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Nicaragua la Bella —un año de terror neofascista versus la resistencia de un pueblo heroico

Carlos Bucio Borja | Escritor

El Salvador Times | 19 de abril de 2019

Dedico las siguientes reflexiones al niño héroe mártir Alvarito Conrado, la heroica colegiala desconocida, las secuestradas políticas: la connotada periodista Lucía Pineda Ubau, la líder gremial Irlanda Jerez, Nelly Marilly Roque Ordóñez, Amaya Coppens Zamora, Yaritza Rostrán Mairena, María Peralta Cerrato, Jamileth Gutiérrez Moncada, Solanghe Centeno Peña, Johana Delgado, Karla Matus Méndez; los secuestrados políticos: el periodista Miguel Mora, el líder campesino Medardo Mairena, el líder estudiantil Edwin Carcache; y toda la resistencia nicaragüense involucrada en diferentes protestas, la clandestinidad, el exilio, o las mazmorras de la dictadura de Ortega y Murillo. Y a mi amiga Yanira Fortis.

Circula en las redes sociales una composición fotográfica, la cual muestra diferentes escenas de la historia nicaragüense de los últimos 40 años: Anastasio Somoza Debayle ejecutado en su  Mercedes Benz 280 E por un comando internacionalista liderado por el argentino Enrique Gorriarán Merlo; Daniel Ortega conduciendo un Mercedes Benz G 4x4 blindado junto a su esposa Rosario Murillo, ambos custodiados por más de una decena de efectivos de seguridad; un guerrillero sandinista empuñando un G 3 recuperado y a punto de lanzar una bomba Molotov contra soldados de la dictadura somocista desde una barricada; un efectivo de la policía sosteniendo un rifle Daragonov con mira telescópica y apuntado hacia manifestantes que protestan contra el gobierno de Ortega y Murillo; una colegiala —cual David de nuestros días— vistiendo su uniforme escolar y lanzando una piedra a un oficial de la policía, y éste desenfundando una pistola contra la niña. 

Veo dicha fotografía y me pregunto —como queriendo constatar que no me encuentro en un universo paralelo—: ¿Quién es Somoza y quién es la Resistencia?, pregunta que también se podría formular de la siguiente manera: ¿Quiénes son Ortega y Murillo y quién es la Resistencia? O: ¿Quién es el Pueblo y quiénes son los dictadores y tiranos?… 

Preguntas que me conllevan a otra pregunta: ¿Dónde diablos están hoy, o dónde diablos quedaron, la Izquierda, el Socialismo y la Revolución latinoamericanos?… 

A un año de la brutalidad desatada por el régimen de Ortega y Murillo contra el pueblo nicaragüense —y la heroica resistencia de este último—, mientras la nación es desangrada y aterrorizada diariamente por la dictadura, la izquierda retórica o panfletaria latinoamericana denuncia mecánicamente  las protestas del pueblo nicaragüense como una “conspiración cómplice” de Hollywood para promover la intervención imperial de los Estados Unidos, como en la fábula de “El joven pastor anunciando al lobo” de Esopo. ¡Pero por Marx o por Dios!, no existe nada más obvio en este mundo que el hecho de que los Estados Unidos de América constituyen un imperio —y el más poderoso y peligroso en la Historia—, y como tal no descansa, y así, aprovecha y aprovechará cualquier tropiezo e incoherencia de las naciones periféricas para impulsar sus agendas estratégicas. Pero además de esta retórica histérica, la izquierda panfletaria desciende en otra falacia más al asumir que a Historia se detuvo con las glorias del pasado —al igual que Francis Fukuyama desde una perspectiva de derecha en su célebre tratado—, o que “debe detenerse” para evitar la amenaza imperial yanqui. Este “fin de la historia” implica en el caso de Nicaragua “justificar” la regresión de un proceso democrático —de por sí ya secuestrado por el orteguismo bajo el antifaz de “sandinismo”— hacia un régimen francamente neofascista bajo la actual dictadura de Ortega y Murillo.

Claro que los Estados Unidos busca un “cambio de régimen” en Nicaragua. Pero más claro que ello es  que, debido a la barbarie y el terror desatada por el orteguismo-murillismo, es el pueblo nicaragüense mismo el que clama, y lucha en heroicamente, por un cambio de régimen; y por recuperar la ansiada libertad y dignidad por las que décadas atrás lucharon y ofrendaron sus vidas Benjamín Zeledón, Augusto César Sandino, Carlos Fonseca Amador —y más recientemente, hace casi un año, el niño héroe y mártir de 15 años, Alvarito Conrado.

Las protestas no iniciaron por grupos burgueses u oligarcas organizados pronunciándose contra una reforma agraria, la reforma urbana, la nacionalización de la banca o la economía en general; sino por el Frente Amplio por la Democracia (FAD) y trabajadores de la tercera edad que se manifestaron contra una reforma neoliberal al sistema del seguro social que menoscababa sus intereses económicos y sociales, medida a su vez, promulgada por el Fondo Monetario Internacional (FMI). Y la respuesta “sabia” y “civilizada” de la dictadura “socialista”, “cristiana” y “revolucionaria” de Ortega y Murillo fue reprimir a garrotazos y con gases lacrimógenos a trabajadores de la tercera edad. Ante esto, jóvenes de diferentes universidades e institutos de educación secundaria —de manera notable de la Universidad Autónoma de de Nicaragua (cuyas autoridades académicas y grupos subsidiarios del FSLN han sido pusilánimes y desvergonzados cómplices del régimen), la Universidad Centroamericana (UCA), la Universidad Nacional Agraria (UNA), la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), la Universidad Politécnica de Nicaragua (UPOLI) y el Colegio Loyola— respondieron heroicamente, acudiendo en defensa de los trabajadores.Y también ellos fueron reprimidos a garrotazos, gases lacrimógenos, y además, con armas de fuego. La violencia y el terror de la dictadura escaló —y en igual medida la resistencia del pueblo nicaragüense.

