• Diario Digital | domingo, 26 de junio de 2022
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Sucesos - Mujer policía

Yanira, la policía que se ha salvado siete veces de ser asesinada por pandilleros

La valiente policía asegura que ella no confía en nadie, ni en su propia sombra. "El valor es la mitad de la vida. Así es, tienes que decidir en segundos ya que tu vida está en juego". 

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Yanira, la policía que se ha salvado siete veces de ser asesinada por pandilleros

Yanira —nombre cambiado por protección— entró al servicio policial hace más de 20 años y cuando ingresó supo que era una profesión de peligro, pero jamás se imaginó que tendría que sortear la muerte de las maneras más inesperadas y que se volvería una sobreviviente en medio de esta guerra contra las pandillas que intentan combatir los cuerpos de seguridad pública. 

La agente, de quien no especificaremos su grado y el lugar donde está destacada por motivos de seguridad, es miembro activo de la Policía Nacional Civil (PNC) y accedió hablar en exclusiva con El Salvador Times sobre las siete veces que ha estado a punto de que la maten pandilleros de la Mara Salvatrucha (MS-13) y del barrio 18 Revolucionarios y Sureños.

Ella, durante más de dos décadas, ha tenido que burlar a la muerte que le ha rondado durante los operativos que ha realizado junto a sus demás colegas, a los que ha acompañado durante diversidad de procedimientos.

Recuerda esas siete veces que estuvo en peligro como si fuera ayer, pero sostiene que de esas fueron cuatro ocasiones fueron las que la marcaron de por vida, esas en las que tuvo que poner a prueba todo su conocimiento y sus sentidos para poder ahora contar las historias de las que se salvó. “Es en la calle donde te hacés policía, ya que tenés que estar pendiente de todo movimiento". 

Cuenta que una de esas experiencias la vivió hace unos años cuando junto a un jefe policial fueron a un operativo en un municipio del occidente del país. “El jefe se me adelantó, tocó la puerta y no se percató que un hombre con un machete en mano estaba detrás y a darle con el corvo iba cuando saqué mi Tonfa Baton (bastón policial) y se lo tiré de un golpe”.

El bastón le pegó al agresor justo en la mano donde empuñaba el machete, por lo que este quedó tirado. El hombre, enfurecido, se le fue encima y forcejearon hasta que el jefe policial junto a otros agentes intervinieron. Pero el sujeto estaba aferrado, no dejaba de lanzarle puñetazos y patadas. Era una pelea mano a mano. 

“Al sujeto le salía sangre de la nariz y se la limpiaba con la mano y me la tiraba encima y me decía: 'Maldita, me pegaste'”, describió Yanira, quien no olvida los grandes ojos enardecidos del pandillero. 

Tras el hecho, el jefe con el que iba se mostró muy agradecido y le dijo que si no fuera por ella, estaría muerto.

La segunda situación de peligro sucedió en un municipio de Sonsonate: ella, junto a otro agente, andaban investigado a una pandilla y se habían infiltrado. Su compañero estaba entrevistando a uno de los delincuentes dentro de una vivienda cuando todo apuntaba que iba bien, la sorpresa fue que estaban a punto de descubrirlos.

“En lo que mi compañero estaba entrevistando cerca de la puerta yo me había quedado a la par suya y alcancé a escuchar a otros pandilleros que estaban fuera que decían 'encerrémoslos'. Ante eso, saqué mi celular, me salí y le llamé como pude al jefe”, expresó.

Manifiesta que su jefe policial, quien los había enviado al lugar, al recibir la llamada de alerta, este les ordenó que se movieran y salieran rápidamente del lugar. 

“Le dije al compañero: 'Vámonos, vámonos, nos detectaron y nos van a matar'. Fue entonces que salimos corriendo y los pandilleros nos persiguieron y nos dispararon. Llegamos cerca de un puesto policial y nos ayudaron a salir, de lo contrario nos hubieran matado”, relata mientras recuerda el hecho.

Asegura que los pandilleros los descubrieron porque no eran conocidos de la zona, pero que —de no haber sido porque alcanzó a escuchar que los habían descubierto— los habrían asesinado a ambos. 

Dentro de un hospital las iban a matar

Yanira narró que una tercera ocasión en donde sorteó a la muerte fue cuando ella junto a otra agente policial fueron sin uniforme y a pie a visitar a una compañera, quien había dado a luz a su bebé en un hospital.

Justo a la hora de visita estaban haciendo fila para entrar, cuando decidió salir durante un momento. Fue entonces que observó que detrás de ellas iban varios pandilleros y conoció a uno de ellos que anteriormente había estado detenido.

