• Diario Digital | martes, 24 de mayo de 2022
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Sucesos - Tres años y seis meses de prisión

El último mortero que escuchó Daniel antes que un balazo le quitara la vida

Las investigaciones determinaron que su asesino fue el vigilante de un centro escolar, que le disparó luego que el adolescente arrojara unos morteros contra la escuela.

Pólvora
La víctima fue un adolescente de 14 años, quien estuvo reventando morteros junto a su mejor amigo.
El último mortero que escuchó Daniel antes que un balazo le quitara la vida

Daniel R. tenía 14 años cuando una bala le perforó las costillas y quedó tendido, muerto, a un costado del complejo educativo Doctor Humberto Romero Albergue, en San Jacinto, donde minutos antes había estado reventando morteros junto a un amigo.

Era el 25 de diciembre de 2015 y Daniel estaba en la casa de su mejor amigo, Pedro (nombre cambiado porque el testigo se encuentra bajo el régimen de protección), reventando los morteros que le habían quedado de la Nochebuena.

Daniel iba a octavo grado y conocía a Pedro desde hacía cuatro años atrás. Eran compañeros de juegos, aventuras y habían crecido juntos en la zona, por lo que no era extraño que se juntaran a divertirse y hacer bromas.

Ese día como las 6:30 de la tarde ya había oscurecido. Los dos adolescentes estuvieron frente a la casa de Pedro reventando morteros pero una vecina interrumpió su juego. Los regañó y les pidió irse hacia otro lado.

Los dos caminaron una cuadra hacia adelante, frente a la escuela Humberto Romero Albergue, donde siguieron con su juego. Los estruendos eran fuertes, porque la zona estaba sola y el único ruido lo provocaban ellos con sus morteros. Primero los tiraban en la calle, luego en la acera y luego tiraron algunos adentro de la escuela.

Pedro recuerda que habían reventado unos tres o cuatro morteros cuando el vigilante de la escuela salió del recinto. Los adolescentes salieron corriendo. No recuerda que les haya gritado algo, pero de ellos intentaron huir.

Después de recorrer una cuadra, se dieron cuenta que habían dejado los morteros ahí frente a la escuela, sobre la calle Darío González del barrio San Jacinto.

Regresaron a recogerlos, pero para recuperarlos debían subir un pequeño muro que dividida la acerca con una caída de dos metros hacia la escuela. Daniel fue el primero en subir al muro y no alcanzó a dar ni dos pasos cuando se desvaneció y cayó al suelo. Ya no pudo recuperar los morteros y ahí terminó el juego.

Pedro se asomó y desde arriba vio a su amigo sangrando de un costado. Se acercó a varias personas para avisarles y pedirles que llamaran a emergencias.

A los pocos minutos, llegaron los cuerpos de socorro y la Policía que se encontraron con un tumulto de gente angustiada frente al muro. Ya era tarde, Daniel se había ido. 

El vigilante fue encontrado culpable

En un primer momento, los hechos fueron confusos. De hecho, la Fiscalía acusó al vigilante, quien fue identificado como German C., de 39 años, por homicidio agravado. Sin embargo, la jueza determinó que en este caso lo que había ocurrido era un caso de homicidio culposo.

Esta decisión se basó en que el vigilante una vez oyó el tumulto, se acercó a uno de los agentes policiales que brindaba seguridad. Lo llevó hacia la escuela donde él brindaba seguridad y le comentó que había visto a unos muchachos en la zona en una bicicleta y con un arma, por lo que él se sintió amenazado y realizó varios disparos al aire.

El policía en cuestión refiere que en el lugar incluso estaba lleno de papel periódico, los vestigios de aquellos últimos morteros que reventó Daniel junto a su amigo.

El vigilante entregó el arma y esta ya no tenía ningún cartucho. La policía lo detuvo. En la revisión que hicieron en la zona encontraron a otra persona, era Rolando U., quien estaba trabajando en la escuela en una remodelación. Él se quedaba cuidando los materiales y aseguró haber escuchado los morteros, pero que no podía diferenciar si eran balazos o no.

Además, dijo no había mucha luz como para poder identificar quiénes estaban tirando los morteros o si habían visto a alguien más.

Debido a esas situaciones confusas, no se pudo determinar que hubo dolo en la acción del vigilante, por lo que la jueza declaró culpable a German C., pero del delito de homicidio culposo y le decretó tres años y seis meses de prisión.

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