Al terror y persecución contra los manifestantes en las jornadas de abril de 2018 le siguieron la continua y heroica lucha por parte del pueblo organizado; pero también más terror, persecución, secuestros, agresiones sexuales, desapariciones contra los opositores por parte de los escuadrones de la muerte de Ortega y Murillo, integrados éstos por líderes, cuadros y bases del actual FSLN. Adicionalmente, esta persecución se extendió contra intelectuales y artistas honestos del sandinismo histórico, de manera notoria el cantautor Carlos Mejía Godoy (compositor de “Nicaragua Nicaragüita” y “Quincho Barrilete”, canciones consideradas como himnos nacionales alternativos) y el Padre Ernesto Cardenal (uno de los revolucionarios nicaragüenses de mayor estatura moral y uno de los poetas más destacados del planeta).

El secuestro de Nicaragua, del FSLN —que en realidad desde hace muchos años ya no es sandinista, y en su lugar se ha tornado en papel higiénico y escuadrones de la muerte de la dictadura monárquica Neo-oligarca, Neoliberal, Neofascista de Ortega y Murillo—, de sus instituciones, de la constitución misma —que, paradójicamente, es una de las más progresistas del continente—, y del proceso democrático no inició hace un año. Este secuestro se desarrolló poco a poco, ante la actitud pasiva de una izquierda latinoamericana otrora revolucionaria, que mientras miraba con nostalgia glorias del pasado, se comportó de manera pusilánime y silenciosa ante la violación de Zoilamérica Ortega Murillo por parte de su padrastro, el dictador Daniel Ortega Saavedra, y con la complicidad de su propia madre, Rosario Murillo, la otra dictadora de la actual “monarquía” nicaragüense; un secuestro que involucró la transmutación del régimen orteguista en una dictadura orteguista-murillista-somocista, con visos y vicios de la dictadura pseudo-comunista de los dictadores Ceaușescu en Rumania.

El secuestro de Nicaragua no inició hace un año, pero sí el estallido de la resistencia ciudadana del pueblo nicaragüense que —más temprano que tarde— conducirá a la nueva liberación nacional, el establecimiento de una Comisión de la Verdad objetiva y transparente que esclarezca la responsabilidad en las atrocidades por todas las partes responsables; el rescate de la constitución política; y, obviamente, la expulsión del poder y el juicio y castigo correspondiente a Ortega y Murillo y todos sus cómplices. Este “cambio de régimen” no solo lo exige el espíritu de la constitución nicaragüense, sino sobre todo su Poder Soberano, es decir: el Pueblo nicaragüense.

Si bien existe un proceso de dialogo y negociación en marcha entre la dictadura y la resistencia cívica, este proceso también ha sido secuestrado ante la perpetua violación de los acuerdos alcanzados entre el gobierno y la oposición por parte del régimen, el cual continúa socavando la constitución política nicaragüense y los derechos humanos de sus ciudadanos al continuar diariamente la persecución y la represión. Así, mientras escribo estas líneas y escucho de manera alterna The Wall de Pink Floyd y canciones libertarias de Carlos Mejía Godoy, al menos 68 personas han sido secuestradas los últimos 3 días por parte de los escuadrones de la muerte de la dictadura, engrosando así la lista de secuestrados y torturados por el régimen “monárquico-democrático-socialista-revolucionario” de Ortega y Murillo. Entre las personas recientemente secuestradas se encuentran los jóvenes Mel Mendez, Juan Ramón Zeledón (secuestrados el pasado 11 de abril); Billy Osmell Rugama Ortíz y Yelsin Amilcar MartínezAcuña (secuestrados 13 de abril); José Daniel Álvarez Polanco (secuestrado pasado15 de abril), Kennet José Guerrero, Kevin Alexander Peralta, Hilda Salgado, Jensy Briceño, Fielking Rosmery Alaniz, la señora Scarla Yanira Navarrete Hernández y su hija Ruth Estrella García Navarrete de 13 años, Abixael Mogollón, y Yader Parejón (secuestrados el pasado16 de abril).

Los demócratas y revolucionarios centroamericanos no podemos mantenernos pasivos ante la actual estado de terror de la dictadura Ortega y Murillo en Nicaragua (y ante la de JOH en Honduras tampoco). La misión democrática y revolucionaria del momento es la liberación total Nicaragua. Si nos mantenemos indiferentes, la oleada regresiva del continente terminará envolviendo a todo el istmo centroamericano. Así las cosas, debemos de contribuir al nuevo proceso de liberación del pueblo nicaragüense por todos los medios que sean necesarios, evitando al mismo tiempo la intervención militar de cualquier potencia foránea al istmo.

Desde la época de la dictadura somocista existen 2 frases recurrentes que a través de los años se convirtieron en consignas de la Resistencia:

—¡Que se rinda tu madre!, y:

—¿Qué es lo que quiere el pueblo? —¡Que se vaya ese hijueputa!

…Por mi parte, yo me declaro un nicaragüense autoconvocado más.

 

RESISTENCIA POPULAR NICARAGÜENSE —¡EL PUEBLO UNIDO VENCERÁ!

Resistencia 1

 

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