• Diario Digital | miércoles, 13 de noviembre de 2019
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El 15 de septiembre de 1821 como hecho histórico y espectáculo —algunas reflexiones

El 15 de septiembre de 1821 como hecho histórico y espectáculo —algunas reflexiones

Amanece. Con dificultades me logro despabilar y me incorporo para revisar y desarrollar este escrito. Hoy es 15 de septiembre de 2019.

1. Tanto las realidades materiales, como las dinámicas culturales e identitarias de los pueblos son dinámicas. Cuando los representantes de la Diputación de la Provincia de Guatemala firmaron el 15 de septiembre de 1821 el Acta de Independencia de la Provincia de Guatemala del Reino de España, ni los conspiradores que propiciaron dicho hecho histórico, ni los políticos e intelectuales que redactaron y firmaron el acta, ni mucho menos las masas guatemaltecas que avivaron la declaración tenían aun ninguna noción de identidad nacional republicana sobre ninguna de las cinco provincias que conformaban en su conjunto la Capitanía General de Guatemala. No existía una identidad “centroamericana”, sino una noción identitaria provincial guatemalteca, y los más instruidos, una vaga noción “americana”, probablemente como efecto del fervor de la Ilustración, la independencia de las trece colonias al norte de Nueva España, y las guerras insurreccionales e independentistas en casi todo el continente, incluyendo la Nueva España. Tampoco los políticos e intelectuales que impulsaron la Independencia —en su mayoría aristócratas criollos— tenían noción de que en algunas décadas sus descendientes se constituirían en los primeros burgueses y oligarcas de pequeñas y disfuncionales repúblicas que se insertaban en una de las periferias extraordinariamente explotadas por capitalismo mundial en aquel entonces en formación.  

2. Al iniciar el siglo XIX, la Capitanía General de Guatemala —denominada literaria y coloquialmente como el Reino de Guatemala en aquel entonces— comprendía las alcaldías mayores de Chimaltenango, Escuintla, Sacatepéquez, Sololá, Sonsonate, Verapaz, Totonicapán y Suchitepéquez; los corregimientos de Chiquimula y Quezaltenango; la gobernación de Costa Rica; y las intendencias de Ciudad Real (la actual Chiapas), Comayagua, León y San Salvador. Al firmarse el Acta de Independencia el 15 de septiembre de 1821, la Capitanía General de Guatemala comprendía dos grandes provincias, la de Guatemala —Guatemala, El Salvador, Honduras, y el actual estado mexicano de Chiapas, en aquel entonces denominado Intendencia de Ciudad Real de Chiapas—; y la de Nicaragua, que incluía el territorio de la actual república con dicho nombre y Costa Rica. En tal sentido, si alguna otra entidad geográfica-administrativa de aquel entonces hubiese desarrollado un papel más protagónico que San Salvador, por ejemplo, la alcaldía de Sonsonate, como intendencia, los salvadoreños hoy podríamos denominarnos sonsonatecos. Nuestra identidad también podría ser diferente si en 1523 hubiésemos sido conquistados por los aztecas y no los españoles. Etcétera.

De manera análoga, las realidades materiales, configuraciones culturales, y hasta cómo vemos y sentimos la vida, dependen del orden económico y las configuraciones geopolíticas mundiales y regionales en que nacemos, nos formamos y vivimos.  

3. En gran parte, los movimientos independentistas americanos resultaron del auge de las ideas progresistas y revolucionarias propiciadas e impulsadas por el Renacimiento y la Ilustración europea y americana, en particular a partir del siglo XVIII, aunque una primer llamarada histórica puede identificarse en la Revolución inglesa liderada por Oliver Cromwell un siglo antes. 

Un elemento que contribuyó al auge de las ideas progresistas y revolucionarias en las provincias del imperio español fue el complejo, confuso, e ineficiente orden político-social y administrativo de las colonias españolas, sumado a actitudes despóticas y absolutistas de parte de España respecto a sus periferias americanas.

4. Si bien las élites centroamericanas desconocían las dinámicas históricas desde una lógica materialista-dialéctica, tales bloques sociales eran cosmopolitas, y efervescían con las ideas revolucionarias de la Ilustración europea y americana, así como los movimientos insurreccionales e independentistas en América del Norte, América del Sur, y el Caribe; y los eventos históricos relacionados con la Revolución francesa y las guerras napoleónicas.

5. Una expresión de consciencia revolucionaria democrático-burguesa entre los independentistas centroamericanos es clarísima en el apartado cuarto del Acta de Independencia, en el cual se lee:

“Que el número de estos Diputados sea en proporción de uno por cada quince mil individuos; sin excluir de la ciudadanía a los originarios de Africa.”

