Cómo operan el PCC y el CV, los poderosos grupos criminales de Brasil designados como terroristas por Estados Unidos
El jueves 28 de mayo, el Departamento de Estado de Estados Unidos anunció que sumó al Primer Comando de la Capital (PCC) y al Comando Vermelho (Comando Rojo) de Brasil al grupo donde ya están el Tren de Aragua de Venezuela, la Mara Salvatrucha (MS-13) de El Salvador y los distintos cárteles de la droga que operan en México.
Tras recordar que ambos cuentan "con miles de miembros y han orquestado ataques brutales contra agentes de policía, funcionarios públicos y civiles brasileños", el despacho dirigido por Marco Rubio justificó la calificación alegando que las agrupaciones representan una amenaza para la seguridad de Estados Unidos.
"Su influencia y sus redes ilícitas se extienden mucho más allá de las fronteras de Brasil, a lo largo de nuestra región y hasta nuestro país", se lee en el comunicado.
La etiqueta de Organizaciones Terroristas Extranjeras (FTO, por sus siglas en inglés), prevista en una ley de 1996, permite imponer mecanismos de persecución y sanciones específicas a las entidades incluidas en ella.
Y, según algunos expertos, autoriza a las autoridades estadounidenses a actuar contra ellas en el exterior.
La decisión de Washington ha sido rechazada por el gobierno de Brasil, el cual teme que la medida abra las puertas para que Estados Unidos extienda a su territorio los ataques que sus fuerzas militares vienen lanzando contra supuestas narcolanchas desde septiembre de 2025 en el Caribe y el Pacífico.
Por su parte, el candidato presidencial Flavio Bolsonaro saludó la medida.
"Un gobierno que no tiene control sobre su propio territorio y ni siquiera controla las cárceles es cómplice del crimen organizado", declaró el senador e hijo del expresidente Jair Bolsonaro, quien horas antes del anuncio se reunió con Rubio.
Pero, ¿quiénes son estos grupos y son realmente tan poderosos como sostienen las autoridades estadounidenses?
Un producto de las cárceles
El Comando Vermelho y el PCC surgieron con décadas de diferencia.
Los orígenes del primero se remontan a la década de los setenta; es decir, a la época de la dictadura militar.
Por su parte, los comienzos del PCC se pueden situar a inicios de los años noventa, según se lee en la página de InSight Crime, organización especializada en temas de seguridad en las Américas.
No obstante, ambos grupos comparten su lugar de nacimiento: las cárceles de Brasil.
"El Comando Vermelho nace en el interior de las prisiones, en el corazón del Estado", le explicó a BBC Brasil la socióloga Carolina Grillo, de la Universidad Federal Fluminense.
¿Cómo? Los dirigentes y simpatizantes de izquierda que fueron detenidos por el régimen militar fueron enviados a prisiones comunes como el Instituto Penal Candido Mendes, ubicado a más de 100 kilómetros de Río de Janeiro, y allí se mezclaron con presos que cumplían condenas por delitos como robos y asaltos.
Los presos políticos, quienes provenían de clases medias, enseñaron a los internos —muchos de los cuales eran analfabetos— sobre sus derechos y buscaron mediar con las autoridades para mejorar sus condiciones, incluido el fin de la tortura y los malos tratos.
Uno de sus fundadores, William da Silva Lima, alias "el Profesor", en su libro "400 x 1: una historia del Comando Vermelho", narró que el grupo surgió para organizar el espacio carcelario mediante la creación de reglas de convivencia.
Cuando se promulgó la Ley de Amnistía en 1979, los presos políticos fueron liberados, mientras que los presos comunes permanecieron en las cárceles.
La lucha por la justicia social dentro de las prisiones perdió entonces fuerza, y los miembros del grupo, originalmente conocido como Falange Vermelha, se reorganizaron y comenzaron a incursionar en actividades ilícitas.
Por su parte, el PCC se formó a raíz de la masacre ocurrida en la desaparecida prisión de Carandiru, en Sao Paulo, en octubre de 1992, en la que "las fuerzas de seguridad brasileñas mataron a más de 100 reclusos tras un motín", se lee en InSight Crime.
Meses después, un grupo de ocho reclusos que fueron trasladados a otra cárcel formó el PCC para exigir justicia por la masacre y reclamar mejores condiciones carcelarias, emulando así al Comando Vermelho.
Sin embargo, al igual que el primero, pronto abandonó sus demandas sociales y sus miembros comenzaron a organizar grupos en el exterior para obtener fondos mediante el tráfico de drogas y de armas, los robos y los secuestros.
Pese a sus similitudes, las organizaciones han sido enemigas declaradas, aunque en 2025 pactaron una tregua para fortalecer sus actividades y armamento.
La decisión puso fin a una década de sangrientos enfrentamientos que dejó miles de víctimas, pero alarmó a las autoridades.
Remedios fallidos
En la década de los ochenta, el Comando Vermelho protagonizó sonadas fugas: más de 100 reclusos lograron escapar de la prisión y los prófugos comenzaron a delinquir.
Con el dinero de los asaltos a bancos, los miembros del grupo invirtieron en otro negocio: el narcotráfico.
"En ese momento, Colombia se convierte en productora de cocaína. Y eso provoca cambios en las rutas internacionales del tráfico. Brasil se convierte en un puesto intermedio en la ruta hacia Europa, como lo es hasta hoy", dijo la socióloga Grillo.
