• Diario Digital | domingo, 14 de agosto de 2022
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Política - Cómo y por qué se dispersó la derecha (Tercera entrega)

Tony Saca o la demolición de un populista

TERCERA ENTREGA. ¿Por qué la base arenera eligió por mayoría a Tony Saca como su candidato? Quizá fue precisamente por ser una un outsider político no vinculado al gran capital. 

Tony Saca
Tony Saca o la demolición de un populista

Cuando por fin se desbandó aquel Coena oligarca y terminó su catarsis interna, ARENA entró un poco a trancas y barrancas en un proceso que comenzó con una consulta a sus bases, pasó por una suerte de primarias muy primitivas, y culminó con la elección de un candidato presidencial.

Ese candidato, Tony Saca, era atípico: un joven y popular comentarista deportivo que, partiendo prácticamente de cero, se había convertido por su propio esfuerzo en un exitoso empresario radiofónico. Era, pues un hombre de clase media que por añadidura no tenía ninguna trayectoria dentro del partido. ¿Por qué entonces la base arenera lo eligió por abrumadora mayoría como su candidato? Quizá fue precisamente por ser una un outsider político no vinculado al gran capital. 

Esas dos características, asociadas al factor de la figura famosa por su exposición televisiva en este caso, suelen ser constitutivas de los liderazgos populistas. Pero aquí debo aclarar que yo no uso la palabra “populismo” peyorativamente y mucho menos como una acusación. El populismo es solo una de las lógicas de construcción de lo político, y ha habido populismos de izquierdas y de derechas a lo largo de la historia y en todo el mundo.

Según sus teóricos, el populismo siempre establece un antagonismo entre un ellos y un nosotros. El ellos, que es el enemigo, pueden ser los sindicatos o los inmigrantes (como en el caso del Frente Popular de la derecha francesa), o pueden serlo las élites convertidas en los poderes fácticos o en una casta (como en el caso del partido Podemos de la izquierda española). 

Pero el constitutivo fundante en esta lógica, el nosotros, nunca es un “nosotros la derecha” o un “nosotros la izquierda”, sino un “nosotros el pueblo”, el famoso “We the people” que está en el origen de todo Estado nacional soberano, de toda noción patria.

Por eso es que el populismo en general es ideológica y socialmente transversal. Rehúye a su reducción en uno de los extremos del tablero político y busca más bien ocupar la centralidad de ese tablero. La esencia del programa populista es la promesa de satisfacción de las demandas del nosotros popular, tradicionalmente agraviado por los abusos del ellos.

Efectivamente, el programa político de Tony Saca, en relación al elitismo del Coena anterior, supuso un claro viraje hacia el populismo en el sentido que ya he señalado. Se enfrentó al ellos de los poderes fácticos parando en seco el proceso de desmantelamiento del Estado por medio de las privatizaciones de las empresas y los servicios públicos. De hecho. Los grandes capitales locales, como socios de poderosas empresas trasnacionales puramente extractivas, vieron frustrados sus planes de realizar jugosos negocios como el de Cel-Enel, Pacific Rims y otras importantes privatizaciones que Francisco Flores ya había dejado en curso.

Por otra parte, Tony Saca retomó el rol subsidiario del Estado al poner en el centro de su agenda política los programas sociales. Eso explica por qué ganó en forma tan arrolladora las primarias en su partido, y por qué le sacó a Schafik Handal casi medio millón de votos de ventaja en la elección presidencial. Ese fue en verdad el programa político de Tony Saca. Otra discusión es si lo realizó a cabalidad o si se equivocó en aspectos puntuales pero relevantes de su administración.

Pero, claro, nadie que se oponga en lo sustantivo, en el plano económico, a los poderes fácticos puede tener la garantía de salir ileso de semejante enfrentamiento. Y, al terminar su periodo presidencial, Tony Saca se vio obligado a pagar esa factura al precio de la defenestración. Esa operación de vendetta política comenzó desde el boicot más o menos abierto por parte del gran capital a la candidatura de Rodrigo Ávila, a quien incluso intentaron sustituir a media campaña. Pero de eso ya adelante alguna información en la nota introductoria de este reportaje.

