• Diario Digital | jueves, 30 de junio de 2022
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Internacionales - afines y detractores

Ironía y esperanza en calles de Bogotá tras Nobel de Paz a Santos

Los colombianos están divididos en sus opiniones sobre el anuncio que Santos recibirá el prestigioso reconocimiento mundial.

juan manuel santos
Ironía y esperanza en calles de Bogotá tras Nobel de Paz a Santos

Rodolfo Oviedo rió irónicamente este viernes cuando se le preguntó si creía merecido el Nobel de Paz otorgado al presidente Juan Manuel Santos: el galardón fue recibido sin mucho júbilo en una Colombia polarizada tras el rechazo a lo pactado con la guerrilla FARC.

"Santos no se lo merece porque empezó mal (...), la paz se hace desde el campo, con los desplazados", dice a AFP este robusto campesino de 40 años, que debió mudarse a Bogotá por la violencia de las FARC, con las que el gobierno selló el acuerdo que no fue aprobado en un plebiscito el domingo.

En 2004, Oviedo fue obligado por miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC, marxistas) a abandonar su tierra en Planadas, el mismo municipio del centro de Colombia donde en 1964 esta guerrilla se levantó en armas contra el Estado tras una sublevación campesina.

"Me desplazaron porque no quise ser cómplice de ellos", agrega con indignación y tartamudeo Oviedo, que camina con muletas por una discapacidad en su pierna derecha.

Desde hace un mes y cinco días, vive y duerme en la céntrica Plaza de Bolívar, a pasos de la presidencial Casa de Nariño, con la esperanza de que las autoridades escuchen sus reclamos como uno de los 6.9 millones que fueron forzados a abandonar su tierra por la conflagración interna de más de medio siglo.

Cubre sus pocas pertenencias de los curiosos y de la lluvia con un grueso plástico transparente. Afirma que soporta frío, sed, hambre y necesidades, pero lo que más le duele es ser "ignorado". 

"Le mando a decir al presidente Santos que el Señor me le bendiga y me le guarde, porque él es un ser humano y él tiene hijos y que Dios no quiera le vaya a pasar lo mismo que a nosotros, que fuimos despojados de nuestros bienes", afirma entre lágrimas.

- "Un éxito" para Santos-

Como Oviedo, muchos colombianos sentían este viernes que Santos, que negoció durante casi cuatro años en Cuba un acuerdo con las FARC, no es digno de Nobel de la Paz, por primera vez adjudicado a un colombiano.

"No estoy de acuerdo (con el Nobel para Santos) por el tema de la guerrilla: matan a familias y antes toca arrodillárseles", señala José Alberto Soriano, un vendedor ambulante de 18 años, cuyo abuelo fue asesinado por las FARC hace 25 años en el convulsionado departamento de Meta.

No obstante, Soriano reconoce que el galardón es "un éxito" para el jefe de Estado.

Otros, como Joanna Aldana, señalan que muchos otros antes que Santos han luchado por el fin de la guerra en Colombia. "Deberían haberle dado el premio a muchas personas que contribuyeron con un grano de arena para la paz", apunta esta trabajadora independiente de 35 años.

Las reacciones evidencian la polarización en Colombia, luego de que el "No" al acuerdo ganara el plebiscito por apenas 53.800 votos, sembrando dudas sobre el fin del conflicto.

- "No estamos solos" -

"El presidente Santos se merece haber ganado el Nobel y también todos los colombianos por la lucha que hemos dado para poder alcanzar la paz. Lo mejor que nos ha podido suceder a los colombianos es este premio", dice por su parte Álvaro Castañeda, un fotógrafo de 62 años que retrata turistas en la icónica Plaza de Bolívar.

A pocos metros de Oviedo, el desplazado, Nicolás Giraldo cree que el Nobel es un "apoyo" internacional que puede abrirle "buen camino" a la paz.

"Mucha gente está con la incertidumbre de que este proceso solo lo debíamos asumir los colombianos, pero no, (el premio) es un respaldo internacional de que no estamos solos", subraya este administrador de empresas de 29 años. 

Todos coinciden, sin embargo, en su deseo de vivir en una Colombia sin violencia. 

"De verdad, yo quiero la paz, pero presidente Santos, haga la paz desde abajo, haga la paz comenzando desde nosotros", dice Oviedo, mientras recibe una pequeña taza de café con que una vendedora de bebidas busca consolarlo.

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