Dentro del capitalismo, la liberación “plena” (en realidad, la liberación formal) de los ciudadanos es indispensable para que estos puedan constituirse como mano de obra libre (asalariada) y miembros del ejército laboral de reserva, de manera tal que la clase capitalista pueda comprar dicha fuerza de trabajo, y así reproducir el capital mediante la extracción de plusvalía. Etcétera.

En tal sentido, al menos de una manera subconsciente y abstracta, los independentistas centroamericanos estaban más avanzados ideológicamente que sus pares esclavistas estadounidenses y el movimiento independentista mexicano secuestrado por el proyecto imperialista de Iturbide. Sin embargo, cual es el caso del capitalismo, aun en su período de gestación, tal espíritu “libertario” era también utilitarista. Así,  la conformación de un ejército laboral de reserva centroamericano fue acompañado de leyes despóticas —en muchos casos, francamente bárbaras, cuya implementación fue tan feroz y cruel como la violencia de los conquistadores— que significaron la privatización de tierras comunales indígenas y leyes contra la “vagancia”. Es decir: la regimentación ontológica y moral de millones de hombres y mujeres “libres” sometidos al emergente orden capitalista centroamericano.

(Son las 8 y 15 de la mañana. Quiero ver y sentir cómo celebrará el pueblo salvadoreño este 15 de septiembre. El año pasado he hecho lo mismo. Camino unos ocho minutos hasta el redondel José Artigas, donde por comodidad abordo un autobús especial de la ruta 52 que me conducirá a las inmediaciones de El Salvador del Mundo, donde en unos 45 minutos dará inicio el desfile de celebración. 

A menos de cinco minutos de haber iniciado el trayecto, el motorista acelera de manera imprudente, dando un frenazo para evitar cruzar un semáforo en rojo sobre la calle El Mirador a la altura del hotel Crown Plaza. Debido al envión producido, unos niños y unas señoras se asustan. Molesto, me aproximo varios pasos hacia el motorista y le digo con voz suave pero firme que empiece a conducir prudentemente. El motorista reniega y balbucea, entonces elevo el tono de mi voz y le exijo con tono severo: “Si usted no cumple la ley, yo lo voy a obligar a cumplirla”. Mientras regreso a mi asiento el motorista vuelve a balbucear algo, pero ya no acelera con imprudencia. Una madre de familia agradece mi acción. 

El resto del trayecto transcurre sin incidentes viales. Pocos minutos más tarde me bajo en la 75 Avenida Norte, donde a su vez se bajan señoras y niños que también se dirigen a presenciar el desfile del 15 de septiembre). 

6. De todos los grupos sociales de la colonia española en América Central, fueron los criollos quienes más claramente desarrollaron una conciencia de clase hegemónica. Esta conciencia de clase hegemónica de terratenientes y conductores políticos, contribuiría a las conspiraciones y guerras federales y republicanas de los siglos XIX y principios del siglo XX; al desarrollo de un capitalismo bárbaro, periférico y disfuncional; a la confrontación entre el conservadurismo y el liberalismo durante el siglo XIX; a la conformación de las repúblicas cafetaleras y bananeras en el siglo XIX —con el triunfo del liberalismo, e insertándose de manera periférica en los mercados del emergente y pujante capitalismo mundial—; y a la consolidación de las oligarquías regionales, descendientes de los antiguos criollos coloniales.

Así se configuraron las nuevas repúblicas, una vez que la breve federación centroamericana fuese disuelta después de una cruenta guerra civil entre 1837 y 1840 entre centralistas y federalistas. El desenlace de esta conflagración, además de la desintegración administrativa, consolidó los poderes oligárquicos del istmo de manera atomizada. La última república en firmar la disolución federal fue El Salvador, el 2 de febrero de1841. Después de haberse firmado el Acta de Independencia de España el 15 de septiembre de 1821, y el Acta de Independencia del imperio mexicano el 1 de julio de 1823, el nuevo orden oligárquico centroamericano resultante se insertó de manera subordinada al capitalismo mundial, y promovió este sistema de una manera atomizada, convulsa, disfuncional, periférica, caudillista y mezquina; vicios que en pleno siglo XXI aun arrastran los Estados y naciones centroamericanas.

7. A pesar del fervor progresista por las ideas de la Ilustración —eminentemente seculares—, el conservadurismo logró posicionarse de manera estratégica dentro del programa independentista centroamericano, como se observa en el apartado décimo y los siguientes del Acta de Independencia. Estos apartados denotan las prebendas y privilegios económicos y políticos que las instituciones y prelados católicos lograron garantizar y mantener después de la independencia centroamericana de España.

