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Política - Expedición a China 2018, primer contacto

“Queremos una sola China, Taiwán con su dinero ayuda a la inestabilidad y la corrupción en otros países”

Episodio 3. El Director de Comunicaciones de la Oficina para Asuntos de Taiwán también dijo que la isla se ha alineado a las intenciones y políticas de Estados Unidos

Ma Xiaoguang y delegacion
El portavoz Ma Xiaoguang atiende a la delegación salvadoreña. Foto cortesía de Armando Godoy, canal 12.
“Queremos una sola China, Taiwán con su dinero ayuda a la inestabilidad y la corrupción en otros países”

En el níveo fondo de las tacitas de porcelana, las hojas de té verde parecen inofensivas, sin poder alguno; pero cuando el agua hirviendo les extrae sus propiedades te das cuenta de que son poderosas y que te quitan cualquier atisbo de sueño después de un opíparo almuerzo. Los chinos las consumen desde siempre y se sienten orgullosos de ellas, tanto como de la historia de su país, de la revolución comunista, de la Ciudad Prohibida, la Gran Muralla y la política que los ha vuelto la segunda potencia mundial.

Y al igual que con las hojas de té, saben y defienden que parte de su historia pasa por la provincia que tiene dividida a la política salvadoreña: Taiwán, la isla que despierta emociones en eruditos e ignorantes; la isla que, como sucede con los fans del Barcelona y el Real Madrid en Soyapango o Morazán, desata pasiones entre ARENA y el FMLN.

Con una diferencia: China y Taiwán no son enemigas. A pesar de lo que nos hayan dicho en El Salvador. Tienen comercio bilateral, intercambios culturales, millones de turistas que cruzan el estrecho marítimo y más de 100 mil empresas taiwanesas que han visto a la madre China como el nido para ir a establecerse y a ganar dinero.

Cuando a uno le cuentan estas cosas y le muestran las cifras desde la parte oficial de China continental, ya no puede atribuirse al poderoso té la atención que generan las palabras de Ma Xiaoguang, el director de comunicaciones de la Oficina para Asuntos de Taiwán.

Sentado al lado izquierdo del salón, y teniendo como telón de fondo una pintura que muestra las puntiagudas montañas chinas donde se filmó la película Avatar, Xiaoguang le narra a nuestra delegación que desde siempre Taiwán ha sido parte de China. Y que ellos la ven como una provincia y que promoverán —hasta que se logre— una reunificación pacífica.

Porque el problema, hasta donde nos explican, es que el actual gobierno taiwanés no ha respetado un pacto entre Beijing y Taipei que data desde 1992 y en el que ambos se comprometieron “a lograr la reunificación de la patria”.

Ese fue el Consenso de 1992 que derivó en 27 acuerdos y que China considera la base política para la solución del conflicto.

Por eso es que defienden en cualquier parte del planeta que la historia está de su parte, y aplauden que naciones como El Salvador hayan roto relaciones con Taipei para unirse a ese tren lógico de la diplomacia que acaba de abordar, incluso, la Santa Sede en El Vaticano.

Esa defensa de que Taiwán es de China hace que surjan declaraciones contundentes:

“Las relaciones que aún tienen algunos países con Taiwán son materiales, se basan en dinero. Son relaciones de plata”, reitera el señor Xiaoguang.

“Y esas presuntas relaciones diplomáticas han ayudado a la inestabilidad política y a la corrupción en esos países. Por eso es que estos países deben mantenerse alerta y esperamos que, como ha hecho El Salvador, puedan romper las relaciones con Taiwán”, señala.

En esos momentos, al escuchar tal declaración, llegan los recuerdos del paso del expresidente salvadoreño Francisco Flores por la comisión especial legislativa que investigaba dineros procedentes de Taiwán, su posterior arresto, las derivaciones que hubo en torno al caso, el fiscal general que está preso, la muerte de Flores, las peregrinas dudas sobre su muerte y las palabras que en esa reunión con la Asamblea Legislativa profirió el exmandatario aceptando que había recibido dinero de Taiwán, y los cheques, y los destinatarios que nunca aparecieron, y las confesiones de ARENA de que habían recibido parte de esos fondos. Y el uso político que el expresidente Mauricio Funes dio al tema y que concluyó con la apretada victoria electoral del FMLN en las presidenciales de 2014… el mismo FMLN cuyo gobierno acaba de abrir relaciones con China continental y mandó al exilio diplomático a los taiwaneses. Todos esos recuerdos con una sola frase. También recuerdo que el expresidente de Taiwán que envió esos fondos, Shen Shui Bian, cumple 20 años de condena en prisión por el mal manejo de fondos públicos. Recuerdos que ya son parte de la historia salvadoreña.

