máquinas electorales, a ejercer su derecho de abstenerse y anular su voto, hasta adoptar un entusiasmo por un candidato, cuya única oferta es la decencia y su exitosa experiencia administrativa publico privada.  Comparado a pilares de la clase política salvadoreña como los diputados Rodolfo Parker, Donato Vaquerano, Norma Guevara y Lorena Pena, Nayib Bukele es un golondrina pichón. Sin embargo pareciera volar en la misma dirección de los vientos que la alquimia política trajo a El Salvador el año 2017. Aunque queda mucho por recorrer en términos de la contienda por la presidencia, el ex-alcalde ya ha propuesto lucha colectiva y honradez administrativa en sus emblemáticas consignas: “una sola golondrina no hace verano” y “cuando no se roba alcanza.”   Con estas dos frases ha pasado a  formar su propio movimiento saliéndose de las viñetas ideológicas simplistas de “izquierda y derecha”, con las que se identifica la actual clase política salvadoreña.