8. Si bien los intelectuales y políticos criollos y mestizos que promovieron, realizaron y protagonizaron los hechos históricos subsecuentes a la independencia de la Provincia de Guatemala no constituían aun una clase burguesa plenamente —pues ni sus actividades económicas ni sus relaciones sociales estaban insertas en un modo de producción verdaderamente capitalista, como décadas antes sí fue el caso de las vanguardias independentistas estadounidenses y los revolucionarios franceses—, el evento histórico del 15 de septiembre de 1821 fue el primero de una serie de intentos por llevar a cabo una revolución democrático-burguesa por parte de los sectores más avanzados de las élites provinciales. Desarrollando una consciencia de clase propia y en busca de hegemonía, el suyo fue un nuevo proyecto contestatario y alternativo al régimen imperial español. Este afán por una nueva modernidad que se configuraba en el contexto del capitalismo mundial emergente durante el siglo XIX se tradujo en dramáticas guerras provinciales, así como feroces atrocidades contra poblados indígenas, y culminaron en el triunfo de las élites oligárquicas de las nuevas repúblicas centroamericanas, una vez estas se separaron y consolidaron, como ocurrió también en el resto de la América hispánica continental. 

En diferentes grados y matices, todas las repúblicas centroamericanas se vieron enfrascadas en luchas democráticas y revolucionarias para reconfigurar o trascender las modernidades oligárquicas consolidadas entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX, a fin de constituir nuevas modernidades democráticas y económicas que fuesen más incluyentes. En El Salvador estas luchas incluyeron el intento reformista de Arturo Araujo de 1931, la Huelga de Brazos Caídos de 1944, el Golpe de Estado de 1979, y culminó con los Acuerdos de Chapultepec de 1992, los cuales dieron fin a una cruenta guerra civil de doce años y dieron pie al proceso democrático que actualmente vivimos.

Algunas consideraciones generales de la Independencia vis a vis nuestra precaria modernidad y la hipermodernidad en ciernes

9. Cabe especular que uno de los elementos que más ha contribuido al alto grado de inestabilidad económica, social y política de las repúblicas centroamericanas postindendependentistas —además de la injusticia social inherente al capitalismo, como antes al gobierno colonial español— es la herencia de unas instituciones, cultura e ideología colonial-patriarcales propensas a la disfuncionalidad administrativa y la corrupción. Esto ha sido históricamente palpable en el desarrollo de los poderes oligárquicos regionales, la exaltación política al caudillismo, así como las alianzas oligárquico-militares en los siglos XIX y XX, y oligárquico-corporativas en el siglo XXI. Honduras y Nicaragua aun perpetúan el antiguo régimen de poder bajo nuevas expresiones que combinan retóricas de progreso con las viejos caudillismos “gorilistas” y “bananeros”.

10. En El Salvador, después de varios intentos históricos, se consagró la revolución democrático-burguesa con los Acuerdos de Chapultepec en enero de 1992. Dichos acuerdos se lograron gracias a la razón y la fuerza de más de veinte años de campaña revolucionaria por parte de organizaciones con matices ideológicos y estratégicos, y que en 1980 constituyeron el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). En tal sentido, contrario a la propaganda, consignas y arengas panfletarias de Arena no es ésta el “partido de las libertades”, sino el FMLN histórico, el cual con sus diferentes estrategias y tácticas de lucha logró forzar al antiguo régimen oligárquico a firmar los citados Acuerdos de Paz; y con ello consolidar el pacto social más importante de la historia salvadoreña. 

A pesar de este hito histórico, indispensable para la transición a estadios sistémicos y democráticos superiores, la democracia burguesa salvadoreña está plagada de resabios y vicios de un pasado conservador, corruptivo y colonial. Esto se manifiesta, por ejemplo, en una doctrina constitucional feudal que niega soberanía ontológica a las mujeres, es decir, su derecho y posesión sobre sus propias consciencias y cuerpos, tal como se plasma en el segundo párrafo del primer artículo de la Constitución Política salvadoreña. 

Otros lastres que estorban nuestro actual sistema democrático lo constituyen mecanismos políticos que favorecen al capital —y la continuidad de la injusticia social— sobre los derechos de los trabajadores, así como la extracción de una plusvalía extraordinaria mediante esquemas que, según diversos estudios, promueven y posibilitan la corrupción y la evasión y la elusión fiscal por parte de las argollas empresariales que compiten para conectarse mejor al Estado. Estos vicios han sido normalizados durante décadas por la oligarquía corporativa, la alta burguesía, y muy probablemente también nuevos sectores de la pequeña burguesía; y han significado la pérdida de más 37 mil millones de dólares —cantidad muy superior a la generada por el Producto Interior Bruto durante cualquier año fiscal— para el Estado y el Pueblo salvadoreño los pasados treinta años.

