• Diario Digital | miércoles, 21 de agosto de 2019
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Bigliaticum romanos y sobresueldos —o la compra-venta de consciencias y la prostitución de los intelectuales en el capitalismo tardío de El Salvador

Bigliaticum romanos y sobresueldos —o la compra-venta de consciencias y la prostitución de los intelectuales en el capitalismo tardío de El Salvador

En la antigua Roma el imperio le pagaba a algunos de sus centinelas un bigliaticum cuando estos realizaban tareas especiales, tales como exploración profunda, guerrilla o espionaje. El bigliaticum consistía en un pago extra por dichas tareas especiales. Esto es lo más cercano al actual concepto de «sobresueldos».

El Ejército vivirá mientras viva la república dice el lema de las Fuerzas Armadas salvadoreñas, atribuido al General Manuel José Arce. Independientemente de las doctrinas militares del ejército salvadoreño a través de su historia, la expresión citada hace referencia a un hecho fundamental: la existencia del Estado involucra —en términos generales— la existencia de estructuras de control y coerción. Esto es así en los Estados Unidos, Corea del Norte, Ciudad del Vaticano, San Marino y Chalatenango. Sin embargo, tanto los Estados democráticos como revolucionarios modernos —cuando efectivamente lo son, y no solo nominalmente—, imbuyen a sus estructuras de un mínimo decoro y compromiso ético, el cual está claramente delimitado por un contrato social entre los ciudadanos y el Estado. En El Salvador nuestro contrato social es la Constitución Política, los Acuerdos de Chapultepec y las leyes secundarias que estos documentos habilitan.

Mientras exista el Estado y mientras no existan las condiciones objetivas para la desaparición de las leyes —más aún en un país con una situación especial de violencia y corrupción cultural endémicas—, existirán misiones especiales que el Estado comisiona en aras de la protección de la Sociedad y el Estado (tareas de espionaje, inteligencia analítica, etc.). Como vivimos dentro de un Estado pluripartidista, los partidos políticos —como también lo hacen las corporaciones y aún empresas más pequeñas en sus estudios de mercadeo— podrían hacer lo propio —y hay indicios de que lo hacen— en aras de promover sus intereses. Pero tanto los partidos políticos como el Estado deberíandeben— hacer esto supeditados al contrato social al que me he referido arriba.

En el siglo VII de nuestra era, San Gildas el Sabio, un monje celta de la antigua Britania celtica-romana, escribió De Excidio Britanniae et Conquestu Britanniae, o La Ruina y Conquista de Britania, un sermón en tres partes que buscaba analizar y explicar la caída de la provincia romana de Britania (el territorio que hoy constituyen Inglaterra y Gales) ante las oleadas bárbaras de pictos, jutos, anglos y sajones entre los siglos V y VI en las islas británicas. Aunque desde una perspectiva religiosa, en su De Excidio Britanniae, Gildas denunciaba lo que ahora llamaríamos «corrupción sistémica», y argüía que ésta era la principal razón de la caída de la provincia romana de Britania bajo el yugo de jutos, anglos y sajones.

Existen extensos tratados sobre la caída del Imperio romano y las oleadas bárbaras en Europa. Hago esta breve reseña de Gildas y su De Excidio Britanniae porque durante los últimos años he percibido una similitud en la relación entre las antiguas Britania y Roma, y El Salvador y los Estados Unidos contemporáneos. La la antigua provincia romana de Britania y El Salvador contemporáneo: ambas periferias altamente transculturizadas y con economías políticas disfuncionales; y la antigua Roma hacia el siglo IV de nuestra era y los Estados Unidos actualmente: ambos centros imperiales con crecientes y agudas crisis sistemáticas —y un ascenso de la corrupción como un etos o percepción y motivación de la vida en sus diferentes esferas.

