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Agente Ramírez, el policía que se vuelve peluquero para los jóvenes pobres de su cantón

Oscar Cruz | 18 de octubre de 2019

El agente Ramírez accede a las solicitudes de corte de cabello, sus clientes preferidos son jóvenes que andan
El agente Ramírez accede a las solicitudes de corte de cabello, sus clientes preferidos son jóvenes que andan "mechudos" y "bien peludos". Foto cortesía PNC.
El uniformado se ha ganado el cariño de quienes conocen sus dos facetas, sobre todo porque lo hace sin cobrar un solo centavo. Esta es su historia.

Como todo policía, el agente Ramírez desempeña labores de seguridad y de combate al crimen en el departamento de La Libertad, donde además muestra otra faceta de su personalidad, la de ser peluquero.

Quienes ya lo probaron como cortador de pelo fueron algunos habitantes del cantón Guadalupe, municipio de Zaragoza, donde recientemente estuvo realizando labores de seguridad. Sus clientes preferidos son niños y jóvenes de escasos recursos económicos.

El agente combina tácticas de seguridad y persecución, propias del accionar policial, con técnicas de estilismo al momento de utilizar la máquina para cortar cabello. No tiene local fijo donde cortar, pues lo hace en cualquier punto donde patrulla, ahí donde hay jóvenes.

Sus clientes salen ganando con este policía, ya que por cada corte de pelo se ahorran de $2 o $2.50; además de caminar para encontrar una peluquería.

Se sabe que el agente Ramírez hace algún tiempo combinó el trabajo operativo de los patrullajes, con los momentos de aprendizaje para convertirse en peluquero. Ya con mucha experiencia, sus servicios los ofrece de manera gratuita a “personas muy pobres”, como el caso de las familias que residen en el cantón Guadalupe.

El todo buen policía, asegura que siempre anda preparado para todo.

“Decidí llevar mi propia máquina para cortarles el pelo”, manifestó el agente.

Asegura que durante sus patrullajes, si una familia le pide ayuda, de inmediato saca su máquina y se dispone a darle un corte a los "mechudos" y a los “más peludos”.

“Cuando llegué a ese cantón vi a varios niños ‘peluditos’, y pensé en traer mi máquina”, relata. A la pregunta de si cobra o no, respondió: “No, aquí no se trata de eso, sino de ayudar”.

Pero la labor del uniformado no se detiene ahí; cuando está en sus días de descanso le corta el pelo a cuanto ciudadano se lo solicite; siempre con una sonrisa, y sin cobrar un solo centavo, el hombre accede.

Quienes conocen al agente Ramírez le tienen mucho respeto, lo admiran y están muy agradecidos por su disponibilidad de servir y proteger ante todo.

 

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