De esta manera, en el contexto de las dos campañas pasadas, la idea de “luchar contra la corrupción y el orden partidario tradicional” se insertó dentro del imaginario electoral como una vigorosa aspiración y consigna política. Todas las encuestas indicaron tal etos político como una nueva realidad, rumorosa pero contundente. El Presidente Nayib Bukele, retomando y potenciando dicho clamor popular —no sabemos aun si solo como mera retórica política o de manera sustancial; la historia nacional aun no ha dado su última palabra sobre el actual momento— produjo una debacle entre los dos principales partidos políticos, el FMLN y Arena, en particular el primero; invirtiendo así en el breve período de poco más de un año la configuración tradicional política de los pasados treinta años. De esta manera, tal como hoy en universidades y academias militares alrededor del mundo se estudia la formación, ascenso y desarrollo revolucionario y guerrillero del FMLN, muy seguramente pronto serán analizadas en cátedras y seminarios las lecciones políticas que Bukele dio a dos generaciones de fogueados políticos y revolucionarios de derecha e izquierda los pasados dos años. 

Mientras tanto, si la actual oposición salvadoreña quiere volver a desarrollar relevancia, debe de estudiar con sobriedad dichas lecciones —y las que actualmente continúan generando el presidente Bukele y su gobierno—, sin histerismos, ni panfletos ni hipérboles. Para el FMLN esta exigencia es más fuerte y debe de evitar la ilusión de que su actual debacle y retos se reducen a un “problema comunicacional” y a ello “se deben limitar las soluciones”. Con frialdad y honestidad revolucionaria, el FMLN debe de aceptar que ya no es la vanguardia que fue hasta hace unos tres años; y sumarse, de manera estoica y como una más, a otras fuerzas de izquierdas para analizar con densidad las características del actual momento político más allá del “problema de las comunicaciones”, así como los retos que la nueva economía política mundial y nacional presentan al Pueblo salvadoreño. Caer en la trampa de obsesionarse con los histrionismos, guasas, y tonos populistas del presidente Bukele —y responder a estas formas con panfletos y los mismos recursos tácticos y mediáticos— solo propiciarán un mayor descenso político del FMLN. Calificar de “ignorantes”, “fanáticos”, “traidores” y otros insultos a quienes votaron por Bukele o quienes todavía le apoyan producirá aun más estragos políticos. 

La recomposición del FMLN dependerá de su capacidad de densidad estratégica en momentos de un cambio de época y de una aguda crisis partidaria.  

(Alcanzo el Paseo General Escalón, a la altura del colegio “La sagrada familia”. Las calles están atiborradas de unidades militares y policiales en sus mejores galas, equipos y formación, las diferentes divisiones con simpáticos perros de diversas razas como mascotas… Miles de ciudadanos admirándoles: familias enteras compuestas por niños, mujeres, hombres, ancianos, perritos, gatitos, y hasta un señor con una ardilla sujeta con un  pequeño arnés es azul y blanco sobre sus hombros... 

Como decenas de ciudadanos, yo también tomo varias fotografías de un espectáculo tan vistoso como el del año pasado y anteriores, cada 15 de septiembre en San Salvador. Una pareja asiática de ancianos, quizás chinos, me ofrece en inglés algunas degustaciones exóticas. Ellos, como decenas de vendedores de chucherías y pequeñas delicias culinarias son parte del nuevo precariado mundial.  

Tengo la impresión que las multitudes ciudadanas —y quizás muchos de los efectivos militares y policiales— desconocen las complejas realidades —y lo que implicaron— de los eventos que condujeron al 15 de septiembre de 1821; el 1 de julio de 1823; el 2 de febrero de 1841; las guerras civiles y regionales de los siglos XIX y XX; la larga dictadura militar del régimen oligárquico salvadoreño y su derrota por parte del FMLN histórico con la firma de los Acuerdos de Chapultepec el 16 de enero de 1992… Me da la impresión que hemos aprendido a conducir una máquina desconociendo las complejidades y finezas de su ingeniería… Y que así continuamos navegando el actual momento histórico...) 

11. Para que ocurran cambios hacia sistemas progresistas, además de existir condiciones históricas objetivas, deben configurarse consciencias de clase claras, o al menos una alta dosis de intuición histórica sobre cambios de época: consciencias capaces de articular nuevas vanguardias que conduzcan efectivamente a los pueblos en periodos de transición o revolución.

El capitalismo mundial está viviendo un período de crisis y transición. Este momento involucra el mayor nivel de concentración de capital y la caída de los salarios reales más grande jamás vista en la historia: el neoliberalismo rampante actualmente se transforma en un modo de producción extraordinariamente automatizado. Paradójicamente, en su actual forma, el modelo produce al mismo tiempo una mayor democratización del conocimiento y la cultura, pero también su precarización debido a la inmediatez digital y la banalización resultante a partir de los avances cibernéticos en continuo desarrollo. Pero el modelo además produce la precarización de las economías, la fuerza de trabajo y las sociedades alrededor del mundo. Esta transición está marcada por el acelerado desarrollo y ascenso de la inteligencia artificial (IA) —ya “más inteligente” que algunos líderes mundiales y locales—, la cual, junto con la convergencia de los continuos avances de la nanotecnología, la ingeniería genética, la neurobiología y la física cuántica aplicada configuran la galopante Cuarta Revolución Industrial. 

