• Diario Digital | sábado, 18 de mayo de 2024
  • Actualizado 13:05

Política - Análisis

Hace dos años China y El Salvador sembraron juntos un árbol que ya rinde frutos

La decisión histórica de El Salvador de entablar relaciones diplomáticas con China nos integró al concierto de naciones que optaron por ponerse del lado correcto de la historia.
china4
La Ciudad Prohibida, frente a la plaza Tiananmen. Foto de El Salvador Times.
Hace dos años China y El Salvador sembraron juntos un árbol que ya rinde frutos

En El Salvador, hasta hace apenas dos años hablar de relaciones diplomáticas con la República Popular de China era un tabú políticamente incorrecto y que generaba malas miradas de la política criolla. Y no es que El Salvador fuera malo o tonto, o que China fuera peligrosa para nosotros. Era más bien que esos prejuicios se desprendían de una vieja forma de hacer amistades: la tristemente célebre “diplomacia del dólar”.

Y mientras el mundo seguía la tendencia de acercarse al gigante asiático, El Salvador seguía empecinado en ignorarlo para mantener el nexo con una isla que —para las Naciones Unidas, desde hace más de 40 años— era parte inalienable del territorio chino: Taiwán.

Corría el año 2018 y previo a los tradicionales aguaceros del mes de agosto se comenzó a gestar en El Salvador y en el país asiático un movimiento de ajedrez político de gran trascendencia: igual que había sucedido con otros países centroamericanos, El Salvador abriría relaciones con China y rompería los nexos diplomáticos con Taiwán, algo impensable hace unas décadas, pero que el devenir de la historia fue moldeando sin prisas y sin demoras.

Los periodistas fuimos los primeros sorprendidos con el anuncio. Después de ver la asepsia con que los políticos habían tratado tradicionalmente el tema China-El Salvador, y al darnos cuenta de que por fin esa cortina de hierro estaba cayendo, no tuvimos otra alternativa que sorprendernos. Primero parecía un rumor, luego llegó el anuncio oficial. Después de ello, las críticas de algunos sectores, los miedos de otros, las dudas de unos y las discrepancias de otros. Políticos y empresarios; y de vez en cuando hasta de la gente de a pie que comenzaba a informarse (y a enfermarse) por las redes sociales. Medio El Salvador comenzó a hablar de China.

Los chinos fueron inteligentes y para mostrar de mejor manera su país a la población salvadoreña invitaron al primer contingente de periodistas a un viaje a China, de muchos medios de comunicación y de diversas líneas editoriales.

Era la primera vez. Fuimos los pioneros no solo en viajar a ese país, sino en darnos cuenta —como periodistas— de que China no era como la pintaba la vieja política de derecha salvadoreña, la misma cuyos poderes detrás del trono ya hacían negocios en China, pero no querían contarlo a nadie.

De esas pinceladas que los periodistas transmitimos en el histórico viaje han pasado ya dos años. Ahora China ya no es un enemigo geopolítico; ahora, la diplomacia del dólar se está borrando de la mente salvadoreña como se borran los malos recuerdos.

En realidad, al analizar con frialdad el asunto nunca se debió hacer tantos aspavientos sobre la apertura de las relaciones chino-salvadoreñas, porque no era inteligente alabarlas o criticarlas sin conocer el tema en profundidad; porque en cuestiones políticas los prejuicios son siempre peligrosos y retrasan el desarrollo de los pueblos.

Y lo primero que El Salvador tuvo que aprender, después de haber firmado las relaciones diplomáticas con China fue el concepto de amistad en la manera que lo entiende la contraparte. Porque estábamos acostumbrados a que amistad era que le dieran dinero al gobernante de turno a cambio de algún pingüe apoyo en foros internacionales.

—Para nosotros los chinos, la amistad es parte de un beneficio mutuo. No vemos la amistad como una dependencia o como un mero interés financiero o de cooperación —me dijo cierta vez, en una plática de sobremesa, uno de los primeros funcionarios chinos que vinieron al país.

Un año después, ya en plena celebración del primer aniversario de la apertura de relaciones, la embajadora de China en nuestro país, Ou Jianhong, analizaba en un discurso lo que había sucedido en apenas 12 meses de nexos diplomáticos: “En el último año, hemos pasado desde el conocimiento preliminar hasta el entendimiento mutuo, y las cooperaciones e intercambios en diversos campos se han llevado a cabo de manera integral.

