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La tolerancia en la era del odio: Terrorismo en Nueva Zelanda

Zarko Pinkas | Comunicador especializado en el área política

El Salvador Times | 22 de marzo de 2019

“Tenemos por tanto que reclamar, en el nombre de tolerancia, el derecho a no tolerar la intolerancia” . Karl Popper

 

La tolerancia ilimitada es un serio problema en estos tiempos. Nosotros no podemos permitirnos que esta actitud de pasividad nos termine convirtiendo en víctimas de los intolerantes. Debemos estar preparados para enfrentar el odio social e irracionalidad humana de estos sujetos, que se escudan tras estas democracias mediocres para tratar de imponer acciones o modelos de vida, que se basan en el argumento radical de la ira hacia a los demás.

Antes de la llegada del poder de Hitler en Alemania, sus huestes de extremistas usaron el modelo democrático para promover su odio racista, escudándose tras la libertad de expresión. Al final, con el advenimiento y posterior implementación del nazismo en dicho país, los tolerantes terminaron siendo las víctimas y la dictadura nazi desarticuló el sistema democrático germano.

Esta pequeña reseña histórica nos sirve para ejemplificar como un grupo intolerante usó las herramientas del sistema para destruirlo posteriormente. Queda claro que la democracia, en sus diferentes formas de modelo de gobierno, debe poseer un filtro que permita desarticular a este tipo de movimientos de extrema derecha o de izquierda.

No es querer impedir la expresión de visiones intolerantes en nuestras sociedades, ya que, lamentablemente, existirán siempre por distintas razones que no viene al caso enumerar. Lo que se debe buscar son fuertes argumentos racionales y humanistas para desarticular esas opiniones frente a la ciudadanía, quienes en diferentes etapas de la historia de la humanidad han caído en la trampa del discurso de odio y apoyaron sus acciones genocidas como el caso de las dictaduras nazis y comunista de la URSS.

El derecho de prohibirlas tiene que estar en el protocolo de acción de grupos ciudadanos quienes sepan que estos pueden destruir lo poco que se avanzando en el mundo en relación al tema de la tolerancia. En la actualidad, el apogeo de grupos de extrema izquierda y de derecha con sus discursos racistas, y xenófobos ha tomado una fuerza que a diario podemos conocer en las redes sociales o en los diversos medios con noticias relacionadas a hechos de intolerancia.

El acto terrorista en Nueva Zelanda realizado por un supremacista blanco, Brenton Tarrant, es un clara muestra como una sociedad débil en sus accionares contra la intolerancia puede terminar siendo dañada en su tejido social por actos del terrorismo racial, dejando un daño psicosocial que constará años de superar.

Tarrant es un claro ejemplo de miles de sujetos que andan en las redes sociales – el nuevo campo de operaciones de terroristas de todo tipo- con su discurso de odio e intolerancia. Abrigados por una falsa definición de libre expresión que es tan solo demagogia racista de las más baja, similar la usada por los neonazis e islamistas radicales.

Estos nuevos tipos de terroristas comienzan sus operaciones desde las diversas redes sociales donde forman grupos de intolerancia.   Tarrant llegó al punto de realizar una transmisión en vivo por Facebook Live sobre la matanza y esto muestra como usan estos sujetos las redes para propagar sus hechos de violencia y su retórica sin que nadie tenga la capacidad de poder pararlos.  Una misión que las grandes empresas de redes sociales no han podido frenar.

Brenton Tarrant era un  simple “troll” en Twitter y Facebook, pero dio el paso de la realidad virtual a la realidad y esto costó una matanza en dos mezquitas en Nueva Zelanda, una muestra clara del peligro de este tipo de sociópatas.

En lo personal, pensaba que estos grupos querían regresar del pasado, pues me equivoque: ya regresaron hace un buen tiempo con su discurso antisemita, antiinmigrante, antimusulmán, anticristiano y contra cualquier sector que sea fácil de oprimir o violentar socialmente.

Debe existir el derecho a combatir a estos movimientos. Esto debe ser decidido y fuerte. Se tiene que exigir a las autoridades que todo grupo de intolerantes que surja en nuestras sociedades sean prohibidos y que sus adeptos investigados y procesados.

Estas personas no tendrán piedad cuando usen la fuerza bruta y posean armas para imponer sus ideologías de odio.  Tendremos que exigir, en nombre de la tolerancia, todo el  derecho a no aceptar más a estos individuos. Debemos demandar que todo pensamiento que manifieste la intolerancia quede fuera de la ley y que se le considere una organización de índole criminal.

Esta es la forma de enfrentar a cualquier grupo que busque hacernos retroceder a las horas más oscuras de la humanidad, cuando fanáticos y extremistas asesinaban en nombre de dioses o líderes genocidas.

Lo que los humanistas debemos saber que al convertirnos en espectadores de las acciones de violencia organizada de estructuras de individuos sin ética social, ni política, nos  volvemos en cómplices en el silencio. La humanidad siempre ha sido un campo de batalla entre el bien y el mal. Ahora la decisión del lado en que se debe estar depende de nuestra propia consciencia como humanos evolucionados y no como parte de ciertos sectores de las masas que son los seguidores y carne de cañón de los líderes de la intolerancia.

 

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