En el momento actual, el neoliberalismo supone, entre otras cosas, para miles de millones de trabajadores y profesionales alrededor del mundo nuevas formas de explotación extraordinaria y la imposibilidad de alcanzar las comodidades de las clases medias occidentales de mediados y finales del siglo XX. Es decir, la sobrevivencia dentro de un capitalismo altamente voraz y alienante y en vías de una automatización casi total. Así, la actual forma de explotación extraordinaria de los proletarios tradicionales —pero también de amplios sectores de las capas medias de sectores pequeño-burgueses y hasta alto-burgueses profesionales muy calificados, y aun miembros de la intelligentsia, venidos a menos— ha empezado a producir, y lo continuará haciendo los próximos años, una nueva clase social: el precariado. Esta nueva clase está constituida por trabajadores que en situaciones de altas limitaciones laborales, seguridad social y salud, ganan mucho menos en términos de salarios reales que los trabajadores de generaciones anteriores, a pesar de que, paradójicamente, cuentan con mejores medios de vida y educación que se diluyen en una explotación extraordinariamente precarizante y alienante, y una alienación más oculta y difusa.

Hoy, tanto en El Salvador, como en el resto del istmo y el mundo, el preciado en ascenso aun carece de una identidad de clase propia que pueda potenciar la articulación de programas revolucionarios mínimos que conduzcan a su emancipación. 

12. En Centroamérica, después de los procesos democráticos que sucedieron a las guerras civiles de finales del siglo XX —y como ocurre en otras regiones del mundo, incluidos los Estados Unidos y algunos países europeos—, se está viviendo un período de inestabilidad política caracterizada por la desconfianza ciudadana por los partidos políticos tradicionales. Pero de manera más grave aun para la región, en Honduras y Nicaragua se está viviendo situaciones políticas de regresión. Honduras es un enclave imperialista de golpes de estado desde el primer gobierno de Barak Obama en los Estados Unidos. Nicaragua es una nación secuestrada —junto al FSLN mismo, otrora movimiento revolucionario— por una dictadura neoliberal, neo-oligárquica y neofeudal que utiliza al imperialismo yanqui como “cuco” y recursos panfletarios trasnochados para impulsar una nueva versión de capitalismo bananero periférico, disfrazado de la manera más vulgar, torpe y cínica de “revolución”, “sandinismo” y “socialismo cristiano”. Ambas dictaduras tienen secuestrados a de decenas de prisioneros políticos —salvajemente torturados—, también cientos de desaparecidos y asesinatos políticos.       

La Honduras de Juan Orlando Hernández y la Nicaragua de Ortega y Murillo son un perfecto retorno tragicómico a los siglos XIX y XX, como si se tratase de un capítulo perdido de Cien Años de Soledad.

13. Los Estados Unidos son un imperio en crisis. Pero aunque “los bárbaros estén a las puertas de la Nueva Roma” —una nueva forma de “reconquista”—, y con un emperador canalla, inescrupuloso y violador —el presidente Donald Trump, quien a su vez es incapaz de comprender las dinámicas del capitalismo mundial en su fase actual—, no padece ninguna herida mortal. Ni la padece el capitalismo mundial. Simplemente, la hegemonía imperial de los Estados Unidos se ve desafiada por un viejo poder hegemónico —Rusia, también en decadencia y hoy una potencia regional capitalista-estalinista— y un nuevo imperio: China —capitalista-maoista—. Esta nueva configuración mundial de crisis y poderes es acompañada por el desarrollo de nuevos bloques regionales no imperialistas. En términos generales, este es el aspecto geopolítico más relevante del orden mundial en el primer cuarto del siglo XXI, o lo que algunos analistas han dado en denominar el “nuevo desorden mundial”.

Dado que América Central se encuentra dentro de la esfera de poder más inmediata del imperio estadounidense, las crisis de éste nos afectan de diferentes maneras, en particular a los salvadoreños, quienes cuentan con más de una tercera parte de su población residiendo legal o ilegalmente —y aun como ciudadanos naturalizados— en los Estados Unidos. Esta situación implica una nueva etapa identitaria para la nación salvadoreña, así como nuevos retos para el Estado y el pueblo de El Salvador.

14. Las elecciones legislativas del 18 de marzo de 2018 y las presidenciales del 13 de febrero de 2019, además de definir una nueva partida de ajedrez político, constituyeron también un repudio al FMLN y  Arena debido a aspiraciones y ansiedades no resueltas para el electorado durante casi tres décadas de democracia burguesa —en particular respecto a la corrupción endémica—, y, de manera implícita, un referéndum a favor de una Comisión Internacional Contra la Impunidad en El Salvador (CICIES). En tal contexto, Nayib Bukele ganó las elecciones presidenciales de 2018 porque supo interpretar —y utilizar políticamente— tal repudio, así como comprendió, además, intuitivamente, el cambio de época que vive la juventud salvadoreña; una juventud que —por el momento— no aspira a conformar ninguna vanguardia revolucionaria, ni mucho menos una revolución social.            