“Las importantes empresas, instituciones financieras y delegaciones de gobiernos locales de China han venido una tras otra, mientras que en todos los sectores y municipios salvadoreños se ha mostrado su gran entusiasmo por esta cooperación”, dijo la diplomática.

El Salvador estaba comprendiendo cómo la nueva China, la nueva República fundada hacía apenas 70 años después de una tórrida historia política de siglos, se había abierto al mundo.

“Después de 70 años de arduo trabajo, China no sólo se ha cambiado profundamente a sí misma, también ha abierto la puerta hacia el mundo.

Especialmente desde la aplicación de la Reforma y la Apertura en 1978, la economía china ha crecido a una tasa anual promedio de 9.5%, creando un milagro del desarrollo humano. La contribución de China al crecimiento económico mundial se ha mantenido por muchos años en más del 30% anualmente, convirtiendo a China en el motor más importante para el desarrollo global, promoviendo efectivamente el progreso general de la humanidad”, agregó en ese discurso la embajadora.

Los aportes

Cuando los periodistas estuvimos en China las principales preguntas a los funcionarios se enmarcaban en aspectos como cooperación, intercambio comercial y cuestiones políticas.

Una a una las preguntas fueron contestadas y se sentía una buena vibra en que las cosas iban a caminar de manera efectiva.

Y así ha sido hasta la fecha. En varios ámbitos, desde el apoyo de empresarios haciendo negocios mutuamente hasta el acercamiento cultural con una civilización que nos supera en por lo menos 5 mil años de antigüedad.

Las cifras de esta cooperación, si bien pueden resultar cansinas, se vuelven indispensables para entender el contexto: de 2018 a junio de 2020 El Salvador exportó 148 millones de dólares, sobre todo en azúcar. Otros productos han sido el papel para reciclar, desechos de aluminio, madera en bruto y chatarra. El café es otro de los exportables que puede tener un futuro certero en China.

Por su parte, El Salvador ha importado de China —en esas mismas fechas— más de 2,268 millones de dólares. Una balanza comercial cuya naturaleza dispar ofrece al país, con las relaciones diplomáticas abiertas, una mejor ventana para colocar nuestros productos y servicios en el continente asiático.

El valor de la amistad

Mas no todo es comercio. Las relaciones bilaterales con el actual gobierno del presidente Nayib Bukele también mantienen una buena salud.

Qin Gang, vicecanciller de China, ya lo decía muy claro en una entrevista con El Diario de Hoy sobre las impresiones que el mandatario Bukele tenía previo a la visita oficial que hizo a finales de 2019.

“Debido a los factores que todo el mundo sabe, había muchos recelos y especulaciones desde el establecimiento de relaciones diplomáticas entre China y El Salvador... cuando el presidente Bukele resultó electo no hubo mucha claridad de su política hacia China... pero finalmente se despejaron todas las dudas. Ambas partes hemos valorado como positivas las relaciones bilaterales”, dijo el funcionario.

El presidente Bukele —añadió— expresó admiración hacia la cultura china y el desarrollo de nuestro país. “El presidente subrayó que China es una potencia mundial con una cultura milenaria que ha logrado enormes éxitos de desarrollo, los cuales sirven como referencia y ejemplo para el pueblo salvadoreño”, apuntó el vicecanciller.

Para el 3 de diciembre de 2019, la reunión entre el presidente Nayib Bukele y su homólogo chino Xi Jinping generó grandes expectativas. “China está lista para trabajar con El Salvador para fortalecer la confianza mutua, expandir los intercambios y cooperación sobre la base del respeto mutuo y no interferencia en los asuntos internos del otro, con el fin de promover más las relaciones bilaterales hacia un nuevo nivel”, dijo Xi en esa ocasión, de acuerdo a una publicación de la Agencia de Noticias Xinhua.

En esa frase se encerraba tanto de la postura china que vale la pena desglosarla: para los chinos el concepto de amistad (quizás a diferencia de algunas culturas latinas) se basa en el respeto mutuo, de ambas partes, no solo de una; y en la no interferencia en los asuntos internos del otro. En pocas palabras, no meterse a donde no se debe meter.