La corrupción en El Salvador es cultural y sistémica, tal como lo demuestran prácticas endémicas «normalizadas» de sobresueldos y «olvidos» durante los gobiernos anteriores, y que no ascienden a $10 o $15 millones de dólares, sino a cientos de millones de dólares, y por los que más de un expresidente continúa siendo investigado, entre ellos el fallecido Francisco Flores, tristemente famoso por la «desaparición» de algunos «saquitos». Y si la práctica de sobresueldos ha continuado durante los gobiernos del FMLN, dicha acción política contribuye a ese status quo institucional que la razón de ser histórica y revolucionaria debe romper, a fin de ser un factor político de transformación y no continuidad.

De un tiempo para acá se han difundido los nombres de exfuncionarios, analistas políticos  e intelectuales —estos últimos, supuestamente personas de «mayor talante»— beneficiarios de sobresueldos. No soy abogado, pero tengo el conocimiento mínimo de la ética como para saber que de acuerdo al contrato social salvadoreño estos «bigliaticum» son ilegales, y no se justifican éticamente en términos del bien común de los salvadoreños. (A veces, cuando un sistema es injusto, romper las leyes es ético y hasta una obligación; de ahí los movimientos revolucionarios y de liberación. Precisamente por un principio ético yo mismo también rompí el contrato social durante el régimen de la guerra. En el momento político actual romper el contrato social es injustificable). 

Que el Estado salvadoreño otorgue sobresueldos que no están estipulados en nuestra Constitución Política ni sus leyes secundarias constituye una forma crasa de corrupción. Ninguno de los beneficiarios por sobresueldos ha recibido dichas bonificaciones en concepto de misiones o tareas especiales para proteger al Estado o la sociedad salvadoreña (a menos que el beneficiarse personalmente por el Estado y pueblo pueblo salvadoreño sea visto como una «misión» o «tarea especial» en tal sentido). Lo que ha habido es una compra-venta de consciencias: la forma más baja de prostitución; una que torna a intelectuales en gold diggers del poder político o corporativo.

Y en tanto en las redes sociales se propagan nombres de supuestos beneficiarios de sobresueldos, en días recientes ha circulado la noticia de que tanto Arena como el FMLN propondrían la legalización de los sobresueldos. Para Arena —siguiendo la lógica del «laissez faire»— la comodificación de las personas es natural. El capitalismo lo presupone. Los trabajadores constituyen el capital variable del sistema. En última instancia, el capitalismo busca transformar las sociedades en colectivos de zombis gold diggersJudas Iscariotes—, tornando a la ciudadanía en basura humana comodificada, siempre en busca del provecho material en un reino de mercancías en el que las ontología de éstas prevalece sobre la ontología humana. 

Décadas de capitalismo voraz hipercomodificador produjeron la actual crisis en los Estados Unidos —una crisis dentro de una crisis dentro de una crisis—: la elección de Donald John Trump como presidente: un miserable, vulgar, ignorante, canalla y violador; cuya jefatura terminará en  su destitución, algún intento de golpe de estado, o conato de guerra civil en el imperio más poderoso de la historia.

Algunos —espero que no muchos— en El Salvador quisieran un gobierno de gold diggers y truhanes como el de Donald Trump —con personajes más despreciables que el Guasón de Batman o que el emperador Calígula—; y se llaman a sí mismos cristianos y van a misa todos los domingos, tal vez a la Capilla de San Benito o Corazón de María, y mientras se enriquecen mediante una vida de canalladas y «excavando oro» —gold digging—, llamando «resentidos sociales» aquellos a los que roban y explotan. Sí…, en El Salvador existen nostalgias por la corrupción y la más crasa explotación. Apologistas —¿beneficiarios de bigliaticum y sobresueldos criollos?— los encontrarán —al parecer— en algunas páginas de El Diario de Hoy y en foros televisivos… ¿Pero es esa la sociedad y gobiernos de igualdad y transparencia a los que aspira El Salvador, y por los que ofrendaron sus vidas miles de humanistas, demócratas y revolucionarios y revolucionarias de esta nación…?