Mientras la misión revolucionaria histórica de Honduras y Nicaragua consiste en liberarse de sus dictaduras bananeras, hacer avanzar sus respectivos procesos democráticos y superar el actual momento regresivo, el reto para El salvador y Guatemala es liberarse del endémico flagelo de la corrupción, que ha caracterizado a todas las instituciones mestizo-criollas desde sus orígenes republicanos, y muy probablemente desde el periodo colonial mismo. Sin revolución social ni transformaciones institucionales más allá del establecimiento de la CICIES, la juventud victoriosa festeja —cual revolución— el castigo a los partidos políticos tradicionales, en particular el FMLN y Arena. Al mismo tiempo, la victoria y la forma de gobernar del presidente Bukele han producido histerismo político en sus opositores y aun entre algunos analistas.

El histerismo, los chancletazos, el panfletarismo y las hipérboles en las redes sociales y los diversos medios de comunicación solo ayudarán a hundir más al FMLN y ARENA. Si el FMLN y Arena no logran interpretar y aceptar con sobriedad las realidades de un cambio de época —el momento actual—, y no articulan de manera consecuente soluciones para los nuevos retos y aspiraciones de la generación milenaria y las que siguen, no lograrán recuperar relevancia política. Este reto es más complicado y arduo para el FMLN, un partido con identidad de izquierda y orígenes revolucionarios: los panfletos de hace 90, 75, 50, o 30 años ya no son relevantes. 

Desde una perspectiva revolucionaria, hace falta traer a Marx y otros teóricos al siglo XXI, ahondar en su densidad y no empañar y banalizar su vigencia con lecturas estalinistas, retrógradas y trasnochadas. La economía política capitalista en su actual fase —y en el contexto de una república periférica, con instituciones disfuncionales, encasquetados vicios del pasado y un pueblo transnacional— debe analizarse de manera sobria y aguda, y desentrañando sus engañosas complejidades.       

(Avanzo entre las multitudes varias cuadras sobre la Avenida Roosevelt. A fin de avanzar más rápidamente, en algunos tramos rodeo alguna cuadra aledaña y me incorporo al gentío en algún tramo que me parece más favorable. Ya he pasado caminando unos 45 minutos. Observo algunos jinetes del regimiento de caballería. Un caballo se desboca y lanza a su jinete al suelo, sin que la caída se convierta en tragedia. A pesar del asombro de los espectadores, los soldados resuelven el pequeño incidente de manera impávida. Luego, el agobio y la nostalgia me impulsan a comprar una minuta. Me explayo en mis gustos y le pido a la señora que bañe el hielo con jarabes de fresa, piña, uva, mucho chile y limón y miel de tamarindo… Esta es una delicia de menos de un dólar yanqui que solo he logrado saborear en El Salvador… Pienso que pronto debo regresar a México para disfrutar de otras delicias y aventuras… Una pequeña formación de helicópteros UH-1H, seguida de unos Cessna A-37 Dragonfly, irrumpe desde el cielo mi añoranza mexicana… Ahora, una orquesta toca “El sombrero azul”… 

El estruendo, el bullicio y el gentío, apretujándose y apretujándome, finalmente me abruman, y decido alejarme. Un amigo de adolescencia llama a mi celular, y quedamos de reunirnos en alguna taberna alrededor del mediodía. Durante aproximadamente una hora camino en dirección al centro histórico de San Salvador hasta llegar por fin a la cervecería “El establo”. Llego agobiado y ardiendo de calor. Pido una cerveza Regia, de las “gordas”, y refresco mi rostro y pecho con el envase helado. Luego, doy un sorbo moderado. 

Media hora más tarde aparece mi amigo. Las próximas 3 horas hablamos cosas baladíes mientras disfrutamos de varias Regias, algunos bocadillos y escuchamos bobas tonadas reguetoneras y algunas baladas tropicales y pop nostálgicas. Antes de caer la noche, ambos abordamos un autobús de la ruta 52. A eso de las siete me encuentro nuevamente en casa. Me sirvo un vino tinto y continúo estas reflexiones.)        

