• Diario Digital | domingo, 29 de marzo de 2020
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Plutócratas del Mundo, Uníos: Proteccionismo o Nuevo Orden Mundial

Plutócratas del Mundo, Uníos: Proteccionismo o Nuevo Orden Mundial

Independientemente que la dirección que toma Estados Unidos bajo el gobierno de Donald Trump parezca el capricho de un simple megalómano acaudalado, sus primeros pasos dejan claro el intento de un proteccionismo económico que afectará a muchos países y economías del mundo. El neoliberalismo, que facilita la globalización de la economía transportando capitales y mercadería entre países manufactureros y consumidores, ha llevado al mundo a una interdependencia que genera incertidumbre, aunque el crecimiento económico continúe en ambos tipos de países. Como lo señala Xi Jinping, presidente de China, “el proteccionismo, populismo y desglobalización se levanta.  … y no es bueno para una cooperación más cercana globalmente. “

El nihilismo del crecimiento económico y la globalización de mercados ha tenido por lo menos dos efectos suicidas para las naciones y repúblicas. En primera instancia, la globalización económica ha producido una clase de individuos con inversiones en muchas partes del mundo, cuya lealtad rebasa su países de origen, erigiéndose en plutócratas pertenecientes a una elite mundial que opera donde sus inversiones le produzcan mas rédito. En segundo lugar, ha destruido al ciudadano, convirtiéndolo en consumidor e inversionista simultáneamente en países desarrollados.  Por ejemplo, en EEUU muchas de las pensiones de retiro de la mayoría de trabajadores están invertidas en compañías como Walmart que producen sus insumos en países de mano de obra barata y la comercializan con empleados mal pagados en países consumidores. Ni el plutócrata ni el ciudadano híbrido promueven conciencia nacional ni civismo suficiente, para continuar la edificación de una república.

Es esa la incertidumbre que ha llevado a los estadounidenses a decepcionarse de la globalización y abocarse a un proteccionismo aventurero, que como medicina puede ser peor que la enfermedad a estas alturas. Aunque Estados Unidos se haya temporalmente recuperado de la crisis económica del 2008 y la tecnología nos siga dando acceso a comodidades que nos hacen sentir bienestar inmediato y estabilidad, el futuro de millones de personas es incierto e inseguro.  El crecimiento económico aborda su final, pese al consumo de todos los nuevos productos que la tecnología pone en el mercado día con día. Además que la mano de obra barata de países como China, India e Indonesia, extrae los empleos de países como Estados Unidos, la automatización que ya pasa de un 10% en la manufactura, reemplaza con computadoras a empleados en ventas, hotelería, agencias de viajes, servicios bancarios y otros.  No se perfila una economía con empleos permanentes y empresas estables que aseguren sostenibilidad y sustentabilidad tanto a países desarrollados como en desarrollo.

Es paradójico que al momento del cierre exitoso del ciclo de su jornada que conectó las fábricas y mercados del mundo al máximo durante medio milenio, la globalización quiera ser revertida por su mayor propulsor en 4 años.   Cinco siglos después que Cristóbal Colón inició la globalización buscando una ruta marítima para extraer seda, especias y otras materias primas del Lejano Oriente para fabricar y vender productos en Europa, los Chinos establecen una ruta intercontinental terrestre uniendo los mismos polos de progreso mercantil.  El primer tren de carga Chino surcó todo Asia y Europa llevando productos ya elaborados, desde el Lejano Oriente a Gran Bretaña, entre el 3 y 18 de enero de este año. Coincidencia o no, el primer tren Chino llega a Londres dos días antes que Donald Trump sea juramentado como presidente de Estados Unidos y haya pronunciado un discurso proteccionista que promete frenar o por lo menos desacelerar la globalización emprendida hace más de cinco siglos. Mientras tanto el máximo líder comunista de la época, Xi Jinping, defiende la globalización en el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza.