Marx y Engels no solo hacían una crítica a la injusticia económica dentro del capitalismo, sino también un análisis y crítica psico-social respecto al fenómeno de la alienación (La ideología alemana y los Escritos económicos y filosóficos de 1844Cuadernos de París). En estos trabajos Marx y Engels observaban y analizaban la objetivización de los trabajadores a través de su transformación en mercancía a partir del trabajo como fuente de creación dentro del capitalismo. Hacia el final de sus años, el Che Guevara criticó el modelo soviético por incorporar formas alienantes dentro de la economía socialista (Apuntes críticos a la economía política). 

Es imposible transformar o trascender el capitalismo en un fin de semana o unos cuantos quinquenios. La economía política de El Salvador continúa siendo capitalista: un capitalismo periférico precario y disfuncional —así lo ha sido desde su fundación como república—; y así lo seguirá siendo por algunos años más. El FMLN continuará gobernando, y por ende administrando dicha deformación sistemática. Pero política e ideológicamente lo que los socialistas revolucionarios buscamos es transformar y trascender el sistema, y no que éste nos transforme y nos trascienda. La excesiva comodificación de funcionarios públicos e intelectuales contribuiría a que en el seno —y también fuera de éste— de un partido político revolucionario orientado al socialismo, se comodifiquen las voluntades. Esto no debe de ser así; en particular respecto a cuadros e intelectuales, aunque tampoco respecto a las bases. A diferencia de la Derecha, la Izquierda tiene una postura y razón de ser éticas, de acuerdo a las cuales el ser individual y social se deben al ser social; es decir, el bien común debe de prevalecer sobre los intereses individuales. En su ensayo El FMLN y la vigencia del pensamiento revolucionario en El Salvador —que yo entiendo como su testamento Político—, Schafik Hándal, en la sección VII del mismo, alertaba al FMLN y su dirección contra los vicios burgueses del poder personal, la corrupción, el oportunismo y el arribismo.

Dentro de la ética capitalista el bien individual —por medio de la plusvalía a partir de la compra-venta y la comodificación de todo como mercancía— debe de prevalecer sobre el bien común. En El salvador, el principal paladín de la ética capitalista es Arena. En muchas ocasiones, sus intelectuales y acólitos defienden la ética del capital esgrimiendo la idea del «laissez faire, laissez passer», idea que hace alusión a una «economía totalmente libre» —sin restricciones fiscales ni morales—, donde —supuestamente— se impondrían leyes económicas, superiores a otras dinámicas sociales (y consideraciones éticas). Esto es: la reificación de la economía y la supeditación del ser humano a lo económico —lo económico conducido por una élite extractora de recursos naturales y humanos, beneficiándose de manera exclusiva y excluyente; y los recursos transformados en plusvalía en transacciones capitalistas—, y no donde lo económico está supeditado al ser humano y social para el bien humano y social. Eso explica que alguien como Donald Trump pueda ser multimillonario y «emperador de turno» —y expresar públicamente cualquier bajeza, como el que él «por ser una “estrella” puede tocarle el pubis a una mujer cuando él quiera», o que «caminando por la Avenida Cinco de Nueva York le puede disparar a cualquiera y no irá preso»; mientras que un poeta intenta ganarse la vida vendiendo sus versos a ¢0.25 centavos, o un pintor haga lo mismo vendiendo sus cuadros a un valor menor a su costo material y ontológico. 

Esa es la lógica del valor dentro de una ética capitalista: «Tanto tienes, tanto vales»; «Tanto apologizas o tanto criticas, tanto vales»; y así, dentro de este esquema, las transacciones de compra-venta —incluidas las personas— son «lo más normal» del mundo. El primero en esgrimir la idea del laissez faire, laissez passer fue el economista e intendente francés, Vincent de Gornay, un fisiócrata del siglo XVIII, quien se oponía rígidamente al intervencionismo del gobierno en la economía. Dicho pensamiento —el mismo de Arena y sus apologistas— es lo que se encuentra en el corazón de —y la práctica y justificación— de los sobresueldos (lo mismo que el compadrazgo).

Durante siglos se ha estigmatizado de la manera más hipócrita y alevosa a personas trabajadoras del sexo. Sin embargo, una trabajadora o un trabajador del sexo es mil veces una persona más honorable y digna que una persona o intelectual gold digger que acomoda su vida o escala socialmente haciendo trampas o vendiendo sus opiniones —es decir, su consciencia— al «mejor» —o cualquiera— postor.