Conocer los entretelones del ascenso y la caída de Tony Saca, ubicado los temas personales y coyunturales en el marco del proceso histórico y político nacional, es imprescindible si queremos entender el cómo y el porqué de la dispersión derecha salvadoreña, y las implicaciones de esa dispersión.  
 
La defenestración

El domingo 11 de octubre de 2009, después de sortear a duras penas un campo minado de desalientos, diagnósticos sombríos y rumores apocalípticos, ARENA celebró en aparente armonía su primera asamblea general posterior a la derrota en las elecciones presidenciales de marzo de ese mismo año. 

El nuevo Comité Ejecutivo Nacional, COENA, encabezad por el ex presidente Alfredo Cristiani y ratificado ese mismo día por los asambleístas, estrechó la mano de la dirigencia anterior, encabezada por el ex presidente Tony Saca y responsabilizada por aquel traumático fracaso electoral y por un sinfín de otros agravios políticos  colaterales.  

El llamado a la reunificación del partido sonó fuerte y fue entonado por todos. Parecía la conmovedora foto de una familia que se reencuentra luego de dejar atrás las intrigas intestinas que la habían fracturado y puesto en estado de postración. Pero todo aquello era una ilusión, o quizá más exactamente una mentira.

A la mañana siguiente, como un rayo en cielo sereno, 12 diputados areneros se declararon públicamente en rebelión contra el nuevo Coena, anunciaron su separación de la fracción legislativa del partido, y estalló la tormenta. 

Los rebeldes, que aseguraron contar con el apoyo de más diputados que pronto se sumarían a la disidencia, al igual que numerosas bases y dirigentes intermedios, alegaron que esa nueva dirigencia carecía de experiencia política y de representatividad territorial, por lo que exigían la incorporación a la misma de cuatro de sus representantes. 

No ceder implicaba un cambio decisivo en la aritmética legislativa y, en general, en la correlación de fuerzas entre la izquierda y la derecha. Mientras ARENA se quedaba solo con veinte curules, el FMLN, aprovechando el escenario de crisis, podía muy bien generar una serie de alianzas pragmáticas, con los rebeldes y con el Partido de Conciliación Nacional, PCN, que le garantizaran incluso una mayoría calificada en el Congreso.

Tres días después de la insubordinación, el 15 de octubre, el Frente Femenino Salvadoreño, un antiguo y casi mítico grupo de apoyo de ARENA, publicó en los principales periódicos el siguiente comunicado:
 
“Señores del Coena, ¿hasta cuándo tendremos que esperar la tan ansiada expulsión de ARENA del turbio personaje de todos conocido? ¿Que no se dan cuenta que esta persona está llevando al partido a su destrucción? Y lo más indignante es que ha entregado nuestro querido El Salvador a las fuerzas oscuras del FMLN.”.

¿Por qué no decir el nombre del personaje en cuestión? ¿Por qué ninguna persona en particular se responsabilizaba de la publicación? El caso es que aunque de cuando en cuando el tal Frente Femenino emerge con comunicados de ese tipo, nadie sabe quiénes son sus integrantes.

Pero al día siguiente, el que fuera ministro de Economía de una de las administraciones areneras, Miguel Lacayo, escribió en el Diario de Hoy un artículo en el que consignaba el elusivo nombre del presunto conspirador, un nombre que en realidad ya estaba en sordina de boca en boca: 

“¿Muchos se preguntan quién está detrás del grupo de rebeldes? Múltiples voces han expresado que bajo el liderazgo oculto de Tony Saca y su compadre René Figueroa un grupo de legisladores areneros le estaba haciendo la guerra al nuevo Coena, tratando de desestabilizarlo e impedirle tomar el pleno control a los que han venido a intentar rescatar el saqueado partido de sus garras. ¿Consta que Tony Saca está atrás de los rebeldes? La respuesta es no. No obstante, como dice el dicho, "cuando el río suena, piedras trae". Todo indica que a quien se le achaca la pérdida de las elecciones presidenciales, está también detrás de los diputados disidentes”.

