• Diario Digital | martes, 27 de octubre de 2020
  • Actualizado 17:53

El distanciamiento social nos libera

Gocemos del distanciamiento social. Abracemos su libertad dada en medio de una sociedad global entrelazada por millones de muestras de ignorancia
El distanciamiento social nos libera

Dentro de los aspectos de la naturaleza humana se puede mencionar la capacidad de socialización. La socialización es el proceso mediante el cual el ser humano aprende los elementos socioculturales de su medio ambiente y los integra a la estructura de su personalidad bajo la influencia de experiencias y sucesos. El proceso comienza desde la interacción con la familia y después en el colegio  y de ahí es progresivo en diversas formas de nexos  que se van presentando durante nuestra vida.

El ser humano inicia su camino por una sociedad que le dará, en teoría, los elementos para incrementar su humanidad y crecer como agente de cambio, la pregunta que debemos hacernos al llegar a este punto del cuento es ¿Qué pasa si vivimos en una societatem stercore?

Sin caer en citas de la realidad social de autores como  Nietzsche,  Schopenhauer y otros sobre su visión hacia las masas y su crítica despiadada al entorno, podemos decir que cohabitamos en una sociedad basura en el aspecto de lo humano.

La actualidad que nos refleja la gran pantalla de las redes sociales nos demuestra un proceso de retorno a lo básico y emocionalmente primario. Una especie de involución masiva de personas con una interpretación de la realidad humana basada en sus propias fantasías creadas por la manipulación constante de las noticias falsas y por una cultura de masas basada en el total menosprecio del factor intelectual crítico.

Queda claro con la proliferación de antivacunas y terraplanistas en el nivel más fantasioso y, por otro lado, en la demagogia populista política que se ha vuelto moda en los últimos años al nivel más dañino en el aspecto social, humano, cultural y evolutivo. La globalización falló en ayudar a formar sociedades más humanas basadas en el conocimiento y su puesta en práctica en lo real. Esto quedó aprovechado  en algunos selectos segmentos de personas pensantes y críticas las cuales no tienen interés en contagiarse por la ignorancia política ideológica actual y tampoco por la tolerancia a la ignorancia.

La ignorancia,  como elemento que debe ser aceptado como una forma de libertad de pensamiento y de actuar, es lo que lleva a que puedan verse conductas como las que se expresan en redes sociales como TikTok por citar una plataforma donde lo más básico tiene presencia y es tendencia para millones de seguidores. La regla es: A más estúpido, mejor. De ahí nace toda una cantidad de influencias irracionales para alimentar a unas generaciones totalmente idiotizadas ya no por la televisión, sino por otros idiotas que pueden hacer un video viral sobre cómo se caen de una silla, le tiran un sopa a otra persona, recogen caca con las manos y niñitas que bailan reguetón misógino para ser vistas por depravados y pedófilos.

Y como toda conducta aprendida tiende a pasar a la realidad, pues debemos tener que soportar a este tipo de personas en los diversos lugares donde se dan las interacciones sociales. Los centros comerciales, bares, restaurantes, supermercados, estadios, iglesias, playas, escuelas, universidades, cines, plazas, etcétera se convierten en el hipódromo donde circulan este tipo de humanos amorfos y plagados del virus del atraso. Aquellos que piensan que poseer más los hace superiores sobre los que no tienen y que hacen de la retórica más pobre su argumento de supremacía. 

Podremos ofender a algunos recatados y chupamedias con nuestra marcha asocial pero el derecho de vivir fuera del contacto con personas de este tipo, que con una soberbia dada por sus dioses de la ignorancia quieren imponernos sus conductas decadentes de odio y analfabetismo cultural.  En medio de todo este desplome de nuestra sociedad hacia la oscuridad de la ignorancia, surge la peste, la pandemia, el apocalipsis de la COVID-19 y  sus reglas para evitar el contagio, entre ellas el distanciamiento social.

Es ahí que evitar a otros nos libera. Nos libera de tener que soportar a gente que no aporta absolutamente nada a nuestro crecimiento intelectual.  Ese distanciamiento es la excusa perfecta para aprovechar la soledad para reflexionar y buscar conocimientos nuevos para nuestro propio beneficio humano y espiritual.

La claridad de las convicciones propias nos hace crecer como individuos de cambio interno lo cual buscaría fortalecer nuestra humanidad y evitar convertirnos en un número estadístico de una encuesta o segmento de estudio de mercado. Eso sí, la libertad nunca será completa pues somos seres sociales por naturaleza y obligación sistémica, no obstante nuestra naturaleza debe ser dirigida por el razonamiento donde no hay cabida a la lástima o tolerancia por la masificación y sus hijos. No debemos dar ese abrazo solidario a gente que realmente lo que busca es la destrucción, consiente o no, de lo que la humanidad ha construido a base de la evolución de las ideas.   

Ahora, más que nunca, las metas  del humanismo, la razón y las ciencias deben mirar al objetivo  del progreso de aquellos que quieren seguir el lado de la ética y crecimiento humanista y  es necesario  una defensa incondicional frente al oscurantismo ideológico y lo que representa: El odio, la deshumanización, la irracionalidad, las emociones básicas y la ignorancia como fuente de conocimiento.

Gocemos del distanciamiento social. Abracemos su libertad dada en medio de una sociedad global entrelazada por millones de muestras de ignorancia.  Tengamos claro que no nos aporta nada de crecimiento, en ningún aspecto de la construcción humana, ser solidario y tolerante con los vástagos de la involución.