               

15. Ni nuestra historia ni nuestras dinámicas identitarias iniciaron o culminaron el 15 de septiembre de 1821. Ni con la caída del Muro de Berlín. Ni con los Acuerdos de Chapultepec. El nuevo carácter transnacional del pueblo salvadoreño —y los subsecuentes efectos político-económicos y socio-culturales— son algunos de los hechos histórico-antropológicos contemporáneos más relevantes de la nación salvadoreña en cuanto activan nuevas realidades, dinámicas identitarias e imaginarios de nuestra nación peregrina. Este carácter —y dinámicas— inició como resultado colateral de la Guerra Civil, pero posteriormente fue potenciado por la economía política del neoliberalismo. El neoliberalismo continúa y evoluciona hacia formas que explotan, precarizan y alienan más, aunque de maneras que se nos aparecen más ocultas en nuevas formas de consumo, socialización, y hasta de sentirnos e inquietarnos. La posibilidad de que nuestros flujos migratorios no se rompan en más de dos generaciones es muy alta. En tal medida se mantendrán y evolucionarán estas nuevas realidades.           

Mientras en Honduras y Nicaragua sus pueblos  luchan de manera cívica contra sus respectivas dictaduras bananeras, y en El salvador y Guatemala sus pueblos hacen otro tanto contra el lastre de la corrupción, Costa Rica, adelantada en su proceso democrático nos parece aun distante. Sin embargo,  no existirá plena prosperidad y justicia en el istmo si en algún momento —el adecuado, pero más pronto que tarde— volvamos a establecer alguna forma de federación centroamericana. Todas las constituciones políticas de América Central enarbolan tal aspiración.  

Un acelerado avance de una nueva fase de la modernidad —una hipermodernidad tecnológica altamente alienante— en el contexto del capitalismo tardío, precariza las sociedades y economías alrededor del mundo. Si bien las nuevas tecnologías y acceso al conocimiento —en realidad, una extraña forma de democratización de éste, que combina mecanismos legales y piratas— mejoran de muchas maneras las condiciones y medios de vida, la riqueza alrededor del mundo se concentra como nunca antes tanto en las democracias como las tiranías capitalistas.

La intelligentsia y la sociedad civil salvadoreñas —y sospecho que lo mismo ocurre en el resto del istmo y, en menor medida, el resto de América Latina— aun sueñan con las ansiedades y vicios de los siglos XIX y XX, mientras una nueva economía política capitalista hipermoderna se dibuja en el horizonte, y desconocen aun sus amplias y complejas repercusiones. Sin embargo, diferentes estudios especializados apuntan a que en los próximos quince o veinte años, la cuarta revolución industrial producirá en las naciones desarrolladas entre un 25 % y un 45 % de desempleo. Eta situación constituiría la mayor depresión económica de la historia. El inventor y futurista estadounidense Raymond Kurzweil prevé una explosión tecnológica en el año 2045. Ambas situaciones convertirían a los trabajadores en obsoletos, sin que —necesariamente— el capitalismo mundial diera paso a un nuevo sistema, ni que dejara de seguir produciendo plusvalía —ahora producida exclusiva o mayoritariamente por las máquinas—, y sin que el atroz problema de la injusticia social —ante la ausencia de vanguardias revolucionarias reales, o proyectos o programas alternativos— se hubiese resuelto alrededor del mundo. Para un análisis marxista clásico, pero asombrosamente visionario, sobre el avance de la automatización en el proceso de valoración de capital, aconsejo leer el apartado “1) On Rent” de la sección “Notas y extractos sobre el sistema de Ricardo —marzo-abril de 1851” de Los Groundrisse de Karl Marx.

Esta nueva realidad mundial parecería como un relato especulativo para las personas de mi generación y las anteriores, pero para la generación milenaria y las siguientes presenta retos ineludibles. Intuyo que la actual oposición política salvadoreña, además de desconocer las implicaciones materiales y sociales del neoliberalismo en la población salvadoreña, tampoco vislumbran aun el desarrollo, configuración y consecuencias del capitalismo mundial en su actual fase: la hipermodernidad.

La hipermodernidad es la continuación de la modernidad y la exacerbación de sus valores —en el contexto del capitalismo tardío— de cara a la convergencia acelerada de las nuevas tecnologías, y cómo este nuevo momento histórico define nuestros sentidos de bienestar personal y social, y hasta del ser mismo en general

Las taras históricas que cargamos y los retos del capitalismo tardío hipermoderno nos presentan hoy los nuevos laberintos a sondear y descifrar por parte de las naciones centroamericanas en el siglo XXI. Si no superamos nuestros retrasos, si no soñamos hoy los sueños que tenemos que soñar, desentrañando sus más densas verdades, mientras diferentes formas de inteligencia artificial avanzan —y quizás hasta nos podrían superar—, el siglo XXI pasará sobre nuestras vidas e historias, nosotros anclados a las turbulencias de los siglos XIX y XX mientras avanzan las turbulencias del siglo XXI…   

Postscritum

Al día siguiente, temprano por la mañana, encuentro en las redes sociales imágenes fotográficas que muestran al presidente Bukele junto a su esposa, cual rey de antiguas edades frente a un grupo de prisioneros controlados por efectivos del Estado. Intuyo en los comentarios cierto histerismo, e indago sobre el contexto de la fotografía. Me doy cuenta que la algarabía es aun más baladí que mi plática cervecera la tarde anterior, pues todo se trata de un simulacro en el que fuerzas especiales antiterroristas del ejército muestran al presidente y la Primera Dama su experticia: todo se trata, pues, de un espectáculo….  