La Agencia de Xinhua destacó en sus reportajes lo que el mandatario salvadoreño dijo en la nación asiática: “Las personas de El Salvador prestan atención estrecha y tienen grandes esperanzas en su visita a China. Al llamar a China una gran nación que juega un papel importante en la esfera internacional, Bukele dijo que admira la historia y cultura espléndidas de China y sus logros destacados.

“Aunque los dos países forjaron relaciones diplomáticas hace solo un año, disfrutan de un potencial enorme y pueden definitivamente ser buenos amigos entre sí”, dijo Bukele en esa oportunidad. “Cree que desarrollar relaciones con China puede generar a El Salvador más oportunidades y beneficios para su pueblo. Al expresar su esperanza de aprender de la experiencia de gobernación de Xi, Bukele indicó que está comprometido a desarrollar una amistad de largo plazo con China y a desarrollar relaciones con China en paralelo con otras relaciones bilaterales importantes”, recogió en ese entonces la agencia de noticias.

Dos años de cercanía

Un año después de ese primer aniversario las relaciones siguen fuertes, Incluso, en plena pandemia del coronavirus China ha sido un fuerte aliado de El Salvador para el combate del virus.

“El gobierno chino está coordinando estrechamente con la parte salvadoreña para ofrecerle el apoyo y asistencia técnica dentro de su alcance. Hace unos días el gobierno chino entregó una donación humanitaria urgente de $250,000 en efectivo al gobierno salvadoreño por canal de Protección Civil.

“Se ha organizado videoconferencias donde los expertos médicos chinos comparten experiencias de diagnóstico, tratamiento, prevención y control con sus homólogos salvadoreños.

“La parte china ha ofrecido insumos médicos como las mascarillas al gobierno central y los regionales de El Salvador.

“Todo esto manifiesta plenamente la solidaridad y la unidad de ambos países en este momento crítico. Además, a petición del gobierno salvadoreño esta misión diplomática está coordinando con el gobierno chino los locales y las empresas chinas para donar insumos médicos, los cuales tendrán su pronta llegada a El Salvador. Estoy convencida de que, a través de un esfuerzo conjunto entre China, El Salvador y todos los países del mundo, venceremos esta pandemia”, dijo la embajadora en una entrevista con La Prensa Gráfica a finales de marzo de 2020.

El lenguaje de las almas

Para los chinos, el arte está ligado de manera inequívoca a su forma de vida y a la cotidianeidad.

La apertura de relaciones diplomáticas también ha traído el arte oriental dentro de nuestras fronteras.

En 2019 vinieron varios grupos de danza, se presentaron películas chinas en salas de cine salvadoreñas y ha comenzado ya a gestarse un intercambio cultural importante.

En septiembre se presentó en el Teatro Presidente el grupo artístico chino "Shenzhen" con un espectáculo internacional: "Canción de la nueva era".

También hubo conciertos musicales “con músicos de primer nivel de la Orquesta Nacional del Teatro de Música de Tianjin, con la música tradicional de China”, según informó el periódico Verdad Digital.

En los conciertos se conjugaron instrumentos musicales folclóricos con los que se interpretaron “Celebración de la buena cosecha con gongs y tambores”, un sólo de trompeta de Suona en “Cien pájaros hacia el fénix”, un trío de laúd, cítara y flauta para “Noche de luna y flor del río primaveral”, y un sólo de Jing Hu en la obra “Noche profunda”.

Verdad Digital refirió que también hubo música cantonesa: “Lago tranquilo y luna otoñal”, música de Er-Rent Tai (“Cinco badajos”) y un conjunto de música pulsada que interpretó “El Río Liuyang” y el solo de flauta “Viaje a Gusu”, entre otras.

En cine se tuvieron las películas “Hermandad de Espadas”, una historia ambientada en los últimos años de la dinastía Ming; la comedia “Kung Fu Yoga” y el filme “Equipo Femenino de Fútbol ‘Ciclón’”.

También se proyectaron “El último lobo”, “Historia de Amor en Beijing” y “La tierra errante”.