La emigración de capital desmesurada y la inmigración de mano de obra a sus vecindarios ha provocado que el establecimiento estadounidense se sienta amenazado en su seguridad económica y social,  y exija a sus líderes una solución a la deriva en que se encuentra empantanado el país desde los años setentas.  Durante las elecciones primarias del 2016, los dos partidos mayoritarios le presentaron al electorado estadounidense las posibilidades de resolver con un candidato políticamente liberal y económicamente conservador o con otros económicamente liberales y políticamente conservadores. Obviamente el electorado escogió el más nefasto de los candidatos tanto para el desarrollo económico nacional, como mundial.

A juzgar por la composición del gabinete propuesto por Donald Trump y la aquiescencia del Senado de Estados Unidos ante sus primeras órdenes ejecutivas, la perspectiva proteccionista no es obra y gracia de un solo individuo.  Los plutócratas ungidos estos días en el Capitolio de los Estados Unidos representan corporaciones de rubros industriales como la siderúrgica, petroquímica y otros energéticos, la manufactura, la banca y bienes raíces entre otros, que habían estado controlados por políticas ambientalistas y pactos neoliberales que ellos mismos han creado.  Individuos acostumbrados a manejar grandes corporaciones no a recibir órdenes, que estaban preparados para tomar las riendas de un país y desmantelar todo lo que en su perspectiva estropea sus negocios. Ninguno de ellos es un invitado de última hora a compartir un pastel solamente. Son individuos cuya inteligencia corporativa ya les había informado lo que es posible y necesario para realizar su visión llegada la hora. 

Aunque muchos de estos magnates tendrían que renunciar a más 400 directorios empresariales cada uno antes de asumir sus cargos de ministros para evitar conflicto de intereses, no es sorprendente que estén dando batalla por su aprobación en el senado estadounidense. Las órdenes ejecutivas del presidente Trump respecto del medio ambiente, la construcción de los Oleoductos Keystone y Dakota, sus medidas migratorias, el retiro de pactos internacionales de comercio como el TPP y NAFTA, revelan que estos oligarcas están listos para cumplir su misión, bajo un abordaje proteccionista.  “El Secretario de Seguridad Doméstica, yo y mis amigos construiremos el muro” entre México y EEUU, manifestó el presidente. Lo que es sorprendente es que una agenda proteccionista vaya acompañada de un nacionalismo xenófobo que lejos de unificar al país bajo una sola meta, lo divida.  Además de los movimientos feministas, gay, inmigrantes, ambientalistas, Negros y otros grupos minoritarios, la intolerancia de Trump a las críticas del presidente ya lo han declarado en guerra con la prensa, y por supuesto, las empresas cuyos aranceles serán aumentados. 

El despotismo, violación a la libertad de expresión, persecución a inmigrantes, musulmanes y otros grupos minoritarios, así como su potencial conflicto de intereses y querellas legales en su contra, le auguran a Donald Trump dos posibilidades: que el Congreso de los Estados Unidos lo obligue a renunciar o que su gobierno establezca un régimen de corte fascista en sus primeros 100 días. El nacionalismo mostrado en sus apurados ataques a dos de sus mayores socios comerciales, México y China, ya están siendo sometidos a pruebas de realismo dentro del Congreso y la intelectualidad.  El aumento de impuestos a productos importados de México serian pagados por los consumidores estadounidenses de frutas y vegetales y usuarios de refrigeradoras, y otros electrodomésticos fabricados en ese país.  Una guerra comercial con China sería tan dramática como catastrófica, tanto para los inversionistas estadounidenses en China como para los consumidores de productos hechos en esa nación que son millones. 

Todas estas escaramuzas que le han abierto frentes de guerra internos y externos al régimen que recién empieza a establecer Donald Trump, sumadas al coqueteo solapado con los Rusos y un posible retiro de organismos internacionales como la OTAN, ponen en duda que los plutócratas representados en el gabinete del magnate estén sentando las bases para implementar un proteccionismo nacionalista o para el establecimiento de un nuevo orden -- una recomposición o nueva repartición del mundo.