• Diario Digital | domingo, 14 de agosto de 2022
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Política - Previsión

Cómo y por qué se dispersó la derecha política salvadoreña

Los intelectuales que pueden criticar al poder, también pueden ser sus consejeros. Y no es extraño que comiencen siendo perseguidos por lo primero y terminen cobrando muy bien por lo segundo... 

A partir de este lunes, El Salvador Times publicará un nuevo reportaje en entregas sobre este punto de actualidad y relevancia en la política de nuestro país.

arena multitud
ARENA ha sido el gran protagonista de la derecha salvadoreña en las últimas tres décadas.
Cómo y por qué se dispersó la derecha política salvadoreña

La izquierda, en la historia y en el mundo, siempre ha tenido sus desarrollos masivos entre los trabajadores pobres del campo y la ciudad, pero tanto la idea revolucionaria como sus primeros núcleos de implementación y jefatura han surgido de las clases medias ilustradas, es decir de las universidades. 

Marx, Lenin, Mao, Ho Chi Min, Fidel Castro y en general los fundadores y máximos dirigentes de las guerrillas latinoamericanas fueron universitarios de clase media, intelectuales. El obrero Cayetano Carpio fue más bien la excepción que confirma la regla.

De hecho, cuatro de los cinco miembros de la comandancia histórica del FMLN eran universitarios de familias acomodadas, y esa misma condición compartía la mayoría de los componentes de sus respectivos equipos de trabajo. Ya en los años ochenta, el contingente de intelectuales que constituyó el aparato de representación internacional del FMLN llegó a ser más numeroso, y sin duda más eficiente, que el organismo de relaciones exteriores gubernamental.

Pero los intelectuales que pueden elaborar la crítica del poder, también pueden ser sus consejeros. Y no es extraño que comiencen siendo perseguidos por lo primero y terminen cobrando muy bien por lo segundo. Suele creerse que eso es un asunto de valentía o de venalidad. Pero ese juicio, taxativo por lo general, presupone una ética del  blanco y negro que difícilmente tiene asidero en el juego de circunstancias correlacionadas que determinan un cambio de postura política, y menos asidero aún en la complejidad de la condición humana  

Sucede que, al concluir la guerra, muchos de aquellos intelectuales abandonaron las filas del FMLN y se dedicaron a la academia u otras actividades afines. La mayoría se adhirió vagamente a los vagos proyectos de la izquierda moderada, y algunos pasaron a colaborar de manera más o menos directa con la derecha, misma que por entonces comenzaba a moverse hacia el centro mientras que el FMLN, supliendo con puro activismo la carencia de ideas, postergaba su necesario aggiornamento o puesta al día y se corría de nuevo al extremo contestatario.        

No había en esos reposicionamientos lo que la mala fe o la simpleza mental consideran una traición. Se trataba más bien del cumplimiento de lo que parece ser una ley política: en determinadas coyunturas críticas, los elementos más progresistas de las fuerzas polarizadas tienden a identificarse e influirse mutuamente. Así, no es infrecuente que los intelectuales, como producto de la evolución y la madurez de su pensamiento, transiten de la militancia de un partido, que por definición no es un entero, a una visión más integral en cuya perspectiva está el interés la nación en su conjunto.

Es entonces cuando el intelectual puede convertirse en consejero del poder, en un intento por incidir lo más positivamente posible en su rumbo. Esto no implica la renuncia al pensamiento crítico. Al contrario, es la consistencia de ese pensamiento lo que define la eficiencia de su asesoría. 

El padre Ignacio Ellacuría asesoró al coronel Molina en su fallido intento por impulsar la reforma agraria y fue muy crítico en esa labor; Schafik Handal, en cambio, al asesorar al general Sánchez Hernández fue poco crítico y terminó comprometiendo lamentablemente al partido comunista en el  apoyo a la guerra contra Honduras.

Cuando ARENA se fracturó y entró en crisis, luego de su derrota en las presidenciales de 2009, trascendió públicamente que algunos intelectuales de izquierda trabajaron en una propuesta de renovación del ideario de ese partido. El hecho en sí mismo constituyó un saludable signo de apertura.