En términos generales, los intelectuales no son seres de alma prístina y virginal en una torre de marfil. Son hombres y mujeres de carne y hueso, e intereses materiales y sociales como los de cualquier otro agente social. De manera más explícita —desde mi perspectiva marxista—, los intelectuales están sujetos a —y son promotores de— intereses de clase. Desde mi óptica individual —intentando autonomizarme de cualquier ideología—, una persona intelectual debe de ser honesta, primero consigo misma. Una persona intelectual  aunque se declarase «apolítica» produce ideología, y contribuye —o no— al sostenimiento de un orden político. 

Como productora de ideología, la persona intelectual debería primordialmente no vender sus verdades. Lo cual no quiere decir que una persona intelectual, como una persona humana (sí, en el mundo moderno las personas pueden no ser humanas) no pueda recibir un sueldo o un honorario de un gobierno, una corporación privada, o hasta un partido político, si —y solo si— este sueldo u honorario se produce de forma legal y legítima: por una función específica estipulada dentro de un marco jurídico establecido (asesoría política, asesoría jurídica, asesoría o producción cultural, producción de inteligentsia y análisis, y aún labores burocráticas, etc.). La persona intelectual puede hacer apología —o antagonizar— respecto a un orden político-ideológico establecido o en proceso de lucha, pero para que dicha producción de la consciencia sea íntegra, ésta jamás puede ser realizada por la motivación del dinero.

Si la persona intelectual se dedica a  la apología o el antagonismo por dinero, su posicionamiento deja de ser honesto, y por el contrario se rebaja al vedetismo político más bajero; y la persona «intelectual» deja de serlo —en esencia.

Y claro que así como existen gold diggers en la sociedad capitalista en general, también existen dentro de la intelectualidad. Por seguro dentro de la izquierda deben de existir intelectuales gold diggers que también se ofrecen a la compra-venta. Una combinación de la plasticidad neurológica, la cual posibilita la plasticidad psicológica e ideológica —lo mismo que la diversidad cultural y sistémica—, lo permiten. 

La compra-venta de todo, incluidas las personas y sus consciencias es algo inherente al capitalismo; y así, dentro de la intelectualidad salvadoreña habrá quienes dirán: «…A mí me pagan por articular mis brillantes opiniones sobre la cultura, la más alta moral y las buenas costumbres; mi sólida posición a favor de la vida y en contra del aborto; mis llamados a la transparencia y en contra de la corrupción…», aunque dichas posturas en sustancia no sean más que eso: posturas por un puñado de dólares —digamos $5,000.00— o por unos dólares más —digamos $15,000.00… Los «honorables» bigliaticum o sobresueldos del Imperio romano y el capitalismo tardío.

Y aunque esgrimo una ideología marxista crítica, sé que mi posición en torno a los sobresueldos aparece como idealista. Y que, contrario a esta postura, la realidad objetiva nos demuestra que en El Salvador hay intelectuales que, como gold diggers, venden sus consciencias… —al menos hay fuertes indicios de ello—, y por sobre quienes, por supuesto, una o un trabajador del sexo tiene mucha mayor dignidad y valor de la consciencia... 

Respecto a mí, verán mi sombra saltar de tejado en tejado y de refugio en refugio, y podrán decir —y acaso así lo sea— que soy bohemio y aventurero, pero jamás venderé mis ideas y lo más sagrado de entre mis huesos: mi consciencia.

Rockford, Illinois, en el corazón de Leviatán.

Bibliografía:

Juan Jacobo Rousseau, El Contrato social: o sea principios del derecho político.

San Gildas el Sabio, De Excidio Britanniae et Conquestu Britanniae.

Karl Marx & Frederich Engels, La ideología alemana .

Karl Marx, Escritos económicos y filosóficos de 1844.

Ernesto Che Guevara, Apuntes críticos a la economía política, Editorial Ocean Sur, 2006.

Schafik Handal, El FMLN y la vigencia del pensamiento revolucionario en El Salvador.