El genio político de Bukele es su manejo de las formas y el espectáculo, y cómo este manejo sublima a unos y ciega de furia impotente a otros… Todos perdidos en el estupor de la alienación sistémica y coyuntural…

En las celebraciones del 15 de septiembre en Honduras y Nicaragua, los tiranos bananeros impidieron a sus respectivas oposiciones desarrollar protestas contra los “festejos patrios” de las dictaduras. En Nicaragua, la resistencia logra lanzar al aire varios globos con los colores azul y blanco. Aquí, la constitución nacional está secuestrada y es violada todos los días desde el 18 de abril de 2018. Como resultado, decenas de personas han sido desaparecidas, secuestradas, torturadas y asesinadas por el simple hecho de lucir los colores patrios. En Nicaragua, el lanzar al aire globos azul y blanco, o portar la bandera nacional, es un verdadero acto patriótico, independentista y de mucha valentía…

Al norte de la frontera mexicana, Idalia Yamileth Herrera y su hijo Iker Gael Córdova Herrera de 21 meses, mueren ahogados intentando cruzar el río Bravo. Idalia, una joven mujer de 26 años, desempleada y refugiada del neoliberalismo impuesto por el orden-desorden mundial hace 30 años, buscaba reunirse con su esposo, Elmer Cordova y sus dos pequeñas hijas de 5 y 7 años, quienes, semanas antes sí pudieron atravesar las corrientes del río Bravo. La joven familia salió de Honduras meses atrás, escapando la miseria ancestral de una república entregada durante décadas a las bananeras yanquis y los designios políticos y económicos del imperio. 

Hace unos días, en El Salvador, cumpliendo con los designios impuestos como orden imperial por el secretario interino de Seguridad de los Estados Unidos, Kevin McAleenan, el ministro de Seguridad del presidente Bukele, Rogelio Rivas, inaugura la “patrulla fronteriza” salvadoreña. El acto cuenta con la presencia y supervisión de miembros de la Oficina de Asuntos Antinarcóticos y Aplicación de la Ley (INL, sus siglas en inglés), dependencia del Departamento de Estado los Estados Unidos. La implementación de la patrulla fronteriza es una amenaza al artículo 5 de la constitución política salvadoreña. Sin embargo, su establecimiento es una orden imperial del gobierno del presidente Donald J Trump en su “democrático” afán de  que a su país no entren personas pobres y sucias provenientes de “shitholes”…. Hace poco más de cien años, el abuelo de Trump, un proxeneta, emigró de manera ilegal a los Estados Unidos, evadiendo el servicio militar en Alemania.

Días más tarde, mientras reviso este escrito, se difunde la noticia de que la canciller de El Salvador, Alexandra Hill Tinoco, y el secretario interino del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Kevin McAleenan, han firmado un convenio de cooperación, según el cual El Salvador —uno de los países más inseguros del mundo por la violencia social que produce nuestra digestión neoliberal— se convertiría en una especie de "tercer país seguro”, “otorgando asilo” a refugiados del neoliberalismo que para llegar al engañoso Norte deban pasar por esta estación del Leviatán. A cambio, el gobierno de Trump garantizaría un permiso de permanencia temporal (TPS) a más de 200 mil compatriotas… 

Pamplinas. 

Pero el orden imperial se respeta, y nuestro presidente “no muerde a quien nos da de comer”… Y mientras concluyo estas líneas, decenas de miles de centroamericanos pobres, la mayoría de ellos, salvadoreños, deambulan errantes, vejados, vilipendiados, apátridas, por los territorios del Triángulo Norte y México, refugiados del neoliberalismo imperante, buscando acercarse al Leviatán que los muerde y los engaña en sueños, a fin de ganar $8 dólares la hora y escapar de los eructos y estupores del monstruo en esta periferia digestiva. 

…¿Somos “nietos del jaguar” o “nietos de un sistema mundial de hitholes”?…

En tanto, diferentes encuestas nacionales indican un nivel de popularidad del presidente Bukele que supera el 80 por ciento, al tiempo que éste satisface sonriente los perversos designios racistas del emperador Trump, y  en campos de concentración de los Estados Unidos, son violados los derechos humanos de miles de niños centroamericanos separados de sus padres.

El mundo continúa girando y el Leviatán que nos eructa y expulsa, continúa transmutándose… 

Nuestra historia aun tiene mucho que andar…

(San Salvador, 12 - 20 de septiembre de 2019).

 

Acta de la Independencia de Centroamérica (PDF)

Acta de Independencia