El Salvador

Familias piden ayuda para salvadoreños atrapados en Rusia tras ser engañados con ofertas de trabajo

Bajo la promesa de salarios de $2,500 y un trabajo digno, varios salvadoreños viajaron a Rusia sin saber que su destino final serían las trincheras de Donetsk.
Salvadoreños atrapados en Rusia
Foto EST/Retomada de Infobae

Lo que inició como una promesa de prosperidad y un salario digno para sacar adelante a sus familias se ha transformado en una pesadilla de dimensiones internacionales.

Al menos una decena de ciudadanos salvadoreños se encuentran actualmente atrapados en la Federación Rusa, víctimas de una presunta red de reclutamiento engañoso que, bajo la fachada de empleos en seguridad privada y zonas petroleras, los ha enviado directamente a los frentes de combate en la guerra contra Ucrania.

Las historias coinciden en un patrón de manipulación sistemática. Reclutadores identificados por las familias, presuntamente, como Carlos Gallegos (o Gallego) y Marlyn Montoya, habrían contactado a salvadoreños ofreciéndoles puestos como escoltas de seguridad privada o custodios en bases petroleras.

Las ofertas económicas resultaban irresistibles: sueldos que oscilaban entre los $2,000 y hasta $5000 mensuales, una cifra que quintuplica el ingreso promedio en El Salvador.

Según testimonios de las familias de los afectados, recogidos en exclusiva por Infobae, el proceso de reclutamiento fue inusualmente rápido, una característica común en las redes de estafa de este tipo.

“Marina López“, familiar de uno de los salvadoreños enviados a la zona de conflicto, relató en entrevista cómo la urgencia fue un factor clave para evitar que las víctimas cuestionaran la oferta.

“El viaje fue como en una semana. No les pidieron pruebas físicas, ni exámenes médicos, absolutamente nada”, relató a este medio, subrayando que la rapidez de los supuestos reclutadores impidió que los salvadoreños dimensionaran el peligro real al que se exponían.

La realidad: El frente de guerra y el horror de los drones

Al llegar a Rusia, el velo de la mentira se desvaneció. A los trabajadores les confiscaron sus pasaportes y teléfonos celulares, dejándolos en una situación de vulnerabilidad absoluta e incomunicación. Bajo coacción, fueron obligados a firmar contratos redactados íntegramente en ruso, un idioma que no comprenden. Poco después, descubrieron que no cuidarían pozos petroleros, sino que habían sido integrados a las filas del ejército ruso.

El costo humano ha sido devastador. “López” también relató que su cuñado quedó con la mitad del cuerpo paralizado tras un ataque con drones. Su esposo también resultó herido en el pie izquierdo, sufriendo fracturas y rotura de tendones.

A pesar de la gravedad de sus lesiones, la atención médica ha sido nula o deficiente. “Estuvo alrededor de un mes en una base militar sin recibir ni una pastilla”, denuncia su esposa. Lo más alarmante es que, aun herido, fue obligado a firmar un documento donde declaraba estar “sano” para ser enviado nuevamente a cumplir misiones de riesgo en regiones como Donetsk.

Familias claman por ayuda oficial

La incertidumbre consume a las familias en El Salvador. “Karla”, esposa de otro salvadoreño, relató que su último contacto con él fue el pasado Sábado de Gloria. “Él me llamó como pudo y me dijo que ya iba para los frentes de Rusia, para el territorio de guerra”, explicando con angustia.

El modus operandi de los reclutadores incluía el pago de los boletos aéreos (vía Colombia y España) bajo la condición de que el costo sería descontado de sus futuros salarios, que, de hecho, según las denuncias, nunca han sido pagados. Esta modalidad presenta claros indicios de trata de personas con fines de explotación, agravada por el contexto de un conflicto armado internacional.

Las familias piden que se procese judicialmente a los responsables de entregar a estos salvadoreños a una guerra que no les pertenece. La vida de estos salvadoreños pende de un hilo en las gélidas tierras de Europa del Este. Sus familias no piden dinero, piden el rescate de sus vidas.

*Este artículo fue escrito por Elizabeth Minero desde San Salvador

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