¿Qué le pasó a ARENA?

Efectivamente, una mañana de finales de marzo de 2010, uno de los asesores más influyentes de ARENA en aquél momento, me pidió que nos reuniéramos en su oficina. Yo recién había publicado un libro titulado “Las claves de una derrota”, que era un intento por explicar el fracaso de ese partido en las presidenciales de 2009. Para ese propósito había entrevistado a los principales protagonistas de aquella campaña, y el asesor en cuestión era uno de ellos en su calidad de estratega.

En ese libro se destacaba un detalle que muchos pasaron por alto pero que a mí me parecía relevante: en su primer discurso como candidato presidencial arenero, Rodrigo Ávila había proclamado el “vigoroso relanzamiento de una derecha popular”, que no estaría al servicio de los sectores privilegiados y “acostumbrados a servirse con la cuchara más grande”, según sus palabras. En aquél momento yo celebré aquella iniciativa en una columna de opinión.”. 

Pero los grandes financistas de ARENA se sintieron aludidos por la afirmación de Ávila y mostraron su malestar de inmediato. Rodrigo Ávila entonces echó pie atrás y tuvo que tragarse sus palabras, supongo que para no poner en riesgo el financiamiento de su campaña. El caso es que no volvió a referirse a la derecha popular ni a los privilegiados con la gran cuchara. 

Mi hipótesis en el libro era que Ávila comenzó a perder la elección en ese instante de debilidad de su liderazgo. Su campaña se quedó sin mensaje y se plagó de slogans anticomunistas que solo convencen a los convencidos. A esas alturas era evidente que el principal problema de ARENA era ser percibido como el partido de los ricos. Ese punto lo habíamos debatido largamente con el asesor en cuestión, al que yo le insistía en que un partido de los ricos, o así percibido, era política y electoralmente inviable.

De hecho, en el tramo final de aquella campaña, en gran medida gracias a las habilidades de un estratega español contratado a última hora, Ávila superó en tres o cuatro puntos a Mauricio Funes. Pero una combinación de errores de una parte y de aciertos de la otra, provocó la reversión de esa ventaja. Entre los aciertos estuvieron unos spots magistrales elaborados por Joao Santana para Funes. Entre los errores, una serie de fotografías, de primera plana, de Ávila en abrazo con representantes del gran capital.

Cuando discutíamos estos asuntos con el asesor en cuestión, finalmente llegábamos al mismo punto: la necesidad de renovar el ideario arenero. Solo que de su parte había siempre una reserva: “El partido debe moverse pero no cruzar la línea hasta la socialdemocracia. ARENA debe seguir siendo de derecha”, me decía. Con la derrota y su posterior fractura interna, ARENA entró en una crisis que parecía presagiar el colapso definitivo, y entonces aquello de la renovación del ideario cobró sentido para algunos de sus dirigentes menos ortodoxos.

Fue así como Roberto Murray Meza organizó un pequeño equipo de intelectuales para que discutieran el asunto y aportaran insumos para la puesta al día de ARENA. Se trataba de un grupo conocido como “Los Apóstoles”, en el que destacaban, entro otros intelectuales de izquierda, los hermanos Samayoa, Salvador y Joaquín.

El debate fue abierto y franco, sumamente razonable en términos de diagnóstico y propuesta. 

Aquella mañana de marzo, el asesor en cuestión puso en mis manos una copia de la transcripción de todo lo discutido por los intelectuales, y me pidió un favor en dos tiempos: “Primero quiero tu opinión, particularmente sobre la proximidad de algunos puntos con planteamientos socialdemócratas, eso hay que matizarlo; luego necesito que pongas en orden las ideas principales y con ellas redactes un documento que pueda ser discutido en el partido”, me dijo.

El debate de aquellos intelectuales había comenzado como una lluvia de ideas generales que en su conjunto iban perfilando un diagnóstico crítico muy franco, y que en poco tiempo fue pasando a temas puntuales como la definición ideológica, el discurso político y los símbolos del partido. En cada uno de esos puntos se advertía un progresivo distanciamiento de los intereses de las mayorías, particularmente de la clase media.   

