• Diario Digital | jueves, 30 de junio de 2022
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Deportes - Libertadores

River y Boca buscan el cetro sudamericano en un Madrid blindado

En una especie de ensayo de las futuras finales de la Libertadores, que se jugarán a partido único, en el estadio convivirán en tribunas opuestas las hinchadas de River y Boca, adonde quieren llevar el ambiente de las canchas argentinas.

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Foto: @BocaJrsOficial
River y Boca buscan el cetro sudamericano en un Madrid blindado

Rivales históricos del fútbol argentino, River Plate y Boca Juniors pugnarán este domingo a las 19H30 GMT por coronarse como campeones de Sudamérica en un Madrid blindado que, sin incidentes destacados, empezaba a vibrar con este partido desplazado a España por la violencia ocurrida en Buenos Aires.

A falta de una hora del pitido inicial, el emblemático estadio Santiago Bernabéu empezaba a llenarse con las dos ruidosas hinchadas que a lo largo del día estuvieron cantando, saltando y animando en las respectivas "fan-zones" sin ningún tipo de incidente.

"Los autobuses con los jugadores llegan sin ningún incidente al estadio", tuiteó la Policía Nacional que escoltó ambos vehículos hasta el Santiago Bernabéu.

En este escenario tan lejano de la Bombonera y del Monumental, los equipos de Marcelo Gallardo y Guillermo Barros Schelotto buscarán desequilibrar el 2-2 registrado en la cancha de Boca en el ya lejano partido de ida del 11 de noviembre.

En juego está la consecución de la Copa Libertadores --la séptima de Boca y la cuarta de River-- ante el eterno rival pero también la clasificación para el Mundial de Clubes que se disputará del 12 al 22 diciembre en Emiratos Árabes.

Sin embargo, la vertiente deportiva de la bautizada como "final del siglo" pasó a un segundo plano cuando un grupo de hinchas radicales de River atacaron con piedras y gases lacrimógenos el autobús de Boca a su llegada al estadio Monumental, hiriendo a dos jugadores.

La CONMEBOL aplazó el encuentro y finalmente lo trasladó a Madrid contra el criterio tanto de River, que perdió la localía, como de Boca, que exigió en vano la victoria en los despachos.

Onces inciertos 

En terreno neutral y con un empate en la ida, sin valor extra de los goles a domicilio, el partido será "muy trabado, muy luchado (...) probablemente no se vea lo mejor de uno ni lo mejor del otro", pronosticó el técnico xeneize Guillermo Barros.

El aplazamiento le permitió recuperar al talentoso atacante Cristian Pavón, lesionado en la Bombonera, con lo que podría optar por jugar con Darío Benedetto y Ramón Ábila en punta o con tres delanteros como venía haciendo durante todo el torneo.

Del lado "millonario", las opciones ofensivas son más escasas: Gallardo, sancionado para el encuentro, no podrá contar con el colombiano Rafael Santos Borré por acumulación de tarjetas, ni probablemente con el lesionado Ignacio Scocco.

Despliegue de seguridad 

En una especie de ensayo de las futuras finales de la Libertadores, que se jugarán a partido único, en el estadio convivirán en tribunas opuestas las hinchadas de River y Boca, adonde quieren llevar el ambiente de las canchas argentinas.

"Hay dos partidos hoy, en la cancha y en la tribuna. El de la cancha será parejo, el de las tribunas lo ganaremos", decía Miguel Braun, un hincha de Boca de 25 años llegado de Buenos Aires.

A su alrededor, en la fan-zone de Boca, resonaban los bombos y los cánticos contra el centenario rival, mientras que las bufandas, las banderas y los botes de humo teñían el paseo de la Castellana de azul y dorado.

Dos kilómetros al norte, y separados por un amplio dispositivo de seguridad, predominaba el blanco y el rojo de los "millonarios". 

"Esto es muy lindo, pero nada como verlo en casa. Esta es una muestra pequeña de la emoción que se siente en cada partido de River", señaló a la AFP Delfina Folatti, una diseñadora de 26 años de Buenos Aires.

La CONMEBOL puso a la venta 50.000 entradas para argentinos de ambos clubes --10.000 para residentes en el país y 40.000 para los emigrados-- que peregrinaron en masa a Madrid.

La capital española desplegó un dispositivo de seguridad excepcional, superior al diseñado para la final de Champions de 2010 o al de un clásico Barça-Madrid.

Se movilizaron más de 4.000 policías y agentes privados y se cortó el tráfico del paseo de la Castellana, donde se instalaron furgones policiales, tanquetas y policía montada, sobrevolados todos por un helicóptero.

Para acceder al estadio, los hinchas debenn hacer largas filas para cruzar el triple control de seguridad previsto y, en el momento de las celebraciones, deberán dirigirse a zonas distintas.

El objetivo: que la final más esperada del fútbol argentino tenga un "cierre digno", en palabras del entrenador rosarino del Real Madrid Santiago Solari.

Aunque siempre quedará la incógnita de qué hubiera pasado si la violencia no hubiera interferido en el deporte y la final del siglo no hubiera salido nunca de Buenos Aires.

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