Nepal

El balance de víctimas por el colapso glaciar en el Himalaya asciende a 552 muertos y más de 1,500 desaparecidos

La catástrofe en la frontera entre Nepal y China entra en una fase crítica tras la aparición de lagos de barrera artificiales que amenazan con nuevos aluviones masivos e interrumpen las tareas de rescate.
Fotos EST/Cortesía

La región fronteriza entre Nepal y la región autónoma del Tíbet, en China, enfrenta una de las peores crisis humanitarias y ambientales de su historia reciente. El colapso masivo de un sector del glaciar en el pico Langtang Lirung, registrado a mediados de esta semana, desencadenó un devastador aluvión de lodo, rocas y agua que prácticamente ha borrado del mapa asentamientos enteros y tramos clave de infraestructura conectiva.

Según los últimos reportes consolidados por las agencias de gestión de emergencias de ambos países, la cifra de fallecidos confirmados se sitúa ya en 552 personas (547 en territorio nepalí y cinco en el lado chino), mientras que el número de personas cuyo paradero se desconoce por completo se ha elevado por encima de las 1,530.

El desastre comenzó en las primeras horas del miércoles 26 de agosto, cuando un bloque de hielo de aproximadamente 600 metros de ancho se desprendió limpiamente de la masa glaciar principal. El impacto en el terreno fue de tal magnitud que los sensores del Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS) registraron vibraciones equivalentes a un sismo de magnitud 5.2. Lejos de tratarse de un terremoto tectónico inicial, los científicos determinaron que el temblor fue la consecuencia directa del desplome de millones de metros cúbicos de escombros congelados.

Esta inmensa masa se precipitó de manera vertical casi 1,900 metros hacia el sistema fluvial de los ríos Lhende Khola, Trishuli y Bhote Koshi. El flujo generó un violento efecto de taponamiento antes de romper las defensas naturales, liberando una ola destructiva que se desplazó a lo largo de un corredor de casi 100 kilómetros río abajo.


La letal corriente de lodo sorprendió a comunidades locales, trabajadores de proyectos hidroeléctricos y numerosos contingentes de turistas extranjeros y peregrinos que realizaban la ruta hacia el monte Kailash. Las autoridades de Nepal reportan que más de 970 personas siguen desaparecidas en sus distritos, mientras que la televisión estatal china, CCTV, cifró en 558 los desaparecidos en el condado de Gyirong, incluidos más de 250 ciudadanos internacionales.

En términos materiales, los daños provisionales estimados por BBC Mundo News superan los $115 millones solo en la red de transportes. Unos 40 kilómetros de la carretera principal que une Katmandú con Lhasa quedaron destruidos, incluida una veintena de puentes peatonales y vehiculares. Asimismo, el sector energético nepalí ha perdido temporalmente un 12% de su capacidad instalada debido al anegamiento total de las instalaciones hidroeléctricas en la cuenca del Trishuli.

Operaciones bajo máxima alerta

El Ejército de Nepal ha logrado rescatar con vida a más de 3,200 personas mediante operaciones en helicóptero, logrando evacuar a cientos de obreros atrapados en los túneles cubiertos de lodo del proyecto hidroeléctrico Upper Trishuli-1. No obstante, la ventana de supervivencia se reduce drásticamente debido a las complejas condiciones del terreno.

La preocupación principal de los equipos de rescate radica en un peligro latente aguas arriba. La gran acumulación de sedimentos ha represado el cauce fluvial en la frontera común, creando un inestable lago de barrera a casi 3,000 metros de altitud. La Autoridad Nacional para la Reducción del Riesgo de Desastres de Nepal (NDRRMA) advirtió que el nivel de este cuerpo de agua está rebasando sus límites, lo que ha forzado la paralización intermitente de las labores de búsqueda ante el riesgo inminente de un segundo aluvión catastrófico. Los científicos apuntan al aumento global de las temperaturas como el acelerador sistémico de estos desprendimientos repentinos en los Himalayas.