No son enemigos, joven

Aunque nos digan lo contrario, China y Taiwán no son enemigas. Cada año, más de un millón de chinos visitan a Taiwán, y cifras similares de taiwaneses llegan al continente.

Y eso de que están en pie de guerra —sostiene la oficialidad de Beijing— es algo que ha quedado en el pasado.

Desde 1979 se definió la directriz básica: un estado, dos sistemas. Y con esa premisa es que Taiwán, añade Xiaoguang, se vio obligado a abrir canales para intercambios. Por ello es que ahora 9 millones de personas viajan del continente a la isla, y viceversa.

El comercio anual, por ejemplo, es de 19 mil millones de dólares. O, dicho con otras palabras, el presupuesto general de El Salvador para cinco años.

También hay vuelos comerciales que conectan ambos territorios y los chinos han llegado a sembrar una inversión de 2 mil millones de dólares en Taiwán en cada ciclo fiscal.

“Hay acuerdos de cooperación económica, y tenemos políticas de cero aranceles para una amplia variedad de productos. Se abrió el mercado de los servicios y existe cooperación financiera e industrial. Se han configurado intereses compartidos y el intercambio ha experimentado un desarrollo acelerado”, apunta el funcionario, mientras dos chicas llevan sendos jarrones con agua hirviendo para rellenar las tazas y seguir extrayendo la teína de las hojas.

Entre China y Taiwán hay 4 mil estudiantes de intercambio, existe ruta doble en cuestiones de arte y hasta acercamientos entre zonas rurales de una y otra región.

“Es que compartimos los mismos ancestros y la misma cultura”, agrega el portavoz.

¿Y entonces cuál es el problema, por qué no se unifican de una buena vez? Los funcionarios chinos tienen la respuesta en la punta de la lengua a esa pregunta: porque el actual partido que gobierna Taiwán no ha respetado el Consenso de 1992, tampoco reconoce el principio de una sola China.

“Ese partido (el Progresista Democrático, PDP en inglés) promueve quitar todos los lazos ideológicos, culturales, tecnológicos e históricos que tenemos, y hace todo por detener el intercambio; todo eso para crear las condiciones para la presunta independencia de Taiwán.

La línea de Estados Unidos

Antes de las preguntas de los periodistas, Ma Xiaoguang desliza sin reparos otro potente señalamiento: “Por ahora, Taiwán está tomando la iniciativa para estar en línea con las pretensiones de Estados Unidos, y se está haciendo de la vista gorda con los intereses nacionales”.

Y si bien reafirma que China tiene la confianza y habilidad para estabilizar la compleja situación, también advierte: “Nos oponemos a actividades secesionistas. Tenemos la plena capacidad para detener todo tipo de situación que promueva la independencia de Taiwán. Seguiremos con el concepto de una gran familia.

—¿Y por qué no dejan a Taiwán como está, si es tan difícil el punto de encuentro? —pregunta Maryelos Cea, editora de Diario El Mundo cuando le dice sin ambages al funcionario que le queda muy claro que las posturas entre ambos territorios son polos opuestos.

—Con las autoridades del Partido Nacionalista teníamos un consenso, ellos se oponían a la independencia y se dedicaban al desarrollo pacífico y a revitalizar la nación china. Con las autoridades actuales no hay consenso; ellos niegan el acuerdo de 1992 y sabotean la reunificación.

Por ahora, la esperanza de Beijing está “en el pueblo taiwanés” y que se respeten los intereses nacionales “y los sentimientos de 1,300 millones de chinos”.

—Nosotros no hemos cambiado, sino el Partido Progresista Democrático —señala Ma.

“Y en este proceso esperamos el apoyo del gobierno salvadoreño para que suceda la reunificación pacífica”, agrega sorpresivamente.

¿Cómo? ¿Del gobierno salvadoreño? La frase no pasa inadvertida para Francisco Valencia, director del Colatino, quien pide una explicación.

—La decisión que ha tomado su gobierno es acertada y corresponde a los intereses de los salvadoreños —le responde el burócrata—, y esperamos que en asuntos internacionales el gobierno salvadoreño se una a China, al igual que otros países, para defender juntos el concepto de una sola China.

Y justo antes de que escanciemos las tacitas con el delicioso té verde chino, se termina la reunión. Después llega el agradecimiento a las atenciones chinas, por parte de Steven Kawas, las fotos oficiales, la entrega de café salvadoreño y el paso rápido porque aún hay agenda por cumplir.

Kawas y Xiaoguang

Steven Kawas y Ma Xiaoguang. Foto cortesía de Carlos Figueroa.

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