• Diario Digital | domingo, 23 de febrero de 2020
  • Actualizado 17:53

Inteligencia corporativa e Iniciativa Ciudadana en Futuras Elecciones

Inteligencia corporativa e Iniciativa Ciudadana en Futuras Elecciones

Aunque en estos días pocos o nadie fuera de las universidades se atreven a actualizar el pensamiento de Karl Marx después de la caída del más grande experimento socialista, el derecho sigue siendo “la voluntad de la clase dominante erigida en ley”, y el estado, la organización para ejercerla. El dilema de la clase dominante siempre ha sido ejercer el poder directamente o indirectamente.  Hasta hace unos meses, en la mayoría de países, incluyendo las monarquías constitucionales,  las élites pudientes habían ejercido el poder a través de gerentes putativos, militares, caudillos, partidos políticos, intelectuales, comunicadores sociales o meramente intendentes de la “cosa pública”.  A partir de la elección de Donald Trump en Estados Unidos, la nueva realidad plantea el ejercicio del poder en un país y el mundo entero directamente por los hombres más ricos del planeta, los plutócratas.

El magnate se ha valido de la tecnología e inteligencia, no espionaje, acumulada desde largo rato en la conducción de sus negocios dentro y fuera de Estados Unidos, para erigirse en un líder alternativo que dirigirá el país más poderoso del mundo en los próximos cuatro años. Aclaro el termino inteligencia, porque en muchos países la inteligencia se reduce a espionaje policiaco detectivesco. Criticando a la clase política y al sistema que la ha mantenido en el poder desde su independencia de Inglaterra, Donald Trump construyó ante los ojos del electorado del “Cinturón Oxidado”, región más impactada por la globalización económica, una imagen de candidato independiente, capaz, fuerte y decidido a hacer los cambios que el país necesita. Usando los medios sociales, especialmente Twitter, Trump alimentó con mensajes intrigantes, maliciosos, al departamento de noticias de CNN, una de las cadenas que se encargó de mantenerlo ante los ojos de los televidentes la mayor parte del día. MediaQuant, calcula que Trump recibió 5,800 millones de dólares de cobertura de prensa gratis, mientras sus adversarios tuvieron que pagar publicidad, gracias al uso inteligente de las redes sociales.   

La creación de aparatos de inteligencia, defensa y modernización que faciliten la adquisición y acumulación de poder económico y político, ha sido necesaria para que la clase dominante en China, EEUU o Rusia, perpetúe su dominio. Ha sido la inteligencia en el campo científico, tecnológico, militar, político y empresarial lo que ha llevado a los poderosos a explorar, esclavizar, colonizar, explotar recurso materiales y humanos, y ordenar el reparto del mundo a su antojo en los últimos 500 años. 

La visualización de posibilidades empresariales, estudios de factibilidad, generación de clientela, búsqueda de materia prima, selección de mano de obra, vigilancia de su competencia, selección de sus gerentes y gendarmes, demanda y proyección, son partes indispensables de la inteligencia empresarial.  A diferencia de la inteligencia de estado, la Inteligencia corporativa se caracteriza por su pragmatismo, actualización científico-tecnológica y técnica constante, su independencia y flexibilidad.   Contrario a las ideologías políticas, la inteligencia corporativa no promueve su reproducción voluntariamente, a menos que no sea para su propia utilidad. Una empresa no promueve la creación de otra, al menos que sea para su beneficio o promoción de sus productos. 

Hay otras manifestaciones de la inteligencia corporativa que no son obvias al ojo parroquiano, pero tampoco son clandestinas ni secretas, aunque se usen con alta discreción y criterio clínico.  Me refiero a la gestión y gestación de influencia y manejo de las instituciones estatales, otrora domésticas, hoy por todo el mundo.  Además de determinar en qué campañas electorales y candidatos invertir, las corporaciones gastan miles de millones en cabildeo a legislaturas, ministerios e instituciones que regulan sus actividades en nombre del estado. Según la Oficina del Senado de Récords Públicos, durante 2017 hasta esta fecha 11,143 cabildeadores registrados en Washington y los grupos de interés, en su mayoría corporativos, gastan más de 3 mil millones de dólares en cabildeo al gobierno federal. Además de este dato, la Fundación Sunlight considera que hay otra cantidad igual o mayor que no está registrada.  

Pero la inteligencia corporativa que a las claras está superando a la inteligencia de estado y las instituciones tradicionales de poder, se utiliza más hoy en día para decidir quien gobierna.  El triunfo electoral de Donald Trump en Estados Unidos, demostró de sobra el uso de inteligencia adquirida a través de sus empresas, en el manejo de la prensa tradicional escrita y televisada, con tecnología de punta en los medios sociales.  La misma tecnología e inteligencia que operó para agitar, organizar y derrumbar gobiernos durante la Primavera Árabe y a la guerrilla colombiana, ahora se usa para instalar un gobierno e intentar un nuevo rumbo, ante los ojos del mundo que queda pasmado.

Las corporaciones, especialmente las del área tecnológica, han creado instrumentos que han llevado la iniciativa privada a campos probablemente no premeditados.  La creación de las plataformas que se usan en los medios sociales como un pasatiempo, han sido el vehículo de campañas como, “No más Secuestro, No más Mentiras, No mas Muertes, No mas FARC.” Según el libro “Abundancia” de Peter Diamandis and Steven Kotler, el uso de redes sociales para derribar al dictador Hosni Mubarak fue resumida por un activista egipcio así “”usamos Facebook para anunciar las protestas, Twitter para coordinarlas, y YouTube para decirle al mundo”.  Hemos entrado a una era en la que el mapeo del activismo y sus recursos multitudinarios, el periodismo ciudadano y la geolocalización usados en todos estos países a través de las redes sociales va utilizarse en las campañas políticas, en la medida que los candidatos lo entiendan.   

Pero los países en desarrollo tampoco se quedan atrás en el uso de inteligencia, tecnología y los medios sociales. El Salvador es un ejemplo en pequeño de la alquimia moderna aplicada en la palestra política.  Aunque el Alcalde San Salvador  no genere la animosidad de los electores de Trump con sus twits, Nayib Bukele utiliza bien la plataforma Facebook.  Un análisis acertado que le permite proyectarse entre la población a través del periodismo ciudadano, desde la comodidad de su casa. A diferencia de Trump, que dirigía sus frases provocando o atacando personajes a los encargados de noticias, Bukele lanza su discurso en vivo y lo pone a disposición de sus seguidores y detractores, para que lo comenten y compartan. Un segundo después del anuncio de su candidatura a la alcaldía de San Salvador en Facebook, el edil capitalino 21.2 K reacciones, casi 6.9 K comentarios y 2.5K personas lo habían compartido.      

Tanto el uso de las redes sociales, como el protagonismo de los medios tradicionales de comunicación en la vida cotidiana de la ciudadanía han venido promoviendo una cultura de entretenimiento, que ha reducido el lapso de atención del individuo.  Es esa la cultura que ha permitido que los países elijan personajes de radio y televisión en la última década.  El uso sistemático y efectivo de las redes sociales y las plataformas apropiadas será instrumental en las elecciones venideras. La paciencia de los individuos para extensas plataformas programáticas, largos discursos aburridos, e incluso debates tediosos, es cada día menos. La foto de Instagram, los vídeos cortos e imágenes anunciadas en un párrafo y la oración o frase de en un mensaje de Twitter, definen más el carácter de un candidato en la mente de los votantes estos días. Los equipos de campaña tendrán que tener un fuerte e inteligente componente tecnológico y analítico.