El 26 de octubre, el entonces segundo de a bordo de la máxima dirigencia arenera, Jorge Velado, reiteró en una entrevista televisiva que no le constaba que el ex presidente Saca estuviera desde la sombra moviendo los hilos de la rebelión en su partido. Sin embargo, reveló un dato sumamente sugerente.

Según dijo, el 30 de agosto había temido lugar una reunión de sinceramiento entre Antonio Saca y Alfredo Cristiani. Saca habría asegurado dos cosas al número uno de ARENA: que no tenía intención de tomarse el partido, y que no estaba interesado en presentarse de nuevo como candidato presidencial.

Antonio Saca, dijo, llevó a esa reunión un testigo de honor: su primo Herbert Saca. Según Velado, pocas horas después Herbert Saca, que ni siquiera ha sido ni es miembro del partido, se reunió en la Asamblea Legislativa con un grupo de diputados areneros. Esa misma tarde, como resultado directo de dicha reunión, 23 de esos legisladores presentaron al Coena una carta manifestando una serie de malestares y exigiendo al menos dos plazas en el Coena.

Ese mismo día, Antonio Saca rompió por fin su silencio y emitió un comunicado fijando su postura. Entre otras cosas decía: 
    
“Con mucha preocupación he visto los sucesos políticos ocurridos en ARENA las últimas dos semanas. La gravedad de los hechos me obliga a hacer pública mi posición al respecto. No comparto la decisión tomada por doce diputados de ARENA de constituirse en una bancada legislativa independiente del partido. Cualquier desacuerdo con la dirigencia debe ventilarse a través de las herramientas institucionales y nunca al margen de estas (...)

“El Consejo Ejecutivo Nacional de ARENA, Coena, debe tener apertura para mantener vivas las esperanzas de reunificar a nuestra bancada legislativa. Los invito a mantener esa postura para generar las condiciones favorables que le permitan a nuestro partido una verdadera unificación. Evitemos todos los areneros que los ánimos caldeados nos separen (...) Exhorto a los doce diputados a reflexionar y reincorporarse. Invito al Coena a escuchar a los diputados, los alcaldes y las estructuras partidarias”.

Pese a ese llamado, y aunque el Coena anunció su decisión de no realizar ninguna expulsión y mantener las puertas abiertas para quien quisiera regresar al partido, los 12 diputados rebeldes no dieron señales de actuar en el sentido propuesto por Tony Saca.

Por el contrario, casi de inmediato iniciaron una serie de aproximaciones al FMLN para negociar una reestructuración de la junta directiva de la Asamblea Legislativa, mediante la cual se desplazaría a legisladores del bloque de derecha, quedando así la dirección del Congreso en manos del FMLN y de sus nuevos aliados.

Tal situación no solo golpearía al partido ARENA sino que alteraría de manera irregular, por decir lo menos, la entera correlación de fuerzas políticas en el país, una correlación que fue decidida legítimamente en las urnas por el electorado.

A partir de ese momento todo fue rumor, y comenzaron a correr las más aventuradas teorías conspirativas sobre los hechos, particularmente sobre supuestos pactos secretos en los que Tony Saca habría garantizado la victoria del FMLN, al cual incluso habría financiado desde los fondos reservados de Capres. Esos rumores se convertirían luego en una campaña sistemática tanto contra Tony Saca como contra los disputados disidentes. 

La mayor fractura del partido ARENA ya estaba consumada, y a nadie le sorprendería que pocas semanas después, el 18 de diciembre de 2009, Alfredo Cristiani, que había reconquistado el pleno control de ARENA, anunciara públicamente la expulsión de Tony Saca.

En adelante, los principales voceros de ARENA se referirían a los docentes y al propio Saca como escoria y traidores, como el tumor maligno, cancerígenos, que se había logrado extirpar del partido. Ya sin ese lastre, aseguraban, ARENA esta lista para reconquistar el poder… Pero cinco años después, Con Alfredo Cristiani en la conducción real del partido y Francisco Flores como estratega de campaña, ARENA volvió a perder la elección presidencial. 

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