Con el tráfico de drogas, el Comando Vermelho tuvo que proteger sus mercancías de los intentos de robo de otros grupos, lo cual desató la violencia.
"No puedes ir a la comisaría y presentar una denuncia porque te han robado la droga", afirmó a BBC Brasil Jacqueline Muniz, del Instituto de Estudios Comparados en Administración de Conflictos del Departamento de Seguridad Pública.
En un intento por debilitar al grupo, las autoridades repartieron a sus líderes entre diferentes cárceles, pero el efecto fue el contrario: el Comando Vermelho transmitió sus ideales a otros reclusos, con lo cual multiplicó su fuerza hasta convertirse en la principal organización criminal de Río de Janeiro y una de las más poderosas del país.
La misma estrategia fallida se aplicó al PCC, el cual en pocos años se expandió por distintas prisiones y estados del país.
En 1999, el grupo mostró su músculo al protagonizar uno de sus mayores golpes al robar $7 millones de un banco en Sao Paulo, el mayor de la historia de la ciudad, apuntó InSight Crime.
Para la primera década de este siglo, se estimaba que el PCC controlaba unas 70 prisiones brasileñas, y en 2006 consiguió retener dentro de dichos recintos a decenas de familiares de reos durante una visita, en protesta por la persecución a sus líderes.
El grupo también lanzó una serie de ataques simultáneos en distintas ciudades que dejaron 150 muertos, recordó InSight Crime.
Cómo se organizan
Ambos grupos se organizan como franquicias o células regionales que responden a una cúpula.
"Hay varios dueños de los barrios marginales. Ninguno manda más ni menos, es una sociedad. Eso es lo que permitió al Comando Vermelho crecer a nivel nacional", le dijo a BBC Brasil el periodista Rafael Soares, autor del libro "Milicianos: cómo agentes formados para combatir el crimen pasaron a matar al servicio del mismo".
Las autoridades brasileñas y expertos calculan que el PCC tiene unos 40,000 miembros, dentro y fuera de las prisiones, lo cual lo convierte en la principal organización criminal del país.
Por su parte, el Comando Vermelho tendría unos 30,000.
Pero la estrategia de dividir a los líderes de los grupos no ha sido la única que las autoridades han aplicado y que no ha dado resultados: las grandes operaciones policiales lanzadas en los últimos años para intentar desarticular a las organizaciones tampoco han funcionado.
Entre 2022 y 2023, el Comando Vermelho, por ejemplo, aumentó en un 8.4% las áreas de Río de Janeiro bajo su control, hasta llegar al 51.9% de las zonas en poder de bandas criminales; y recuperó el liderazgo perdido frente a las fuerzas de seguridad en años anteriores, reportó BBC Brasil.
En octubre de 2025, las autoridades de Río de Janeiro enviaron unos 2,500 uniformados a dos favelas (barriadas marginales) de la ciudad para neutralizar al Comando Vermelho.
¿El balance? 120 muertos, entre ellos cuatro agentes, 81 detenidos y denuncias de ejecuciones extrajudiciales.
"El Estado no consigue recuperar el control de zonas dominadas desde hace décadas", denunció Terine Husek, director de investigación del Instituto Fuego Cruzado.
Un estudio realizado en 2025 por investigadores estadounidenses estimó que entre 50 millones y 61 millones de personas en Brasil viven bajo el control de organizaciones criminales.
Esta cifra corresponde aproximadamente a una cuarta parte de la población del país y es la más alta de América Latina.
Más allá de Brasil
Las actividades de los grupos a los que ahora Washington califica de terroristas no se han limitado a Brasil.
Las propias autoridades brasileñas reconocen que el PCC y el Comando Vermelho son las únicas organizaciones criminales de ese país que actúan en el extranjero, particularmente en Suramérica.
De los otros 86 grupos, 72 operan exclusivamente en sus estados de origen y 14 tienen presencia en más de un estado o región de Brasil, según publicó la cadena alemana DW.
Otros informes señalan que las bandas manejan tanto el tráfico de drogas como el de armas desde países como Perú, Bolivia y Paraguay.
Perú y Bolivia son productores destacados de la hoja de coca y Paraguay lo es de marihuana.
Las actividades del PCC no se han limitado a América Latina.
"El grupo estableció vínculos con la poderosa mafia italiana, la 'Ndrangheta, y comenzó a blanquear dinero en países como China", reportó InSight Crime.
En 2025, la Fiscalía de Sao Paulo estimaba que el PCC contaba con unos 2,000 miembros en 28 países.
"Estos grupos criminales son auténticos negocios empresariales. Su expansión tiene motivos económicos, como reducir costos. Se establecen en Paraguay y Bolivia, y en menor medida en Perú, porque allí se produce la droga", le explicó hace unos años a BBC Mundo Carolina Sampó, coordinadora del Centro de Estudios sobre Crimen Organizado Transnacional.
"La desaparición de los cárteles de Medellín y Cali (de Colombia) dejó espacio a otros actores, menos piramidales, cuya organización es horizontal y compleja y, por lo tanto, más difícil de rastrear", agregó la experta.
El tiempo dirá si la decisión de Washington se traduce en acciones que puedan conseguir lo que no han logrado las autoridades brasileñas hasta el momento: derrotar a estas poderosas bandas.