Cuando se metió de nuevo a la fila, iba detrás de su compañera y escuchó que uno de los pandilleros le decía a otros: “Esas dos son juras. ¿Qué pedo?, ¿les aplicamos?”.

Disimuladamente se salió de la fila y se fue donde estaba una personas a quien le solicitó prestado el teléfono y llamó a sus compañeros para que las fueran a sacar. Ambas tuvieron que salir por otra puerta porque —como dice ella— ya las tenían "alineadas" para seguramente privarlas de libertad y después asesinarlas.

Cuando salieron por la otra puerta, encontraron a unos agentes de tránsito a quienes les pidieron apoyo y las fueron a dejar a donde estaban destacadas. Yanira llamó al 911 y les dio las descripciones de los pandilleros, quienes posteriormente fueron detenidos y luego identificados en rueda de reos por ellas.

“Dijeron con voz amenazante y mirada de odio que nos conocían y que si nos encontraban nos iban a violar y después nos desaparecerían”, sostuvo.

Los delincuentes habían llegado casualmente al hospital, para ver a una “jaina” o mujer pandillera que posiblemente había dado a luz en el mismo hospital.

Otra de las ocasiones en que estuvo su vida en peligro fue cuando entraron a la casa de un pandillero. Llegó al lugar junto a otros policías que esperaban encontrar al delincuente en un cuarto o escondido dentro de la casa. Sin embargo, el sujeto les hizo una inesperada jugada. 

“Cuando entramos, el sujeto estaba arriba, en el techo, dormido en un tabanco y nos cayó al centro de la casa con el arma en mano. Yo saqué mi bastón y en un movimiento rápido le pegué en la mano para que arrojara el arma”, recuerda.

Mientras,  su otro compañero policía en cuestión de segundos luchó con el delincuente al cual pudo dominar. Tras el forcejeo, logró quitarle el arma de fuego y esposarlo. “Si no le pego en la mano para que tirara el arma, nos hubiera matado”, dice la policía.

La valiente mujer asegura que ella no confía en nadie, ni en su propia sombra. “El valor es la mitad de la vida. Así es, tienes que decidir en segundos, ya que tu vida está en juego”.

Las otras tres veces en que su vida estuvo en peligro no las quiso narrar, pues asegura que ya han quedado en el pasado. Por ahora, prefiere ver hacia el futuro y está optimista en salir adelante con su trabajo y en seguir brindando seguridad a la población salvadoreña.

Acoso, discriminación y humillación

Pero Yanira reconoce que la labor policial no solo es riesgosa por los criminales que día a día enfrenta, sino también al interior de la Policía, donde asegura que también hay que cuidarse mucho porque, asegura, se sufre de acoso sexual por parte de los compañeros y jefes policiales.

Y manifiesta que por el hecho de ser mujer en ocasiones son discriminadas y humilladas por algunos de sus compañeros que creen que no están aptas para hacer ese trabajo.

Aunque, Yanira no es la única que comparte esas experiencias dentro de la corporación. Anteriormente, El Salvador Times publicó acerca de las situaciones que vivía otra mujer policía de nombre Delmy (cambiado por seguridad) dentro de la corporación policial. 

Detallaba que, para una agente, estar en la institución es como estar en medio de lobos. “Uno se tiene que cuidar de los malos que hay afuera y dentro de la PNC, porque ellos (algunos policías) quieren carne solo para ellos. Tenés que cuidarte de los pandilleros y de tus mismos compañeros policías, porque ellos no se hacen responsables de tus actos, además, pueden simular que te matan y lo que hacen es entregarte a los delincuentes”, manifestó a este periódico.

Yanira sabe que eso es cierto y que es muy difícil para ellas como mujeres estar en ese mundo donde hay muchos machistas. Incluso, asegura que si da a conocer su vida privada o ven publicada una foto en ropa interior de una agente es para que toda la Policía lo sepa y después la señalen.

“Cuando entras a la Academia de Seguridad Pública (ANSP) te tratan igual que a los hombres, a veces andaba con mi período menstrual y aún así tenía que correr y pasar pruebas físicas para graduarme como policía”, recuerda Yanira.

Los instructores las ven igual que a los hombres y el objetivo es para “sacarles agallas” y formarles carácter. Ese mismo carácter que ella ha forjado y que incluso le ha permitido sortear la muerte en al menos siete ocasiones; y que la mantiene viva dentro de la Policía en uno de los países más violentes del mundo.

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