• Diario Digital | domingo, 21 de julio de 2019
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Douglas Meléndez, el fiscal que nadie quiso

Douglas Meléndez, el fiscal que nadie quiso

De la historia

Durante los 20 años de gobierno de Arena (1989-2009) la Corte Suprema de Justicia, la Corte de Cuentas y la Fiscalía General   fueron instituciones supeditadas al poder ejecutivo.  Haga uso amigo lector de su memoria y traiga al recuerdo los nombres de fiscales, presidentes de Corte de Cuentas,  magistrados y verá que entre ellos hubo muy poco relevante; por el contrario la inacción de las instituciones procuró una desmedida infección de la corrupción en casi todos los niveles. La Presidencia de la Republica  fue entonces el principal corruptor que dominando a los otros dos poderes y a otras instituciones, estableció un sistema político cuyo objetivo fue potenciar al gran empresariado (donantes de Arena), permitir leyes injustas que promoviera la acumulación de riquezas a la oligarquía, una economía dependiente de los trabajos mal pagados   y el descontrol de la seguridad nacional para beneficio de  las empresas privadas de seguridad. A los funcionarios públicos permitió también enriquecerse por dos vías: De las dadivas de los empresarios privados así como de los mismos recursos del gobierno.

En 2009, de la mano del Fmln, Mauricio Funes —un importante periodista   que denunció todo la corrupción que mencionamos— llegó al poder y quebró los 20 años de gobiernos de derecha con un discurso confrontativo y de cero corrupción. Después de 5 años su administración no fue lo que la gente esperó. Marcada por un continuismo del anterior gobierno de Arena (Tony Saca) no trató de desmontar el sistema de injusticias diversas  que aún reina en El Salvador sino tomando el camino fácil, decidió  proseguir una política asistencialista enfocada en subsidios y préstamos internacionales para cubrir el enorme gasto.  Durante el primer periodo de la izquierda la corrupción continuó, el dólar no se pudo revertir, el salario mínimo subió solo unos 15 dólares (en cinco años) y la violencia producto principalmente de las pandillas sembró luto en todo el territorio nacional. Como punto positivo diremos que su gestión ayudo a establecer la anterior Sala de lo Constitucional.

En 2014 el pueblo salvadoreño dio una nueva oportunidad al Fmln para gobernar y transitó  su segundo periodo de la mano del Profesor Sánchez Cerén. Aunque ha sido muy mal evaluado por la población (menos de 5 puntos) de cierto es que su gobierno es más atinado que el anterior y con mejores logros y menos corrupción.  Los puntos más negativos son mediáticos (debido al mal discurso y a su ausencia como presidente) y que tampoco armonizó un verdadero gobierno de izquierda.      

Fiscalía General en acción

En el año 2016 pasó algo que nadie esperaba y que puso muchas barbas en remojo. Douglas Meléndez (un ex fiscal con experiencia)  fue elegido fiscal general y empezó a trabajar contra la corrupción política desde el primer día. En solo tres años logró condenar a un ex presidente, llevar a juicio a otro (que se encuentra huyendo de la justicia)  y condenar también a ex fiscal general. Además tuvo mucho éxito en su lucha contra el narcotráfico (un tema de verdad espinoso) y golpeó junto a la PNC duramente las estructuras económicas y territoriales de las pandillas (principalmente la MS  13).

La mayoría de los políticos rápidamente vieron un gran peligro en el flamante fiscal. Investigaciones conectadas con la sección de Probidad de la CSJ, la aplicación de la Ley de Extinción de Dominio a políticos, importantes casos a presentadores de tele, gente adinerada y empresarios corruptos comenzaron a desfilar por las pantallas de televisión con esposas en sus manos. Fue tanto el temor que hasta el ex presidente Mauricio Funes amenazó con denunciar  a diputados corruptos si el fiscal era reelegido en este año.

Durante su gestión los políticos y empresarios acostumbrados a corromperse con impunidad comenzaron a sentir miedo de perderlo todo (como le sucedió al ex presidente Saca).  Diputados, ex presidentes y funcionarios de anteriores gobierno bajaron de peso y dejaron de dormir en paz.  Aunque la gestión de Meléndez fue ensuciada con el fantasma de ser un fiscal mediático,  de perder varios casos y de investigar principalmente a los adversarios políticos de Arena (un fiscal al servicio de la oligarquía), los hechos demuestran que trabajó con empeño en limpiar la casa y con sus notorias investigaciones  (aunque perdió varias) demostró que es posible seguir el rastro de la corrupción y poner presión sobre quienes administran la cosa pública.

Douglas Meléndez trabajó durante dos años y medio de manera incansable, pero el término de un periodo corto adelante de la fiscalía  y el temor a no ser reelegido hizo que desacelerara el paso. Sabiendo que su destino estaba en manos de los partidos políticos decidió dejar de lado investigaciones que pudieran ponerlo en una mala posición con los diputados. Quienes más trabajaron en el oscuro propósito de engañar al fiscal fue Arena y Gana que prometiéndole la reelección  vieron como casos importantes ligados a Probidad de la CSJ y el tema de los sobresueldos en los gobiernos de Arena  quedaron literalmente engavetados.  El único que fue honesto en este caso fue el Fmln quien siempre estuvo en contra de la reelección de Meléndez. Una vez que el tiempo de fiscal expiró  todos los políticos le dieron una patada y lo sacaron por la puerta de atrás. El fiscal más incómodo en los últimos 30 años en El Salvador quedo fuera del juego político y nacional.

Implicaciones y un nuevo fiscal

Diga lo que se diga se puede concluir que la gestión de Douglas Meléndez (el llamado ¨fiscal mediático¨) fue buena.  Nunca políticos, empresarios,  narcotraficantes y pandillas estuvieron tan nerviosos como en los últimos tres años.  Con un ataque frontal a la corrupción y la delincuencia,  y la ayuda de los Estados Unidos por medio de su embajada;  El Salvador mismo estuvo en vilo durante tres años. Más de cien personas ubicadas en “el rango de los incontables” tocó cárcel o fue notificada de investigaciones en su contra. Muchos huyeron, otros están presos y algunos tienen procesos pendientes en tribunales aunque gocen de medidas sustitutivas.     

El buen accionar de las instituciones fortalece el sistema en general.  Cuando hay independencia y trabajo serio,  los funcionarios encargados de liderar la cosa pública piensan una y otra vez antes de corromperse al ver los casos expuestos al escrutinio público. Muchos por temor deciden mejor no meter mano.

La anterior  Sala de lo Constitucional, aunque con errores sobre todo al final de su función, hizo un buen papel, Corte de Cuentas necesita seguir creciendo, alejándose del ejecutivo  y mejorando su papel de contralor público y el nuevo fiscal deberá  demostrar que no tiene afinidad política como muchos han querido mostrarlo.

En el 2019 hay elecciones presidenciales y El Salvador ya no debe retroceder sino avanzar en la búsqueda de la paz social y la justicia verdadera que tanto anhela.