Otro de los aspectos fundamentales dentro de los intercambios culturales ha sido la enseñaza del idioma chino. Tanto para becarios como para salvadoreños que tomen sus cursos en nuestro país.

También hay becas para estudiar licenciaturas en diversas ramas y las convocatorias han sido muy bien aceptadas por los estudiantes salvadoreños.

Estas becas incluyen pago de boletos, estadía, matrícula y colegiaturas, un seguro médico durante la estadía y dinero para manutención.

Las becas son a tiempo completo, presencial y con permanencia en China. Los pregrados duran cinco años, las maestrías y doctorados tres años. En el caso de los salvadoreños que apliquen a becas de pregrado es obligación estudiar el mandarín en el primer año; para las maestrías y doctorados dependerá de la especialidad que seleccione, según publicó La Prensa Gráfica.

“El intercambio cultural constituye el diálogo entre las almas, la comunicación de sentimientos y la liga de la amistad”, reza un párrafo de un artículo compartido por parte de la embajada de China; eso resume la relevancia que se le da al rubro dentro de las relaciones bilaterales.

Hoy en día, cerca de 10 mil jóvenes latinoamericanos estudian en China y cada año 15 científicos de la región trabajan temporalmente en centros de investigación chinos. Los proyectos de laboratorio conjunto, granja demostrativa y centro de prensa, entre otros, han prosperado mucho, añade el artículo que enfatizaba los ejes y alcances del primer aniversario de relaciones bilaterales.

Ahora son ya dos años. Dos años con una pandemia mundial en medio. Y las relaciones con China siguen fortaleciéndose.

Dos años han pasado desde aquel torrencial agosto en que se firmó el acuerdo de entendimiento. Dos años desde que El Salvador dejó atrás los viejos tabúes y se volvió parte del concierto de naciones que optaron por la tendencia histórica correcta.

¿Qué falta por hacer? Seguramente muchas cosas, porque las relaciones duraderas tienen un factor común: se van construyendo día a día, paso a paso.

“China aboga porque los países, sean grandes o pequeños, fuertes o débiles, ricos o pobres, son todos miembros iguales de la comunidad internacional; respeta el derecho de los países latinoamericanos a escoger con soberanía la senda de desarrollo y se dispone a reforzar con éstos el intercambio de experiencia en la gobernanza, profundizar la confianza mutua estratégica y proseguir la comprensión y el apoyo recíproco en los temas de intereses vitales y de alta preocupación vinculados a la soberanía estatal, integridad territorial y el desarrollo sostenido, entre otros.

“Recíprocamente, China también quiere que otros países respeten su soberanía e intereses fundamentales, como el Principio de Una Sola China que se puede resumir en una frase: Taiwan es una parte inalienable del territorio de la República Popular China”, reza otro de los documentos oficiales hechos públicos por la Embajada.

Más allá del lenguaje oficial y de los estamentos formales que se plasman en los documentos, los chinos son muy dados a explicar lo que sienten con ejemplos cotidianos.

Hace un año, por ejemplo, la embajadora Ou Jianhong, dijo unas palabras que vale la pena recordar y actualizar:

— Un niño de un año todavía es tan pequeño que le cuesta aprender a andar. Espero que las dos partes se tomen las manos apretadas y cuiden esmeradamente las semillas de la amistad y la esperanza. Aprovechemos día y noche para promover las relaciones binacionales, como nuestro hijo común, que caminen con mucha estabilidad hacia más lejos en el camino del desarrollo y la prosperidad.

A miles de kilómetros de donde la embajadora decía esas emotivas palabras, el presidente chino Xi Jinping había ya deslumbrado con su meridiana claridad sobre lo que el pueblo chino representa para el mundo: “La economía china es un mar, no un estanque... Una tormenta puede desbaratar un estanque, pero nunca a un mar”.

Jinping agregó:  Una China que apuesta resueltamente por niveles cada vez más altos de apertura no solamente está creando espacios amplios para su propio desarrollo, sino también promoviendo en la práctica una globalización económica más justa, más inclusiva y de beneficios reales más generalizados para todos los pueblos del mundo.

Esa es China. Así es China. Por ser así es un gigante mundial que hoy cumple dos años de ser amigo de los salvadoreños.

Comentarios