En realidad, esos intelectuales estaban poniendo en blanco y negro, y en correcta conceptualización, el malestar manifestado de manera reiterada, y finalmente del modo más elocuente en las urnas, por los ciudadanos de la llanura. Los despropósitos areneros eran muchos, pero tenían una base común: el mayor problema consistía en que, efectivamente, el partido estaba siendo percibido como un instrumento al servicio de los ricos, es decir, como ARENA S. A. de CV., en palabras de Salvador Samayoa.

Ese análisis partía del recuento de las irregularidades introducidas con el proceso de privatización de las empresas estatales. Por un lado, privilegios de todo tipo para el gran capital; por el otro lado, múltiples abusos contra los consumidores. 

Unos meses después, el 24 agosto de 2010, al referirse a ese debate, Salvador Samayoa declararía al periódico El Faro lo siguiente: “Les dijimos que debían distanciarse de ese planteamiento, que casi define a ARENA, que tienen que quitar algunas distorsiones, como esos privilegios que el Estado dio a la empresas”. 

Ese problema, que había comenzado en la administración de Alfredo Cristiani, continuó en el gobierno de Armando Calderón Sol y se agudizó, en términos de ortodoxia neoliberal, durante la presidencia de Francisco Flores. En la misma declaración citada, Salvador Samayoa se refiere a ese punto: “Hubo mucha ideología y dogmatismo, sobre todo en el período de Francisco Flores, en las demasiado sacrosantas fuerzas del mercado, porque los abusos en las privatizaciones fueron generalizados, y partiendo de la estructural inequidad, no basta con el rebalse económico para solucionar las cosas”. Rebalse que por otra parte no tuvo lugar, podría agregarse.

¿Y sobre el supuesto populismo con el que Tony Saca quebró la ortodoxia neoliberal arenera, qué se dijo en aquél debate? En el citado reportaje de El Faro se lee lo siguiente: “Samayoa cuestionó que varios sectores de Arena consideraran populistas las políticas subsidiarias y de transferencias directas impulsadas por el ex presidente Antonio Saca”. Y afirma Salvador Samayoa: “Los sectores tradicionales del partido consideran populismo toda política compensatoria y eso no puede ser”. Más claro ni el agua.

Al final, le dije al asesor en cuestión que no había encontrado en aquel debate nada que oliera a ideas socialdemócratas, sino solo una sensata y muy fundada recomendación de moderarse y virar del extremo derecho hacia el centro. Asimismo, sobre la base de aquellas ideas redacté el documento solicitado y se lo entregué, confiando en que al asumir aquella recomendación, ARENA daría un gran paso hacia su modernización, y podría reconquistar la adhesión de la clase media, imprescindible para retornar al poder.

El resto de la historia es conocido: El tiempo fue pasando y la propuesta de los intelectuales no fue debatida en ninguna de las instancias partidarias, ni siquiera en el COENA, y ni fue dada a conocer a nadie. Así surgió una serie de rumores, hasta el  punto que en las filas tricolores nació un mito sobre un misterioso “documento secreto”, en poder de Alfredo Cristiani. Poco después, consultado por la prensa sobre la presunta renovación del ideario del partido, Alfredo Cristiani sería claro y contundente: “En lo ideológico, ARENA no se mueve ni un ápice”, dijo.     

Y efectivamente no se movió... Y volvió a perder las presidenciales de 2014. Y si tampoco se mueve ahora, en el sentido de dejar de ser percibido como el partido de los ricos, el resultado en 2019 no será distinto. 

¿Qué ha pasado entonces con la derecha salvadoreña? Esa es la pregunta que intentaremos responder en el reportaje “Cómo y por qué se dispersó la derecha”, que El Salvador Times comenzará a publicar desde el próximo lunes. Nuestra investigación está basada en liderazgos específicos y coyunturas puntuales, pero sobre todo en el proceso histórico y político nacional.

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